Roy Vega: «La poesía, en sí misma, es una búsqueda que nunca acaba»

Créditos de foto de portada: Miguel Tapia Salas

Roy Alfonso Vega Jácome (Lima, Perú, 1988). Egresado de Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado los siguientes libros: Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera (Lima, Dedo Crítico, 2014; mención honrosa en el VII Concurso Nacional de Poesía José Watanabe Varas de la APJ), Muestra de arte disecado (Lima, Ediciones Copé, 2016; Premio Copé de Plata de la XVII Bienal de Poesía de Petroperú) y Etapas del espíritu / Runas grabadas en la piel (Trujillo, Cuadernos Trimestrales de Poesía, 2017; X edición del Premio El Poeta Joven del Perú). Textos suyos han aparecido en las antologías Recitales “Ese puerto existe”, Muestra poética y Versos en el aire V (España), así como en las siguientes revistas y páginas web: Lucerna, Bitácora de Vuelos (México), Ínsula Barataria, Revista Dosis Cultural, La Poesía Alcanza (Argentina), Vallejo & Co. y Álastor (Nicaragua). Actualmente se desempeña como corrector de estilo, redactor cultural y librero.

Hablar de poesía contemporánea en el Perú es poder ingresar en un vasto espacio donde las corrientes, estilos y escuelas convergen. La poética peruana de estos albores del siglo XXI, con sus raíces en los últimos cincuenta o cuarenta años del siglo XX, tiene diversos representantes. Uno de ellos es Roy Vega Jácome, destacado poeta peruano que ha obtenido diversos reconocimientos. La primera vez que escuché de él fue durante la premiación de El Poeta Joven del Perú, concurso organizado por la Fundación Marco Antonio Corcuera y la Universidad de Piura durante el 2017. Aquella vez me tocó competir contra él. Después de dos años podemos hablar y conocernos, entablar ese encuentro que solo la poesía puede permitir. Han pasado dos años y, como el vino, los juicios de valor van mejorando. Uno de estos me permite reconocer en Roy la imagen de un poeta que lleva bien puestos los galones de la palabra y del verso. Un poeta que no solo posee una gran altura por su obra artística, sino también por la inmensidad de su persona, porque escuchar cada una de sus respuestas fue regresar a mis épocas de escolar y universitario para degustar una clase de poesía y, quizás, él no lo sabía. Por ello, vamos a conocer un poco más de Roy Vega, el entrañable vate que nos acompaña hoy y que deja grabada su alma en cada palabra que nos regala.

Háblanos un poco de ti. ¿Cómo comenzó tu amor por la poesía? ¿Quiénes son tus referentes literarios?

Para mí, en realidad, el amor por la literatura empezó desde muy niño. Tengo un hermano que es escritor. Él incentivó mis primeras lecturas, me regalaba libros, etc. Y también a instancias de mi padre, que era un lector aficionado, una persona que valoraba mucho las letras a pesar de que no se dedicaba a ello porque era comerciante. Sin embargo, él cultivaba eso desde pequeño y en mi casa siempre hubo bibliotecas. Así que digamos que, por esas dos influencias, de mi padre y de mi hermano, yo comencé a introducirme en la literatura. Lo primero que escribí en realidad fue un cuento. Yo me decanté por la narrativa en la adolescencia. Luego, en la etapa universitaria, me di cuenta de que la poesía era mi lenguaje, un lenguaje más íntimo, más cercano, que podía expresar mis sentimientos, mis sensaciones de una manera más directa, más personal. Me dediqué a ello, pero ese gusto por la narrativa nunca se ha ido y eso es palpable en algunos de mis poemas o, en realidad, en mi obra en general. Porque yo siempre narro cosas, la vena narrativa está siempre ahí.

