Terremoto acompasado

Jugamos a ser los muebles de esta casa vacía. No se trató de volvernos objetos, sino de moldear el cuerpo, jugar, y permitirle al otro que desde otras formas nos perciba.

Una silla, es lo primero que fuiste. Recuerdo que para sentarme elegí una pose en la cual mi trasero quedara al borde de tus rodillas. Fuiste una silla magnífica, mecedora. Me abrí de piernas y la diminuta falda rosa que traía, tembló como cortina frente al ventilador. Delicadamente recorrí el pedazo de tela que se interponía entre mi humedad y tu motín de sangre. Fui bajando. Mis muslos se deslizaron centímetro a centímetro, se convirtieron en cincha. