El tema más emblemático en la literatura panameña en los últimos cien años ha sido la lucha por la soberanía, la recuperación del Canal, sus mártires y todo lo relacionado con las continuas reivindicaciones del pueblo panameño ante los Estados Unidos. Pero en este siglo, y al estar viviendo en el periodo post-invasión, un periodo dominado por poderes que están empecinados a que olvidemos, ¿qué hacemos? Si incluso nos han querido remover cátedras históricas del currículo escolar.

La tarea a largo plazo no deja de ser seguir insistiendo por la importancia de conocer nuestra historia para no repetir errores, pero dentro de este amplio proceso también hay granitos de arena que contribuyen con este propósito, muchas veces contados desde el arte, como lo es la obra que les hablaré a continuación.

«Cristo Quijote Tratado», escrita y dirigida por el cuatro veces ganador del Premio Ricardo Miró, Javier Stanziola, fue presentada por primera vez en el 2017 y ha tenido un éxito absoluto de tres temporadas hasta la fecha. Actualmente cuenta con las actuaciones de Alejandra Araúz (como el General Omar Torrijos), Simón Tejeira (como el Presidente Jimmy Carter) y Monalisa Arias (que juega el papel de todos los asesores). Además, se encuentra codirigida por Fernando Beseler.

Antes de hablarles sobre lo que concierne, cabe mencionar algo obvio, y es que la historia del mundo está escrita por hombres y son ellos mayormente sus protagonistas, y resulta sumamente maravilloso que sean dos actrices las que tomen roles fundamentales en la puesta en escena de esta obra, lo cual, tal vez sin intención, es una forma de transmitir la necesidad que las mujeres también nos veamos como protagonistas de nuestra historia, y no solo las que unen hilos detrás de los camaradas.

Entrando en el tema que nos interesa, por un lado, Monalisa Arias, se luce cambiando de papel en papel, asumiendo diferentes roles, manías y posturas de cada uno de los manzanillos de Torrijos que le toca personificar, así como de otros personajes secundarios que aparecen a lo largo de la obra. Su rol camaleónico hace creíble el montaje, así como le da su relevancia a la historia, ya que si bien, es el General quien se ve en los titulares de las noticias y quien la historia ha capultado, quienes conocemos un poco a fondo su vida sabemos que Torrijos no hubiese sido Torrijos sin las personas que le rodeaban.

Por otra parte, está Alejandra Araúz, a quien de por sí considero una de las mejores actrices de su generación, con su interpretación del General Omar Torrijos se ha consolidado indiscutiblemente con su carrera en el teatro. La forma en que Alejandra muestra a Torrijos es una mezcla entre el personaje campechano y militarizado que muchos pueden aún recordar, con su característica habilidad de mandar todo al carajo y un aire de rockstar que el mismo Carter le quiso impregnar desde el principio de la obra gracias a sus alucinaciones.

La primera vez que Torrijos habla durante la obra lo hace con voz firme y gruesa, deslizante y capaz de hacer que todos los demás callasen. La forma en que Alejandra imita esos pequeños gestos de Torrijos, desde el caminadito hasta sus gesticulaciones, logra que lo entendamos también desde sus pasiones que lo eran la soberanía del canal, la cura del hambre y la ironía.

Y, por último, pero no menos importante, Simón Tejeira. Debo mencionar que su papel me sorprendió, aunque en el fondo me duele admitir que humaniza sobrecogedoramente a Carter. Como antimperialista declarada que soy me molesta reconocer que hasta seres como Jimmy Carter (como cualquier otro Presidente) tiene sentimientos.

El autor de la obra hace un magnífico trabajo al posicionar el guion desde los delirios de un Carter ya anciano y con un tumor en el cerebro. De cierta forma esta condición de vulnerabilidad de Carter nos trae su lado más empático y el que muchas veces, los que luchamos de otro lado de la trinchera, y que somos tercos hasta la médula, nos negamos a ver. El darle a Carter la posibilidad del delirio también nos hace más ver lo que un Carter quisiera recordar sobre lo que pasó, pensó y sintió durante el transcurso de las negociaciones Nunca sabremos si Carter en la vida real es un hombre con un civismo y sentido de justicia impecable como lo dice ser, pero lo que sí podemos asegurar es este toque en la obra le permite compenetrarse creíblemente con el público.

Tal vez después de ver la obra y tras un poco de literatura heroica que hace engrandecer a Omar Torrijos se pueda tener una idea un tanto romantizada de lo que fue realmente el General, pero lo cierto es que en le guion también se pueden ver los defectos del proceso revolucionario en Panamá. Un proceso que de por sí está marcado por muchas fallas y prácticas antidemocráticas y populistas. Pero a la vez que termino de escribir esas palabras pienso que la historia no se juzga desde los logros que hemos alcanzado hoy, sino desde el contexto histórico, geográfico y cultural de cuando las decisiones fueron tomadas. ¿Y si hubo equivocaciones? Claro que las va a haber. Sería absurdo pensar que los procesos son lineales y no habrá fallas. Muchas veces hay ensayo y error, buenas intenciones que terminan siendo grandes errores y metidas de pata que resultan vergüenzas, pero lo importante no es cegarnos y pensar más allá de lo que quieren que olvidemos y lo que quieren que pensemos.

El teatro existe no sólo para presentarnos en carne propia extractos en papel, también nos sirve para cuestionarnos y crear debate sobre el pasado. Y siendo objetiva, tal vez el debate fundamental que pone sobre la mesa «Cristo Quijote Tratado» no gira sobre quién fue Torrijos, porque la historia ya está escrita y cada quien tendrá su punto de vista de ella. Pero en esta época, de la post-verdad y post-invasión, el verdadero debate es si hoy en día el «Torrijismo» cuestiona de la misma forma que Torrijos cuestionó. Tal vez estoy creando suposiciones, pero el Torrijismo en todo caso es también saber que el General se equivocó y que podemos ser mejor que él en todos los aspectos.

Finalmente, si viven en Panamá les comento que esta obra tendrá sus últimas funciones durante los próximos días. Si no la han visto, no deberían perdérsela, estoy segura que se convertirá prontamente en un clásico de nuestra literatura nacional, no solo por la importancia que hay alrededor de la firma de los Tratados Torrijos-Carter, también por la humanización de los personajes históricos que creemos conocer por lo que hicieron públicamente, pero que poco sabemos el cómo se debatieron para tomar decisiones.

Escrito por Corina Rueda Borrero

Corina Rueda Borrero (Panamá, 1991). Abogada, escritora y activista por los derechos humanos. Miembro de la Alianza Ciudadana Pro-Justicia, de El Kolectivo y de la colectiva Tener Ovarios, en ellas promueve la participación ciudadana, la democratización de los espacios culturales y la igualdad de género. Es también parte del Comité de Organización del Encuentro Intergeneracional Feminista y ha trabajado con grupos vulnerables como lo son mujeres privadas de libertad, jóvenes en riesgo social y trabajadoras sexuales. Su trabajo poético se encuentra en antologías nacionales e internacionales en Iberoamérica y Marruecos, adicionalmente la han traducido al árabe, francés e inglés. Ganadora del Premio Nacional de Poesía Gustavo Batista Cedeño con su libro "Ayer será otro día", finalista del Premio Internacional de Poesía Jovellanos a "El mejor poema del mundo" (España) y ganadora del Premio de Poesía Juvenil "Espejo de Papel" (Perú). Desde 2015 es columnista de la revista centroamericana (Casi) literal.