En cuanto a mis referentes, es un abanico muy amplio. Al inicio estaba influenciado por los surrealistas peruanos (Westphalen, César Moro, Martín Adán) y también por la generación del 50, del 60, Hora Zero, Watanabe y también fui cambiando a medida que mis lecturas fueron creciendo. Al inicio, y sobre todo en mi primer libro, es palpable esa influencia surrealista. Luego practiqué la multiplicidad de registros lingüísticos o registros estéticos en mis otros libros. Las lecturas ya abarcaron a otros autores como Dostoievski o Bukowski. En realidad, a Bukowski lo leo desde que era niño. Fue un gran descubrimiento ese sentido de frescura que transmitía. Es muy fácil que un adolescente se encariñe con ese tipo de narrador.

Pero digamos que mis lecturas siempre fueron primero la narrativa y luego migré a la poesía. Porque la poesía tienes que aprender a leerla, es una práctica constante.

Sé que eres el ganador del último Poeta Joven del Perú. ¿Qué significó para ti esta premiación? Cuéntanos sobre tu poemario ganador, sobre qué habla y de qué trata.

El premio Poeta Joven del Perú fue para mí un logro muy grande. Hablaba hace un rato sobre mi hermano. Él fue el último ganador en el año 1999. Luego el premio desapareció un tiempo por la muerte de Marco Antonio Corcuera, y se retomó hace dos años. Tuve la oportunidad de participar con un libro que justo tenía listo. Mi hermano y yo, consecutivamente, hemos obtenido ese premio. Es algo muy gratificante. Mi poemario se titula Etapas del espíritu / Runas grabadas sobre la piel. Es más que nada un recorrido de la vida del autor, de cómo un creador descubre su vocación. Es prácticamente un canto mismo al lenguaje de la poesía y, obviamente, tiene elementos biográficos y también elementos metalingüísticos, metaliterarios, paratextuales. Digamos que, respecto a la multiplicidad de registros que trabajé en mi segundo libro, acá profundicé más. Mezclé mucho lo íntimo con las referencias literarias. Es un juego, como que la vida es poesía y es biografía, vivencias y lecturas. Hice un recorrido desde la infancia hasta el descubrimiento del arte. Es difícil para un autor explicar su obra, pero más o menos los vasos comunicantes (la estructura) son esos. El libro también lo concebí como el cierre de una trilogía. Porque yo publiqué dos libros anteriormente y digamos que este libro fue como el cierre de una etapa. A futuro (te comento en calidad de primicia), pienso publicar estos tres libros en un solo volumen. Probablemente para el 2020. Es un proyecto que quiero hacer desde hace mucho tiempo, para cerrar una etapa de mi vida, tal como se llama el último de mis libros.

La pregunta clásica que siempre planteo en mis entrevistas: para ti, ¿qué es la poesía?

La pregunta que se ha hecho desde la época de los griegos, desde Aristóteles. Yo creo, ante todo, que la poesía es un arte. Esto no es una gran noticia, pero es un arte y como tal debe cultivarse. El hecho de que la poesía sea un arte ya implica un trabajo, implica un esfuerzo, implica una entrega. No solo romántica, sino práctica y también económica, porque incluso los poetas debemos vivir de algo y tu arte te pueda dar un rédito económico. Es un arte del que también puedes vivir. Es un mito eso de que la poesía no sirve para nada. En esta época de la revolución tecnológica que vivimos, cada vez más deshumanizante, más indiferente. Pero la poesía es importante porque rescata esa esencia nuestra. A veces se quiere frivolizar a la poesía o renovar cosas que ya se hicieron hace cien años, cuando es importante conocer la esencia y la tradición, y volver a releer a esos autores que ya dijeron cosas antes que nosotros. Yo creo que todos los poetas se preguntan en su poesía qué es precisamente ese arte, qué es la poesía. Pues hay material de sobra para leer, desde Vallejo hasta Octavio Paz, hasta Blanca Varela, hasta Enrique Verástegui. Todo el mundo se pregunta desde hace mil años qué es la poesía.

Yo creo que la poesía es, precisamente, esa búsqueda de algo, esa búsqueda del lenguaje. Eso es la poesía. Es un arte inacabable. Para mí, la poesía es búsqueda, es trascendencia; afán de trascendencia, si lo quieres decir así.

Una vez definida, podríamos conversar sobre su función e impacto en la historia humana. La poesía, ¿solo es un simple placer estético o es un “algo” más profundo que interpele al hombre?

Tal como te dije anteriormente, va más allá de lo estético. Es algo más, lleva a la reflexión, a lo intelectual también. La poesía es un género completo, es un arte completo, tal como el cine. Es capaz de volcar todas tus sensaciones a un producto, a un artefacto artístico. La poesía también, solo que usas tu imaginación, usas tus sentimientos para ver qué quiere decirte el autor, si te interesa, si puede hacerte pensar. ¿Por qué Vallejo está vigente casi cien años después de la publicación de Trilce? Porque él dijo cosas que nadie más ha podido decir y a su manera. Él se ha preguntado por cosas que pasan todos los días, pero que nadie puede contestar y decirlas como él las ha dicho. La poesía deja huella. Como lo decía en mi segundo libro que se llama Muestra de arte disecado, los poetas “disecan” su alma en su arte, en su producto estético. En ese libro yo postulaba que nosotros dejamos pedazos de nuestra alma disecados en los aparatos literarios, en los poemas. Esa era un poco la idea de ese libro. Esa era mi poética, mi propuesta. Eso complementa lo que decía en la anterior pregunta de que la poesía es una búsqueda constante.

La poesía, desde siempre, tiene diversas connotaciones y funciones, ¿crees que la poesía podría ser una herramienta significativa para la educación de la persona? ¿Por qué? ¿Cómo lo plantearías si fuera afirmativa tu respuesta?

Yo creo que la poesía sí tiene posibilidades para las personas, porque se trata de un código diferente. Tú aprendes a leer, pero aprender de poesía es distinto, es como aprender hablar en un idioma distinto. La poesía es un lenguaje dentro del lenguaje. Yo pienso que cuando tú sabes leer poesía puedes leer cualquier otra cosa. Incluso desde ahí, si lo quieres ver con fines prácticos, por ejemplo, en esta sociedad que nos exige eso, la poesía te ayuda comprender mejor otros textos. Un abogado, un doctor, quien sea, si sabe leer poesía, yo pienso que podría leer mejor las cosas de su profesión o tener más sensibilidad con respecto a su profesión. Profesiones tan difíciles, tan humanas, que se están deshumanizando, paradójicamente. Yo pienso que desde el colegio se debería leer más poesía, como un programa que debería recuperarse, al igual que la educación cívica. Cuando vemos que hay gente botando basura en la calle es porque hay un problema grave en la educación, tanto en el hogar como en la escuela. Promover que haya biblioteca en las casas, promover lectura de poesía, de literatura en general, pero buena literatura, en los colegios. Eso ya es una política de Estado que ojalá se implemente. No planeamos ser como Islandia o Finlandia, donde todo el mundo lee y escribe, pero al menos que haya algo que nos haga sentir personas de bien o que nos haga tener más escrúpulos.

Yo creo que la poesía te ayuda a eso, te ayuda a ponerte en los zapatos del otro, a pensar, a ser prudente. No te hablo de ese mito del poeta bohemio y borracho. No te hablo de eso. Te hablo de que la gente que sabe apreciar el arte, la poesía, la cultura en general, tiene más escrúpulos, de repente, para comportarse mejor como ciudadanos. En ese aspecto me parece que la poesía debería tener un sitial de privilegio en la educación. Bueno, por ahora es un idealismo, pero esperemos que ocurra a futuro.

¿Qué opinión te merece la poesía peruana contemporánea? Hemos visto que ha comenzado una efervescencia en el mundo literario peruano, pero ¿crees que todos pueden ser llamados poetas, crees que hay alguna condición necesaria?

