9 preguntas cósmico-literarias a Yamila Bêgné

Hace unos meses hablábamos con un escritor amigo de tus Protocolos naturales. Maravillados por el alto grado de precisión que caracteriza tus cuentos, ambos nos preguntábamos cómo podría llegar a ser una novela de tu autoría. ¿Diferiría mucho de tus cuentos? ¿Podrías darnos alguna pista? Y, por supuesto: ¿estás escribiendo una novela?

Sí, estoy escribiendo una novela. De hecho la terminé en Iowa y ahora la estoy corrigiendo. Tengo otra novela terminada pero con la que no estoy muy conforme. Cuando termine de corregir la nueva voy a volver a la anterior para corregirla. A la que estoy terminando de corregir ahora le puse el mismo nivel de investigación que le pongo a los cuentos en general, pero también me pareció que era el momento de ponerme precisa en otros sentidos y aflojar el hermetismo científico más propio de los primeros cuentos. Era algo que había intentado en la primera novela pero que resultaba muy arduo de mantener en la lectura y además que la hiciera interesante y me permitiera investigar otras cosas que con los cuentos no hice demasiado: desarrollos de personajes, espacios, etc. Y en una novela, por más foco que uno ponga en el lenguaje, que es lo que yo siempre quiero hacer, creo que entendí finalmente que también tiene que tener un desarrollo de personajes, al menos algo de trama, un poquito de algo jugoso.

Entonces, un poco conscientemente y un poco en el proceso, cambié el foco en relación a los cuentos. Sobre todo en relación a Protocolos naturales, que son cuentos casi 99% cerebrales, porque la emoción que hay está filtrada por la forma cerebral. Con la novela tuve que abrir un poco el cerebro, estaba harta de mi cerebro. Tuve que empezar a pensar con la piel, no sé, de otra manera. Sí lo usé para investigar las cosas que tenía que investigar para la novela: astrología, astronomía, ciencias ocultas. Pero después fue aprender otras cosas, como a desarrollar un personaje de largo aliento. En realidad son tres personajes. Pensar voces, una trama larga. De todas maneras sigo buscando precisión en el lenguaje pero dentro de algo más abierto.

Tanto en tu último libro, Los límites del control, como en Protocolos naturales, uno advierte de inmediato un fuerte trabajo previo de investigación llamémosle histórico-técnico-científico-terminológico. Pienso, por ejemplo en “Cajas de Humo” o en “Archivo fluencia”. Te imagino revisando diccionarios, enciclopedias, googleando palabras raras, ¿es así? ¿Cómo es ese trabajo detectivesco; lo disfrutás o es un mal necesario?

Es totalmente así. Lo disfruto un montón. A veces es el lugar desde el cual surge un cuento. Por ejemplo, leyendo un libro sobre ciencia o a partir de un concepto científico. Como en “Velocidad de escape” (de Protocolos naturales), que es un concepto científico: la velocidad que necesita un proyectil para despegarse de la atmósfera de cualquier planeta. A veces pasa así. Leyendo sobre otros temas encuentro una idea posible para traducir a ficción. En el caso de “Cajas de Humo”, surgió de la idea de que tiene que ser verdad que alguien soñó por primera vez con algo y a partir de ahí elegir un objeto que fuera interesante; al principio había pensado en una pluma, una flecha, algo bien básico, pero después llegué al tema de la locomotora y ahí fue buscar entradas enciclopédicas sobre la locomotora, la Inglaterra de aquella época, las bibliografías de los involucrados en el invento, etc. Eso también va refinando el cuento. Te da el vocabulario. Te sugiere burbujitas de trama.

Es evidente que tus libros de cuentos están atravesados por cierta “curiosidad científica”. ¿Cuál es tu relación con la ciencia? ¿Tenés algún tipo de compromiso real o ficcional con la búsqueda de la verdad?

