Una sensación de melancolía, de pérdida, y sin embargo, de redención. Fue el primer impacto que recibí tras la lectura de una de las grandes sorpresas de la reciente literatura moldava: “El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes”, de Tatiana Tibuleac.

Publicada por vez primera en 2016, tuvo una gran acogida de la crítica y de los lectores y fue considerada un fenómeno literario en Rumanía. Ha recibido varios premios, como el otorgado por la Unión de Escritores Moldavos, y la revista literaria Observator Cultural. Editada en español por Impedimenta, plena de crudeza, sin filtros, Tibuleac nos explica la historia de Aleksy, un joven que recuerda el último verano que pasó con su madre. Su psiquiatra le recomienda revivir esa parte de su pasado como posible remedio al bloqueo artístico como escritor que padece. El protagonista mira hacia atrás y nos traslada a una época de convulsión por determinados sucesos que marcaron, indefectiblemente, su vida.

Aleksy rememora la pérdida de su pequeña hermana, la relación tensa y extraña con una madre más pendiente de recordar a la hija muerta que de amar y cuidar al hijo aún vivo. Pero es que, además, Aleksy padece una enfermedad que, con toda su crudeza, le consume en un estado de permanente inquietud. Interno en una institución psiquiátrica inglesa, su madre le pide un verano que la acompañe a un pequeño pueblo francés a pasar unas vacaciones muy especiales. Él odia a su madre, pero tendrá que aceptar pese a su ira.

¿Puede perdonar a su madre? ¿Encontrará el amor? ¿Triunfará profesionalmente? ¿Qué huellas dejaron todas aquellas historias vividas en los últimos días de su madre en Francia? Con resentimiento, impotencia, y dosis ingentes de ternura, la autora teje una historia repleta de humanidad, en la que el autor baja las armas y se reconcilia con un pasado convulso que le convirtió en el ser humano que es.

Una novela impactante, inolvidable, que nos sumerge en la transformación del odio a la dependencia de sus protagonistas. Una radiografía magnífica de la relación de un hijo con su madre y del valor incalculable del perdón. Un ejercicio narrativo sobre la redención, las dificultades para gestionar el dolor y la pérdida en el seno de una familia.

“Los ojos de mi madre eran cicatrices en el rostro del verano”

Traducción de Marian Ochoa de Eribe

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes
ISBN: 978-84-17553-03-6
Encuad: Rústica con sobrecubierta
Formato: 13 x 20 cm
Páginas: 256
PVP: 20,50 €

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escrito por Pamela Espigares Jiménez

Pamela Espigares Jiménez (Barcelona, 1980) es Licenciada en Periodismo por la Universitat Ramon Llull de Barcelona. Es asesora de comunicación y escritora. Ha publicado "Sincericidio", su primera novela, en 2018, con Suburbia Ediciones.