Es difícil hablar de la poesía peruana contemporánea. Tú sabes que es una práctica común en la historiografía literaria dejar pasar unos 20 o 25 años, como mínimo, para referirte a la etapa que estás viviendo. Yo creo que de esta etapa deberíamos hablar en el 2050 de repente: qué dejó la poesía de esta época. Ahora entre contemporáneos es difícil, yo no podría decirte nombres, no podría decirte nada, porque incurriría en el defecto de hablar de los demás, del escándalo y eso es lo que no quiero. Hay lecturas valiosas, pienso, pero yo sigo volviendo a los clásicos, quizá con la distancia que se marque. A mí me gusta siempre leer libros que perduren en el tiempo. Si un libro es bueno, va a perdurar de todas maneras. Por ejemplo, quizás a mí nadie me lee ahora, de repente, pero tengo la esperanza de que, en algún tiempo, mi obra tenga la fuerza suficiente para que sea releída o conocida por alguien. Ese es el afán de un poeta. No darse a conocer él, sino su obra. Darle a su obra ese espíritu que te decía hace rato: meterle ese espíritu para que la obra brille como un diamante y permanezca ahí, perdure. De alguna manera, esa es la finalidad del escritor, del poeta, darle a su obra el protagonismo y no ser él el protagonista. Eso es lo que veo en las redes sociales, en la poesía joven, de repente. La pelea, el escarnio, la ridiculización, la banalización, el troleo poético, el troleo literario. Acaso quieren imitar a estos youtubers que son troles y lo quieren trasladar a la poesía o la poesía fast food, que te dice un par de cosas bonitas de telenovela y, bueno, eres un gran poeta.

Yo estoy a contracorriente, por eso me mantengo algo alejado del medio. Prefiero trabajar a solas. Trato de ser prudente y de darle protagonismo a mi obra, no a mí. Yo sé bien cuál es mi espacio: yo soy solo un intermedio entre el lenguaje poético y la obra. Como un nexo. Lo veo así.

Ahora, que todos puedan ser llamados poetas, eso es bien difícil. Eso solo lo dice el juicio del tiempo. Es muy fácil llamarse poeta ahora, cuando ni siquiera tienes un conocimiento básico de rítmica, de tradición poética, no tienes lecturas. Eso a mí no me agrada. Prefiero mantenerme al margen.

Imagina que estás frente a un adolescente, sediento de poesía y que tiene deseos de entrar en este mundo, ¿qué consejos le brindarías para desenvolverse y crecer?

Le diría primero que lea mucho, que lea mucha poesía. Que imite a sus maestros. Que no tenga ganas, que no tenga deseos de entrar a “este mundo”. Que huya de este mundo que lo va a terminar comiendo. El o la adolescente que quiera escribir no tiene que morirse de ganas de entrar al medio cultural peruano. Eso va a venir solo, eso va a venir con su trabajo. Quiera o no, si es reconocido, el medio se va a fijar en él. Pero si él lo busca, va incluso a ser capaz de hacer de todo para alcanzar ese efímero éxito. Es lo que se ve muy comúnmente, por desgracia, sobre todo en los jóvenes. Lo que yo le diría a ese adolescente varón o mujer que quiera escribir es que ante todo tenga una formación teórica fuerte, que lea rítmica, que lea la tradición, que lea las obras canónicas, que escriba mucho. Que tenga mucho aguante, porque si va a estar fijándose en todo lo que dicen de él o si va a estar muriéndose de ganas de que lo inviten a todos lados, pues va a marearse y no va a producir algo bueno.

Considerando que hemos hecho un recorrido reflexivo, ¿crees que la poesía ayudaría a mejorar nuestra sociedad? ¿Cómo podría hacerlo?

