“Era un día helado, enterramos a la gata, después agarramos la caja y la prendimos fuego en el patio de atrás. A esas pulgas que escaparon de la tierra y del fuego las mató el frío.”

Camila Fabbri estudió dramaturgia, actuación y narrativa. Escribió y dirigió obras de teatro, colaboró en medios gráficos y escribió un libro de relatos: Los Accidentes. Camila es un año mayor que yo y eso, de alguna forma, me hace sentirla más próxima. A lo mejor por eso sus textos se fueron metiendo en mi cuerpo como si fueran anécdotas contadas por una compañera de facultad o una prima que no ves muy seguido.  Alguien que te genera expectativa, que habla sin esfuerzo, con la tranquilidad de saber que tiene mucho hilo en el carretel de sus historias.

20190122_1634441870953364.jpgLos accidentes guarda 14 relatos. Algunos de apenas una o dos carillas. Todos posibles, ninguno probable. Son claros, directos y fuertes. Hay lugares comunes que terminan por dar un giro hacia lo fantástico y hay diminutivos que suavizan frases terribles.

“Mordíamos la acera y después nos besábamos. El contacto era cálido y húmedo”, se lee en el texto que abre este libro. “Nacimiento” es una historia de amor. El amor de una pareja joven que juega a romperse la piel, a sangrar y sobre todo, a no morir. “En la espalda, autopistas y rutas de cicatrices”. La noción de dolor significa vida. El alivio de ayudarse a sanar.

En “Carretera Plena” el viaje por ruta de otra pareja se mueve entre lapsos de sueño y vigilia, frena de golpe en un hallazgo extraño que no llegan a entender y se resuelve con tintes cortazarianos.

El último de los relatos, “Un abrazo es un fantasma”, duele por avasallante, por dulce y por amargo. “Casi siempre se le mezclan los líquidos a la nena: el llanto y la ducha (…) Porque ella le gusta tanto que se le duerme la cara.”

El universo de Camila Fabbri es ruidoso, hiriente, sucio. Tiene gusto a sangre y olor a nafta. Sus textos laten a ritmos anormales, llevándote por una lectura que sube y baja en intensidad, que mezcla sentimientos y se presta a varias relecturas.

Nada es lo que parece y eso, se disfruta.

Escrito por Natalia Amendolaro

Buenos Aires, Argentina. 1990 Lectora voraz. Escritora como forma de vida. Autora del blog Escriarte y del libro "Resultó que éramos libres" Colabora en la revista Liberoamerica. En la búsqueda permanente de nuevas formas de unir arte con palabras.