Entrevistamos a la poeta Arely Jiménez (México, Aguascalientes, 1992) acerca de sus procesos de creación poética y como estos se relacionan a su enfermedad. Esto fue lo que nos dijo:

¿Desde qué edad nació tu interés por la poesía? ¿Cómo llegaste a ella?
De niña escribía muchos poemas imitando las canciones que escuchaba en la radio, mi mamá es fanática de los boleros. A esa edad, yo les llamaba “pensamientos”. Conforme crecí, me acerqué más a la narrativa y llegó un punto en el que me consideraba cuentista a rajatabla y hablar de poesía, me producía incomodidad. Ya no me identificaba sensiblemente con esa forma literaria. Al morir mi padre y leer una elegía, otra vez me reconecté con la poesía. Diría Castellanos: la poesía es el único camino para sobrevivir. Cuando enfermé leía muchísima poesía, se volvió el único género que leía. Ahora hago un esfuerzo por diversificar mis lecturas, conforme me es posible.

¿La poesía llegó antes que la enfermedad?
Mi enfermedad ha estado en mi cuerpo bastante más tiempo del que yo soy consciente o del que los médicos pueden adivinar. Diría Maillard, la herida es antes que nosotros mismos. Me parece complicado responder a esta pregunta, pero en términos prácticos, yo escribía poesía antes de recibir mi diagnóstico en octubre del 2014. Y por otro lado, quién sabe cuánto tiempo se estuvo gestando silenciosamente mi insuficiencia renal en mi cuerpo, cuántas calladas tragedias fue soportando mi cuerpo. A veces pienso que llegué a la zona de desastre luego de un tsunami o un terremoto y sólo me tocó contar las víctimas.

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Virginia Woolf considera que la enfermedad debe ser uno de los temas arquetípicos de la literatura. En tu caso, ¿cómo relacionas el proceso de tu enfermedad con el proceso de creación del poema?
Creo que la poesía es uno de los bastiones para la vulnerabilidad. Si algo somos todos, es vulnerables. La enfermedad es ese recordatorio corporal de una verdad que todos los días nos acosa aunque la neguemos. Cuando escribí poesía sobre mi enfermedad, sentía el impulso y el deseo de encontrar algo al fondo de las cosas. Quería darle un sentido literario a mi existencia y pensar que así como en un cuento aparece una soga porque habrá un colgado, por algo había aparecido una enfermedad terminal en mi narrativa. Cuando superé la obsesión del “porqué”, apareció la voluntad de ser testigo. Fui dándome cuenta de que las personas no tenían idea de qué pasaba puertas adentro de un hospital o de que decidían ignorarlo, y la literatura era un lenguaje para llevarlo a otros encubierto por artilugios estéticos para que no fuera tan fácilmente rechazado o ignorado. Hay un poema de Sharon Olds donde dibuja a su padre enfermo de cáncer como el embajador de otro país, por otro lado, Lihn en uno de sus poemas más breves de Diario de Muerte, habla de la pérdida de su pasaporte de sano. Entrar a un hospital sí es como ir a otro país, ya insistiría después la Sontag que uno de los tópicos del enfermo es el de ser viajero.

En los poemas que te he leído, es evidente que el síntoma, la edad, el dolor, surgen como un grito de desesperación en el poeta, ¿el poema cumple un papel de sanación o solo sirve como evidencia?
Habría que aclarar que no es lo mismo curación y sanación. Uno de los ecos etimológicos de la palabra sanación es el de recuperar la cordura, no estar loco. Yo hago esa lectura de la palabra sanación. En mis términos, la poesía no me cura, porque la insuficiencia renal no tiene cura, pero me ayuda a sanar. Ahora, al poner la palabra evidencia, no puedo evitar pensar que el simple hecho de darle forma a nuestras particulares dolencias, decir: sí, existieron, aunque sea para nosotros mismos y dotarlas de verdad, te da un alivio. El dolor es tan frecuentemente subestimado y dejado de lado, que buscamos explicarlo y validarlo sin darnos cuenta. En mi caso, más de una vez han puesto en duda mi experiencia como paciente y he recurrido a la poesía para hacer tangible y real lo que vivo, aunque otros lo nieguen o no quieran verlo.

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¿El sistema ayuda al enfermo o solo lo empeora más? ¿Has recibido algún tipo de ayuda?
Una de las feministas que más admiro y habla de la enfermedad políticamente: Johanna Hedva, en sus aseveraciones aclara que el mundo, de cierta manera, te convierte en “enfermo”. Pone las circunstancias para que ya no puedas acceder a una vida digna. Este mundo está pensado para humanos que funcionan de una única manera y difícilmente contempla otras formas de existir, de seguir vivo. Si en México, las personas donaran los órganos de sus familiares fallecidos con más frecuencia, abandonaran tantas tribulaciones absurdas que sólo reflejan su profundo rechazo a la enfermedad y la vulnerabilidad, muchos pacientes renales estarían reinsertados en la vida cotidiana, existiendo a su manera pero aún vivos. He recibido muchísima ayuda de distintas personas para de algún modo subsanar esta inicial situación de injusticia en la cual te coloca la enfermedad. Estoy muy agradecida por ello y es en parte a esa valiosa ayuda que yo sigo aquí.

Sobre tu taller “La patografía en primera persona? ¿Cómo fue esta experiencia y de qué temas trataron?
Duré un año queriendo impartir este taller, ya tenía varios ejercicios pensados. Está inspirado en mi proceso personal como escritora y feminista con la insuficiencia renal. Decidí a los pocos meses de mi diagnóstico, iniciar a escribir diarios sobre mi enfermedad y de allí fueron surgiendo las ideas. También he tenido una obsesión con leer y rastrear todo cuanto se ha escrito sobre el tema. La literatura de la enfermedad es una literatura marginal, son pocos los poemas, avergüenza hablar del dolor propio, se le considera informe y sin género, excesivo. Yo siento que son precisamente esos excesos los que ayudan a renovar y reformar formas literarias. El taller tuvo 13 ejercicios hechos a partir de poemas que me han acompañado durante mi enfermedad y se han vuelto una especie de talismanes contra todo. A partir de ellos surgen ejercicios de escritura encausados a indagar en el YO del paciente, porque lo primero que pierdes después de un diagnóstico mortal es a ti mismo.

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Coméntanos cuál es tu rutina y cómo se gesta la poesía en torno a ella.
Mi rutina diaria es levantarme a las seis de la mañana, a veces un poco más tarde, y hacer la primera diálisis del día. En total, son cuatro diálisis diarias, ahora que tendré mi máquina, ya sólo será una diálisis. Posterior a eso, pongo la radio, música, muchas veces me gusta escuchar conferencias sobre poesía y literatura para aprender un poco más, ya que con mi enfermedad, ya no tengo tiempo ni energía para estar en talleres o cursos y me he decantado por ser autodidacta y experimentar sola, a mi propio ritmo. Mientras escucho, me gusta cocinar: la dieta de un paciente renal es altamente restrictiva dependiendo del tratamiento en que se encuentre. No obstante, yo he encontrado en esas limitaciones, retos y oportunidades para inventar platillos diversos. Al terminar de desayunar, si no tengo pendientes, me pongo a leer y a escribir mi diario. Es en mi diario donde aparecen bocetos para mis poemas. Allí está el germen. En el sólo escribir para mí y hacer mis propios descubrimientos escriturales. Al dar las doce del día, realizo mi segunda diálisis, al terminar, me voy a mi trabajo. Trabajo como redactora de publicidad y disfruto bastante lo que hago. Al llegar a casa, me realizo mi tercera diálisis y por las noches lo que más hago es distraerme. Realmente, deseo ya descansar y dormir pero no duermo hasta media noche, después de realizarme mi última diálisis. La poesía surge más cuando escribo en mis diarios. También cuando me traslado de un punto a otro y tengo algo de tiempo muerto y voy leyendo en el camión, he pensado en comprarme una radiograbadora para guardar mis ideas por audio, ya que no siempre cargo con un cuaderno para escribir.