No sé si la poesía ayudará a mejorar la sociedad. Creo que esta pregunta está enlazada con lo del ámbito educativo. Yo creo que la sociedad contemporánea en sí ya no tiene remedio. Quizás es un poco pesimista esto que te digo. De repente nos podría dar mayores escrúpulos, mayor sentimiento, sentido común o permitirnos que nos pongamos en los zapatos del otro. Pero que la poesía salve al mundo es bien complicado. Somos seres humanos tan distintos, tan complejos, que no te lo podría asegurar. Pero al menos ten por seguro que una persona que lee es una persona mejor, de todas maneras. Si eso lo complementa con una correcta educación espiritual, una reflexión muy profunda de su existencia, podríamos vivir en un mundo mejor.

Hablar con Roy con respecto a la visión que posee sobre la poesía ha sido una forma de iluminarnos y encontrarnos en el camino. Un aspecto distinto y que provoca encontrarnos con la alegría de saber que en el orbe hay otros tantos que aún buscan la belleza en las palabras, en la obra literaria, en el verso.  Para comprender estos caminos propuestos de Roy, y es aplicable en todo vate, es mejor partir desde la misma lectura de las creaciones del autor. Por ello, para finalizar esta entrevista, compartimos con ustedes, amigos lectores, una selección de poemas del autor.

sinfonía de sal y niebla en el santuario de mazorcas

no es extenso el paisaje

cuando las retinas aguardan
la extinción de los acordes celestes.

no es extenso el tiempo

cuando tales acordes oxidan sus alas
y caen al suelo reposado por el furor de los sacrificios.

como un cerdo revolcándose

en la suciedad que lo alimenta,
los acordes abren pozos en el pasto seco,
cavan lagos subterráneos
y se insertan en una hoguera
que muta su voz en rumor.

el paisaje de barbarie y altos relojes,

de melenas transitorias y adobes profanados,
se devasta y embaraza
con la música que se amolda al camuflaje de los proscritos.

el universo se revuelca

como un cerdo transparentado
en la suciedad que le otorga
sentido a sus vestigios.

 

máscara sin orificios

padezco en el diván las preguntas que rebotan desde el techo
cielorraso o meditación profunda
los vientos pardos gimen al virar sus engranajes
crepuscular memoria y tan desollada
amargos mares y tan trenzados al alba
jadeo de brebajes turbios
me incineran las directrices de la terapia ausente
pintura que se atasca en mis párpados
falsedad
laringe atravesada por cicatrices de neón
y la inhóspita ceguera
este fruto ya arremangado por el eclipse
este no poder contar las marcas que van dejando las cortinas
el juego del cántaro y la flama
el divertimento de los guerreros y los ofidios
cebar un círculo de arena con pesados minerales
dialogar con fichas lanzadas al aborto
palpo los espacios en blanco que me pueblan
y extraño las hogueras los acordes
capas en la profundidad del océano
capas en la orgía del pasto recién lavado
capas vigilando los cirros endurecidos
palpo las preguntas que han caído como el polen sobre las sábanas
y hallo cisuras edictos incomprensibles
vuelvo sobre mis pasos carentes de eda
nada es más hermoso que la ceguera recién lavada
nada es más terrible que la presencia de dos cuencos vacíos
vuelvo sobre mis pasos sobre mi tacto perdido
y una venda me imprime dos costras que conversan

De Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera (2014)


concierto de flautas enfermas

decibeles asesinos

descienden por las grietas del museo olvidado.
juegan con la atmósfera,
con el gris de los días.
se mezclan en el césped
con insectos y musarañas.

aprisionan al melancólico

con sus pócimas de sal.
acompañan al solitario
que silba en una esquina.
aceptan las ofrendas
del vigilante nocturno.

son melodías moribundas

o latidos de carne
que juegan como niños
en los charcos bubónicos.

se instalan en mi universo,

en mi coraza de algodón,
acaso aguardando la llegada del alba,

ese instante en que los enfermos
abren las grietas del sol
y contemplan con misericordia
a aquellos que duermen convertidos en bestias.

