(Entrevista realizada por la doctora en Literatura y poeta: Isabel Logroño)

Romina Serrano (Montevideo, 1994) es Licenciada en Letras por la UdelaR, escritora, editora, poeta y docente. Es autora del poemario Ejercicio de las memorias (Otro azul, 2018) publicado en Uruguay y que recientemente acaba de publicarse en España gracias a la editorial Liberoamérica y que ha sido prologado por la poeta navarra, Irati Iturritza. Ha sido galardonada por el Primer Premio de Poesía Joven de la Casa de los Escritores de Uruguay.

Pregunta: ¿Dónde preferiría estar Romina Serrano: en el pasado, en el presente o en el futuro?

Respuesta: Siempre preferí el futuro, pero ahora que tengo veinticuatro y siento que mi vida no es un adyacente sino parte del sujeto, quiero estar en el presente.

¿A quién debemos culpar del olvido: al tiempo, a la memoria o a nosotros mismos?

La culpa es de nosotros, pues las personas somos quienes creamos los conceptos que luego nos desvelan las noches tristes.

Siguiendo el poema “Karma luminoso”, ¿quiénes serían hoy en día los temerarios y quiénes los miedosos?

Sin duda, ser temerario hoy es amar. La contracara se ve en aquellos que solo se aferran a las ideas superficiales que habitan en el miedo para carcomer a los miedosos. O quizás esas ideas solo los duerman. Pero sin duda les quita autonomía frente a las pasiones: amar como acción y reacción, sufrir de la misma forma. Sentir el instante con el peso de lo que vale un beso orgiástico donde estás siempre “tú” en sincretismo con mi alma ardida por ese choque al que vamos una y otra vez como a un ritual.

¿Cómo definirías la “inocencia”? Siguiendo el texto “Fin del idealismo juvenil”, me atrevo a pensar que la inocencia es una “costra” de la que nos debemos liberar para dejar cabida al verdadero yo…

La inocencia en la pureza, ésta última es una invención humana para poner límites a la moral. Perder la inocencia no es perder nada más que una insignia que nunca le perteneció a nadie. Claramente no soy rosseauniana.

En “Montevideo ma merde” he percibido la incoherencia y absurdo del intelectualista bourgeois-bohème de hoy en día… el que quiere dedicarse a teorizar sentado en la comodidad y el lujo. ¿Se puede ser un verdadero bohemio/a en los tiempos que vivimos?

Obvio, solo tenés que darte cuenta de que la ansiedad es un invento de la época y de que los lobbys no te hacen pertenecer a nada. No buques desconsoladamente tu nombre en el reflejo de los otros. Tu nombre es arbitrario y no te une a ningún lado en específico. Lo que nos hace bohemios es este pesimismo que nos mueve a cuestionarlo todo: soy un sujeto barrado, no soy a quien se nombra, ni siquiera lo que he construido. Soy momentánea, puedo dejarme. Me nomadizo. ¿Soy bohemia? No me asiento, tengo que buscar mi propia casa y eso me impide darte esa respuesta.

¿La poesía es sólo un asunto de almas tristes? ¿Sólo venden las miserias poéticas?

Claro que no. Pero el odio y la tristeza venden. Pensá en todo lo que vende hablar sobre sexo triste, sobre un/a otro/a descarado que no nos quiso. El duelo del ego es un lenguaje universal: lo entendemos todos y por eso nos gusta.

Para Romina Serrano ¿el amor es búsqueda intencional o herencia cultural idealizada y heteropatriarcalmente entendida?

El amor no es un concepto ni una palabra, lo que es un concepto y una palabra es el amor que hemos construido. Ese que tiene etapas y obstáculos, como si fuera una de esas carreras de barras. Ay, por favor, amar a la primera cita y desarmar al instante de soledad, qué deleite que no nos permitimos. Yo te amo en el instante que compartimos, luego no estás, no predico en tu nombre, pero cuando volvemos a vernos te amo intensamente de nuevo. Cuando te veo me sumerjo, cuando no: soy un instante en el que no entrás.

¿Amar nos vuelve bombas de relojería, nos hace autodestructivos?

No si amáramos libres, pero amamos con conceptos y no con sensaciones. Si hay conceptos hay teoría, si hay teoría significa que el otro es solo una tesis que busco comprobar o refutar según funcione o no.

Para buscar la identidad, ¿a dónde conviene recurrir: al cuerpo, al nombre o a la palabra?

Ha cada segundo en el que te hayas sentido en el paraíso y a cada segundo en el que te hayas sentido en el infierno.

¿Es más fácil el ayuno del estómago o el del corazón?

El del corazón es el único ayuno porque la clase media no le tiene miedo al hambre, le tiene miedo a no tener lo que es querido.

¿Es un buen momento para el empoderamiento femenino o seguimos teniendo miedo las mujeres a alzar la voz?

Es un buen momento, mirá lo que te aseguro: se va a caerrrrr, se va a caerrrrrr.

¿Cómo ayuda la poesía a tomar conciencia de las relaciones tóxicas?

No creo que ayude por sí misma. Ayuda cuando alguien la toma y te la lee en la cara. La fuerza no está en el poema, sino en la voz del poeta acercándose para moverte con sus palabras mientras te mira a los ojos.

Uno de los versos que más intriga e impacto me han causado han sido: “-renacer duele más/que la propia muerte”, ¿me das tu versión de su significado?

Vivimos nuestra vida fundada en reglas y valoraciones. A veces no te cae la ficha en ningún momento y no te das cuenta de lo muerto/a que estás. Luego, en la segunda y física muerte, sí lo hacés: conocés lo obvio y lo fundamental es una carencia: ya estabas muerto y no pudiste siquiera lutar por vos mismo/a; no percibiste el ciprés de tu cielo estrellado. Pero si intentás salir de eso y tomar las riendas del dolor y el luto, ay, mamita, esa conciencia en movimiento sí que duele. Pero estarías vivo o viva sobre tu propia muerte, al fin de cuentas.

La imagen que he percibido de ti a lo largo de los poemas ha sido la de una Romina oscura, desmembrada, contradictoria, confusa, oscura… dime algo que yo no haya visto o dime en qué me equivoco.

Nunca te diría qué ver o no ver. Soy en vos tu percepción.

Irati Iturritza habla en un poema de Brazos cortos (La Bella Varsovia, 2017) de que el miedo más terrible que podemos tener es el de nosotros mismos: Quería dejarme sola -ha declarado- /ante el peligro/ de mí misma. He percibido esta misma sensación en tus poemas, ¿es verdad?

Es cierto, sí, la relación con uno mismo es a veces despiadada. Incluso en el amor se acaricia con garra. Creo que muchas veces imponemos una voz narrativa, que evoca la de nuestros padres, para contar la historia desde un prisma sujeto a atentados contra el impulso a favor de la razón. Pero toda razón es falseable y toda pasión es mentira, aunque verosímil, y toda existencia es un miedo que a veces saca de paseo a la paz.

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Portada de Ejercicio de las memorias (Romina Serrano, Liberoamérica, 2018)

 

Escrito por Isabel Logroño Carrascosa

Doctora en Filología hispánica. Docente de secundaria y bachillerato. Investigadora y crítica literaria.