Leo mucha ciencia. Me interesó siempre. Me hubiera gustado muchísimo que sea mi carrera real. Siempre había libros de ciencia en mi casa. Mi mamá es ingeniera química. Uno de los primeros regalos de mis viejos fue un globo terráqueo. Mi papá mostrándome los movimientos de rotación y traslación de la Tierra. Era algo que me interesaba pensar. Sobre todo la idea de tiempo. Me gustaba pensar eso de un modo racional. Bueno, mi tema de doctorado, de alguna manera une literatura y ciencia, busca pensar de qué modo el saber astronómico, astrológico, meteorológico de la época entra en la literatura del siglo XIX, de qué modo también las textualidades científicas pueden leerse desde la literatura. Son cosas que me interesan particularmente: cómo nosotros que no somos entendidos en ciencia podemos leer la relatividad de Einstein y entender algo. Las fórmulas las dejas pasar, pero hay algo, al menos hay lenguaje.

Aunque Puán nos ha adiestrado en el camino contrario, no sé. La ciencia es tentadora como verdad. Me cuesta mucho poner a la ciencia en la bolsa del relativismo. No es que busque conscientemente la verdad pero quizás hay cosas que subjetivamente se sienten más verdaderas que otras y sería tonto dejarlo pasar porque en “Teoría y análisis” aprendí que no

Los nombres de tus personajes me encantan: Maila, Ladio, Arla, Ledos, etc. Creo que son los nombres que usarán los seres humanos en el futuro. Al utilizar nombres que no nos remiten a nada, que se están estrenando, ¿sentís que das más libertad simbólica a tus personajes? ¿Cómo concebís la relación nombre/personaje?

Sobre todo en los cuentos de Protocolos, la verdad es que no pensaba mucho en los personajes, pensaba más en el lenguaje, en las texturas, en los conceptos y los personajes eran de algún modo variables… No sé, tengo ese recuerdo, por ahí no es así. Y corrijo adensando a los personajes, porque tiendo a dejarlos de lado. A veces al principio no tenían nombre, eran “el sujeto”, “la sujeta”. Y después los nombres… A mí me gusta mucho la sonoridad de la M, la L, la U y la I, entonces creo que van por ese lado. Y también sirven para marcar un límite, para que cada cuento se defina para adentro, no con lo que hay afuera del cuento. Y, después, en relación a la vinculación entre los personajes y los nombres, mientras no sea simbólica me parece que está todo bien. Puede tener que ver con el verosímil, me parece que el nombre es una variable que se maneja como cualquier otra herramienta y ahí sí no hay como una esencia a buscar (digo, volviendo a la pregunta de la verdad). Tiene que aportar a la atmósfera general del cuento.

Sé que hace poquito tuviste la oportunidad de realizar una residencia en la Universidad de Iowa, Estados Unidos. ¿Te gustaría contarnos algo de esa experiencia? ¿Sentís que regresaste fortalecida como escritora? Justifique su respuesta.

Sí, la residencia estuvo buenísima. La verdad es que tener el tiempo y el lugar para poder escribir sin preocuparte mucho de nada más está buenísimo. Por otro lado, en esta residencia en particular te tenés que preocupar de muchas cosas: tenés que dar clases, hacer presentaciones en la biblioteca, paneles, charlas, lecturas, sesiones de cine, talleres de traducción con alumnos de una Maestría de allá. Es muy completo e interesante y además conocés a escritores de 30 lugares distintos del mundo y eso es lo más rico. Saber un poquito cómo funciona lo que uno hace en otros lugares está bárbaro. Pude terminar la novela allá, investigar mucho porque tienen una biblioteca increíble. La sección de literatura argentina es maravillosa. Yo llevé mis libros para dejarlos y ya los tenían. Me morí ahí mismo. La editorial más independiente que se te ocurra estaba ahí. Fue un desafío estar hablando todo el día en inglés y escribir en castellano. Y sobre todo creo que me dio un poco más de confianza, en el sentido tonto de autoconfianza, no dudar tanto todo el tiempo de si las cosas van a salir o no y confirmar que lo que importa es escribir.

Antes te pregunté por la ciencia, pero, ¿y la filosofía? Para mí tu cuento “La ocho con cuchillo” es requete filosófico. ¿Leés textos filosóficos? ¿Te hacés preguntas existenciales?