 

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Qué poetas o poemas te ayudan en los momentos difíciles.
Hay varios y de hecho los incluí en mi taller una gran parte de ellos. Un poema que me marcó y leí cuando recién me diagnosticaron fue La enfermedad viene de lejos de Jaime Sabines, un poema que es poco leído de él y recuerda a los conjuros de los brujos. Porque escribí de Enrique Lihn, varios poemas de Diario de Muerte. Otro poema que me gusta bastante y compartí hace unos días en mis redes fue El doliente de Oscar Hahn. Otra poeta que me interesa bastante es María Mercè Marcal, ella, al igual que yo, escribió recetarios sobre su enfermedad mezclado con diarios y poesía, y al igual que yo, era feminista. Leonor Silvestri, aunque el libro que ella escribió sobre su enfermedad es más un ensayo muy largo en el que retoma a Johanna Hedva, pero también se descubren fuertes tintes poéticos. Hedva y su teoría de la mujer enferma, también me ayudó a dimensionar mi realidad y darle una estructura política a mi visión personal de la enfermedad. También fue importante leer para mí Operación al cuerpo enfermo de Sergio Loo. Chantal Maillard fue otra luminaria que me ayudó muchísimo, hubo noches en las que leía sin cansancio.

Finalmente, algún mensaje que tengas para los lectores.
En primer lugar, agradecerles que lean estas palabras. Invitarlos cordialmente a mi página en Facebook, Salvemos a Arely, donde estamos convocando a donantes voluntarios de riñón en vida y habilitando todos los recursos necesarios para un trasplante, además de compartir información sobre la enfermedad y anécdotas de mi día a día como paciente. Y lo más importante: DONEN ÓRGANOS, dénse de alta en la lista de donantes cadavéricos: queremos seguir vivos.

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Si quieres ayudar a Arely en este proceso, visita su página Salvemos a Arely

Sobre la autora

Arely Jiménez, (Aguascalientes, 1992). Pasante de Letras Hispánicas de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Fue becaria del Curso de Verano para Jóvenes Escritores 2012 de la Fundación para las Letras Mexicanas en Xalapa, ese mismo año ganó el Premio Nacional de Poesía “Desiderio Macías Silva” con la obra titulada “La noche es otra sombra”. Ha participado en distintos encuentros y talleres como el XXI Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes (Oaxaca, 2013), Segundo Encuentro de Escritores Jóvenes Jesús Gardea (Chihuahua, 2014), así como en distintos Altalleres (San Luis Potosí, 2011; Aguascalientes, 2012; Guanajuato, 2013). En marzo 2015 fue becaria de los talleres “Los signos en rotación” dentro del festival cultural ISSSTE-INTERFAZ 2015, ese mismo año también ganó un segundo lugar en el Sexto Concurso Caminos de la Libertad para Jóvenes de la categoría “Poesía y narrativa”, y también fue merecedora del Premio Nacional Universitario de Narrativa “Elena Poniatowska”. Ha sido publicada en diversos medios impresos, así como digitales, tanto de su país como del extranjero. Ha tomado clases con escritores como Eduardo Antonio Parra, Rafael Toriz, Luis Felipe Lomelí y Javier Acosta. Actualmente, se desempeña en la corrección de estilo y la impartición de talleres de escritura terapéutica.

 

Escrito por Sara Montaño Escobar

Sara Montaño Escobar (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general. Sus poemas se encuentran en revistas de Ecuador, México, Venezuela, Argentina, Colombia y España. Parte de la Antología de poesía y relatos publicada por el Municipio de Loja (2017). Relato publicado en libro cartonero “Pasaporte”, un proyecto que corresponde a tres editoriales cartoneras: Dadaif Cartonera (Ecuador), Cossete Cartonera (Francia-Brasil) y Pirata Cartonera (Ecuador-Salvador). Publicó la plaquette Génesis de ausencia (Vis-k-cha, Editorial independiente, Loja- Ecuador, 2017).