Confesión De Los Comediantes Amantes

Un día te dije que te esperaba, pero no era así, al final me espero.

Me espero en el silencio, en el tejado de tu casa, ese que está pintado de un color ladrillo que me encanta.

En realidad, me esperaba esperándote. Tu olor, ese lugar del mundo que es solo mío. Mismo lugar que te daría risa si te lo digo.

Y camino en calma, como quién después de tanto solo sigue su camino. Sé muy bien que quieres caminar, que te gusta escuchar a los Rolling Stones aunque yo sea más The Beatles, lo sé.

A pesar de las diferencias, es mucho más lo que nos une, por ejemplo, el helado. No responderé qué sabor, que luego piensas que te escribo a ti, pero prefiero no escribirte a ti, aunque en el fondo sabes que es contigo, sabes que es para ti. Las conversaciones contigo son mi mundo, son el tuyo, tomas todo lo que está en mí, dentro, mi alegría, mi dolor, mi angustia, mi esperanza.

No te rechaces, no me lo hagas a mí. Dile al mundo, grítale que te cansaste y vuelve por mí.

Vuelve como quien parte sin respuesta, vuelve con el rocío de la mañana y el olor de las jacarandas en la primavera.

Vuelva y llora como quien rió tiempo atrás. Te haré sonreír mejor.

Encontrémonos en un lugar diferente, a la hora más inexacta, pero siempre congruente.

Condúceme en tus curvaturas, que en mi pecho anclas tu casa de montaña, que te arda lo que llevas dentro, mientras te propones descaradamente no iluminar el lado más oscuro de mi corazón sino encenderlo eternamente, porque esa eternidad es también un instante, porque nuestras vidas nunca han sido del todo suficientes.

Escrito por Andrea Morales Jiménez

(Barranquilla, 1.988) Comunicadora Social y Periodista afincada en Granada, España con experiencia en periodismo cultural enfocado a cine, televisión y teatro. Trabaja contenidos para marketing y publicidad como a su vez para el sector tecnológico en páginas web y aplicaciones móviles.
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