MB 72 B

Al beber del manantial
no tienes por qué ensuciarlo

Matiah Chinaski

Veo cómo de a poco
atrás quedan árboles
deshojados
como mi vigor
quebradizos
son los paraderos del letargo
otoñal que se asoma en canciones
que no apagan del todo el bramido
del motor cansado, de ruedas
pervirtiendo aún más
este suelo pervertido de cemento
alguna vez habrá sido intransitable
como todo lo genuinamente puro
para el hombre

–no sé qué entienden por evolución–

 

Qué estamos haciendo.

Qué hacemos, pregunto, sin más ánimo que el desasosiego,
que el de un infante al sorprenderse discutiendo ecuaciones
con la niña de ojos claros,
que el del primer perro de la jauría que pierde la esperanza.
Que estamos viviendo, claro, pero apenas dicen la frase
cada sílaba les desgarra los labios y la sangre los ahoga, escupen
y creen ver en ese líquido turbio la razón, toda respuesta.
Olvidamos que no las hay, que necesitamos preguntas
más modestas. La respuesta modesta no engaña;
¿A dónde vas? A comprar el pan.
¿De dónde vienes? De mi casa.
Bueno, no sé. Sé, eso sí
que estamos deshaciendo
al humano, lentamente, al poco que se esconde en los latidos
de un niño que juega a cansarse . Pero, ¿qué es el humano?
Un desgarro, un débil animal
formado a presión por el tiempo.
Hay quien habla de Auschwitz como quien habla
del fútbol, hay quien aprieta los dientes cuando ve morir un ave.
Somos digresión, caos. Somos nosotros el río, nadie nunca
podrá franquearlo.
No lo merecemos. Óigame: tráguese la protesta
por donde menos le cueste, antes que se la metan por ilusión
y crea por cansancio. Bese a los suyos, pero sea valiente
y ahí mismo hunda el cuchillo.
La política jamás favorecerá a alguien,
la economía no se sostiene más que a ella misma, la filosofía
un escupitajo. La poesía no existe.
Toda la mierda que usted presencia a diario y de la que forma parte
no es más que la justificación de un fin impostergable,
el constante anhelo de aquella postergación.
Óigame: se va a morir. Búsquese
un par de ojos dónde logre verse mejor que en cualquier espejo,
un par de labios que se entiendan  con los suyos. Si la empresa le fatiga,
busque la soledad. Váyase con el Tao, con Zarathustra, entiérrese
hasta las rodillas bajo el árbol más seco del cerro inhóspito.
Si irremediablemente lo persigue un iPhone y en cobarde traición
el cerro se ha dejado penetrar por la música de las redes,
pues muérase. No, claro que no.
Mejor, respóndame la pregunta inicial.
Viene a ser lo mismo.

 

Postal urbana

Cual tropa destinada al patíbulo
ensordece en terca plegaria politeísta
las bocinas revientan crédulas, bengalas
egoístas que iluminan
el sinsentido común
el rojo no es un buen amigo
cuando el espejo retrovisor es quien puede
albergar toda miseria
quizá un cigarrillo pueda empañarla
un labial la ridiculice tal vez
pero hay que destrozar el acelerador
y olvidar que estamos aquí
que da igual ir o venir
si la ambición permanece estática
ajena
en el núcleo de su jaula

–sin entender la morfología de sus límites–

 

*Estos poemas, bajo el título «Postal urbana», recibieron una mención en el II Concurso Literario Kimün del Cajón (2015).

Escrito por Eduardo Bustamante

Eduardo Bustamante Fernández (Chile, 1996). Escribe y dibuja. Estudia Licenciatura en Literatura con mención en Escritura de guiones. Ha publicado reseñas y artículos en un par de sitios web chilenos y ha resultado finalista u obtenido menciones en algunos concursos literarios, como el II Concurso Literario Kimün del Cajón (2015) o el XIII Concurso Literario Gonzalo Rojas (2016). Participó en el I Festival de Poesía Joven La Chascona (2017) y fue antologado en el libro "Mi canto no termina. 5 años del Concurso Juvenil de Poesía Pablo Neruda" (Fundación Neruda, 2018).