 

acción y repliegue de los mosquitos

dijiste que mis versos carecían de humanidad.
lo dijiste con el mejor de tus gestos humanos,
con esos labios rectos y casi fúnebres con los que solías pronunciar mi nombre.
luego despegaste como una flor desbaratada por el viento,
con el cuerpo y los sentidos plenos en el aire,
dejando en mi guarida los restos de una pregunta
que de a pocos se mezcló con el aroma de las paredes.
he dejado de ser humano,
hace tiempo que lo sé,
y tus palabras no fueron sino una esperada consecuencia:
la caída de un puente,
el deshojamiento de un árbol,
la acción y el repliegue de los mosquitos que embisten hipnotizados
los amplios márgenes de un vidrio luminoso.
he dejado de serlo tanto para ti como para mí.
lo dijiste apretando los labios –casi recuerdo–,
estampando runas de saliva sobre mi rostro,
desnudando mi alma de cicatrices,
mis balbuceos de animal que se retuerce en su madriguera.
hoy que he desempolvado mis dedos
y los he posado sobre las teclas de este piano,
he comprendido que tu adiós fue breve e intenso,
tal como deben ser esas diminutas tragedias
que recordaremos hasta el final de nuestras vidas.
hoy que me enfrento a este océano blanco e infinito,
y trato de herir sus olas con un tembloroso cincel
y reconstruyo los acantilados por los que anduvimos
y el reflejo de tus pasos bajo el ámbar de los parques,
hoy he comprendido que jamás debí ser humano.

 

coda

¿por qué arte disecado,

ala de reptil detenida en el tiempo?

donde haya abismos y promesas de rencor

siempre habrá un parco individuo profesando religiones extrañas,
un espectro bajo el dominio de los postes aéreos,
maniobrando a contracorriente,
consolando a las plañideras que antes fueron princesas cautivas.

¿por qué alma disecada,

rumor de las arterias sumergiéndose en la oscuridad?

como un puñado de hematomas

yacen los mosquitos que viven el eterno presente
y han dejado los restos de sus alas en mi guarida,
verdaderos usurpadores de la lengua humana,
mutilada y perdida entre los átomos de alcohol.

no logro contestar mis preguntas

ni consolar a la insomne que descansa a mi lado.
una pileta de sangre refulge en el medio,
como una misiva de los años que vendrán.

De Muestra de arte disecado (2016)


—breve conversación con el maestro,
donde reafirma que vida y escritura son indesligables—

puedes escribir adelante o al reverso:
ambas caras te contarán lo que sucedió.

el maestro dice que en el futuro próximo

un ermitaño de vasta cultura y ademanes opacos
dará a luz un libro que contenga las frases y versos esenciales
de la literatura universal.

yo le pregunto en qué idioma lo escribirá.

el maestro opta por no responderme.
en vez de ello comienza a trazar figuras en el aire:
de sus dedos gotean pústulas semejantes
a un millar de serpientes cíclicas.

«en verdad te digo:
una lira sin cuerdas
parece ser el cadáver perfecto».

A Hildebrando Pérez Grande

 

0000

 traducir el silencio es pretender hacer música
donde ya no existen ni la garganta ni el oído humanos.
Blanca Varela

 esa extraña manera en que nos olvidábamos a lo largo de las semanas.

luego una llamada,

un mensaje,
una señal que nos posibilitara seguir viéndonos en parques o acantilados
que despertaban del viejo sueño de la neblina.

y nosotros también parecíamos despertar por unos segundos,

gracias al beso de bienvenida,
sin mirarnos directamente por temor al vacío
o a los fantasmas que poblaban nuestro tacto.

de repente las charlas y los espejismos,

las caminatas sin tocarnos,
las pocas anécdotas que íbamos construyendo
entre risas y disfraces fuera de temporada.

