El día de ayer en el Twitter se hicieron públicas varias denuncias en contra del escritor Herson Barona por haber golpeado, violentado y gaslighteado a varias de sus ex parejas y otras mujeres. Leí el caso, seguí los hilos que se fueron desprendiendo no de una sola conversación, si no de más mujeres que, poco a poco, se aunaron a la denuncia que terminó siendo colectiva.

Amigos y seguidores del poeta,  llamaron “escrache” a las denuncias para decir que la palabra de aquellas mujeres contra su abusador no tenía valor; o bien, que sólo buscaban reflectores por medio de la victimización.

Muchas personas hablan que escrachar a una persona por las redes vulnera su “honorabilidad”, curiosamente siempre se ha hablado de la honorabilidad masculina porque a las mujeres, a lo largo de cientos de años, se le ha aplicado el escrache sea cierto o no de lo que se le acusa. Y ellas no pueden hablar para defenderse

pero eso ya se ha terminado.

Me preguntaba porqué tenemos que seguir aguantando las violencias ejercidas por los hombres que están en posiciones de poder. Se ganan un premio, los publican, editan, son catedráticos o funcionarios y creen que ese poder les da derecho por encima de nosotras.

No aceptan un no. No se hacen responsables de sus actos porque para ello estamos nosotras, las que ellos creen sus esclavas, sus grupies, sus sirvientas. Durante años todas aprendimos a callar las violencias para no afectar nuestras carreras, nuestros estudios, el trabajo.

Ahora lo vamos a derrumbar. Se va a caer.

El hashtag #MeTooEscritoresMexicanos fue la primera piedra que se aventó a un mar de mierda. Los primeros nombres se dieron a conocer: Herson Barona, Daniel Miranda Terrés, Gerardo Grande, Rodrigo Castillo y Román Sansores fueron los casos de los que yo tuve conocimiento. Con al menos tres de ellos sufrí violencias que normalicé y callé por miedo al escarnio. Pero ahora no, ya no. No se puede permitir que personas así sigan ejerciendo violencia contra más mujeres. Esto se tiene que parar.

Con tristeza el hashtag reveló un montón de nombres de personas que habían sido cercanas y que, incluso, me habían tendido la mano cuando lo necesité; sin embargo, no puedo hacer oídos sordos cuando cinco chicas hablan acerca de las violencias ejercidas por la misma persona, su modus operandi, el acoso, el gaslight.

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A través de #MeTooEscritoresMexicanos se ha emprendido una revolución. Tal vez sea sólo por redes sociales pero es un inicio. Muchas escritoras a lo largo y ancho del país están alzando la voz. Hablar, en vez de callar, salva a muchas de sufrir las mismas violencias.

Podemos quedarnos calladas con nuestro dolor, sentirnos fatal al ver que otra más ha sido víctima de un abusador, nuestro abusador. Podemos sentir que hemos fallado por no hablar, por callar y seguir perpetuando la violencia que sufrimos, en otras. Es una elección, pero hay que tomarla con conciencia,

o podemos dejar de tener miedo, de dudar, de sentirnos culpables y creer que lo que sucedió fue por que nosotras lo buscamos.

No estamos solas. Si algo me enseñó hace casi dos años el haber sufrido una tentativa de feminicidio es que una no está sola. Hay muchas mujeres que están para dar su mano, su voz, su fortaleza.

A partir de esta piedra lanzada, se ha creado también la cuenta @MeTooEscritores  que coordinan varias escritoras mexicanas, y la cual busca hacer públicas las denuncias de violencias. Si una no se siente preparada para decirlo públicamente, esta cuenta sirve como un espacio para hacerlo. Se puede enviar un DM, se puede decidir si se hace público o no, o si se necesita orientación para hacer una denuncia penal.

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La cantidad de denuncias es enorme. Nombres como José Luis Rico, Alvaro Enrigue, José Quezada, Ramiro Padilla han salido a la luz. No es sólo una problemática de una región es específico de México, es una virulencia que se vive día a día en cualquier rincón del país.

Pero también existen los solapadores, escritores vacas sagradas que se hacen de la vista gorda cuando sucede un evento en su casa, o poetas, editores que dicen “que no pensaban que era para tanto”, llámese intento de violación, abuso sexual, golpes o gritos.

Los solapadores no son menos que un abusador. De hecho, son otro tipo de abusador que sigue perpetuando la misma línea de violencia y, su silencio, sigue garantizando que la impunidad y ese tipo de acciones sigan perpetuándose en complicidad: Yo me callo con lo que tú haces para que tú te calles por lo que yo hago.

Hacemos este movimiento para exigir un trato digno, y respeto entre colegas del gremio, pero también para gritar: SE VA A CAER. No vamos a seguir perpetuando violencias por más tiempo. La época en que el escritor maldito, rocker, mujeriego y violento era el hype llegó a su fin.

Ya no habrá más víctimas. Hablarán las sobrevivientes y nosotras les creemos. Estamos con ellas. Siempre.

Aunado a este hashtag y cuenta, se han unido más escritoras mexicanas: Valeria Luiselli, Brenda Lozano, Cristina Rivera Garza, Lydia Cacho, entre otras. Esto no para en una red social. Nosotras somos la red, estamos unidas. Estamos contigo.

Pueden hacer sus denuncias en las anteriores cuentas señaladas y también en el correo yotecreomx@gmail.com hasta el martes 26 de marzo. Brenda Lozano señala que ahí pueden mandar su denuncia por:

1 Acoso sexual

2 Hostigamiento sexual con presión en ámbito laboral (ferias literarias, editoriales, mesas de debate)

3 Violencia en ámbito de pareja

4 Violencia sexual

5 Amenazas y bulling en el ámbito del arte, literario y periodístico.

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Escrito por Esther M. García

Esther M. García (Cd. Juárez, Chihuahua, México, 1987) Radicada en Saltillo, Coahuila. Licenciada en Letras Españolas. Ha publicado cinco libros de poesía, uno de cuentos y una novela juvenil. Ganadora del Premio Nacional de Cuento Criaturas de la Noche 2008, Premio Estatal de cuento Zócalo 2012, Premio Municipal de la Juventud 2012, Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2014, Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada 2017, Premio Estatal Chihuahua Cambiemos el cuento 2018, y Premio Nacional de Literatura Joven FENAL-NORMA 2018. Fue finalista del V Premio Internacional de Literatura Aura Estrada. Ha sido becaria del PECDA Coahuila y del FONCA JC. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, italiano y portugués.