Sí, preguntas existenciales todo el tiempo. Y textos filosóficos leí un montón, ahora releo cosas que ya leí. Pero no estoy leyendo filosofía ahora. Bueno, yo empecé a cursar la carrera de Filosofía. Recuerdo estar en “Estética” y tener que leer la Crítica del Juicio. Ocho horas de concentración. Es otro tipo de lectura. Ahora no estoy encontrando el tiempo para eso pero sí leo o releo ensayos de Benjamin o de Bataille. También textos de misticismo o de hinduismo.

¿La comprensión de la naturaleza del amor es un ejercicio de observación astronómica?

Ese es un modo seguro de acercarse al tema. Uno lo ve desde afuera, con un telescopio y no se mancha las manos. En lo que hace a los cuentos es interesante la perspectiva de tener un narrador lejano o incluso un narrador personaje inmerso en una situación amorosa pero que la mira bien desde afuera. Ahora, en general, para la vida, no sé.

En una entrevista reciente leí que estás trabajando en un conjunto de poemas. También comentás que te fijaste la meta de escribir un poema por día. ¿Venís cumpliendo esa promesa? ¿Qué características (formales, temáticas, estéticas) dirías que tienen tus poemas?

Sí, esa era una meta que me había fijado para cumplir durante la residencia y la verdad que no la cumplí. La venía cumpliendo desde antes, venía escribiendo un poema por día pero allá, aunque escribí muchos poemas (no uno por día), me concentré más en la novela. Tengo un libro de poesía terminado. Me parece que aprendo cosas escribiendo poesía que me sirven para la narrativa y al revés. A veces viene bien cambiar de género. Lo mismo cuando escribís un ensayo, que pone en tensión la diferencia con la ficción. Los poemas que escribo tienen mucho de astronomía. Ahí sí me gusta más el contraste entre la forma poética y conceptos duros, me gusta investigar que puede hacer una palabra como “relatividad” adentro de un poema. Leo bastante poesía. Cuando estuve allá me copé mucho con Anne Carson.

Por último. ¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Podés adelantarnos cuál será tu próxima publicación?

Ahora estoy cerrando la novela que te decía antes. Espero poder publicarla. Tengo varios libros de cuentos que están terminados pero la verdad que no tengo ninguna certeza. Supongo que por una cuestión cronológica lo que va a salir primero es algún libro de cuentos. Esperemos que este año. La novela no sé.


Yamila Begné
Yamila Bêgné – Buenos Aires, 1983. Es Licenciada en Letras (UBA) y magíster en Escritura Creativa (UNTREF). Publicó el libro de relatos Protocolos naturales (Metalúcida) y El sistema del invierno (Outsider). Participó en revistas digitales de literatura, como El Interpretador y Letral, y en distintas antologías, como Una terraza propia. Nuevas narradoras argentinas (Norma), El tiempo fue hecho para ser desperdiciado. Antología urgente de nuevos narradores argentinos (Libros del perro negro) y La frontera durante (Outsider). Los límites del control (Alto Pogo, 2018) es su último libro publicado.

Foto principal: Umar Timol.

Escrito por Leandro Surce

Licenciado en Ciencia Política (FCS-UBA), estudiante de la carrera de Filosofía (FFyL-UBA) y editor. Mención en el certamen de cuentos "Vicente López, ciudad fantástica" (2012). Primer premio certamen de microrrelatos Revista Crac!-Literatura (2013). Algunos de sus microrrelatos han sido publicados en las revistas Minificción (México, 2016, 2018), Plesiosaurio (Perú, 2017, 2018) y Brevilla (Chile, 2017, 2019). Obtuvo, dentro de la categoría estudiantes, el segundo premio del "I Certamen de Ensayo Filosófico" organizado por el Departamento de Filosofía (FFyL-UBA, 2017) por su ensayo “Intemperies: Las vacaciones de Nietzsche o cómo filosofar sin abrir el paraguas”.
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