¿a quién quería engañar?

me era imposible despojarte de tus rasgos humanos,
convertirte en un bloque de cemento y arrojarte al río.
acceder a encontrarnos cuando lo desearas
se había convertido en mi ocupación predilecta.

y cuando te veía enmarcada en un fondo sepia,

con la simetría de una pluma que ha retado al viento,
no podía sino callar y acumular ideas
que aspiraban a convertirse en algo menos patético que una confesión.

eran periodos en los que nuestras sombras danzaban al ritmo de las flautas enfermas

y un puñado de voces nos cercaban con su lenguaje incomprensible.

y luego de vuelta al olvido,

esa especie de oruga que trepaba nuestros cuellos solitarios y maltrechos

por las caricias extirpadas.

 

(enfermedad violeta)

como quien toca la puerta de una casa que se aleja y se aleja.
César Calvo

a veces resulta agradable estar enfermo.
a veces resulta agradable observar cómo se desvanecen las esquinas de ese mundo cerrado, en el que parecemos flotar en medio de espejismos y burbujas de aire.
y de pronto sentir que una mano levanta nuestra nuca para acomodar mejor la almohada,
o traza surcos humildes en nuestros cabellos. es una mano cuyo aroma nos transporta
a una época presidida por antorchas y cánticos extraños.
luego vienen los susurros, los vapores del sueño, la sombra de una segunda mano que constata la temperatura de nuestra frente, el rostro inclasificable de un animal piadoso
que ha aprendido a domesticar sus desvelos.
es comprensible añorar ese debilitamiento, esos espasmos que electrizan cada célula
de nuestro ser y nos obligan, como en una cuna, a rodar de un extremo al otro, alucinantes, fantaseando con enigmas que nos destruyeron o pronto nos destruirán.
el cuerpo y su vigencia se cristalizan en la enfermedad.
allí, cerca de un oasis varado entre escorpiones, en una carpa azotada por las tormentas
de arena, recordaré las manos fantasmales que alguna vez cuidaron de mi carne
y mis visiones.
allí confirmaré cuán engañosos resultaron ser los licores de la piel acariciada, el esplendor
de los muslos entrelazados pero eternamente tristes.

De Etapas del espíritu / Runas grabadas en la piel (2017)


Para conocer más del autor pueden ingresar a los siguientes perfiles:

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Escrito por Emilio Paz

Emilio Paz (Lima, 1990) Profesor de Filosofía y Religión, egresado de la Universidad Católica Sedes Sapientiae. Tiene publicados “Septiembre en el silencio” (Club de lectura poética, 2016), “Laberinto de versos” (La Tortuga Ecuestre, N°394, 2018) y "La balada de los desterrados" (Ángeles del Papel Editores, 2019). De igual manera, posee poemas y cuentos en publicaciones de Perú, México, Chile, España, Venezuela, Estados Unidos, Argentina, India, Ecuador, Rumanía y Costa Rica, habiendo sido traducido parte de sus poemas al rumano, inglés y al tamil. Ha ganado el “Mes de las Letras” (abril, 2017) de la Fundación Marco Antonio Corcuera y el IX Concurso internacional de poesía y cuento - Perú 2019 organizado por la revista "El Parnaso del Nuevo Mundo". También ha participado en diferentes recitales del Cuzco, Paracas y Lima; destacándose el XXI Festival de Poesía “Enero en la Palabra” (Cuzco, 2017), el 2do Festival de Poesía de Barranco (Lima, 2016), el V Festival Internacional Primavera Poética (Lima, 2017). Ha dictado el taller de lectura poética titulado “La vena de la inspiración” para el Centro de Estudiantes de Literatura - CELIT de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y ha participado de diversos congresos de filosofía, siendo su línea de investigación la relación entre estética, poesía y educación. Actualmente dirige el blog “El Edén de la poesía” (https://edenpoetico.wordpress.com/).
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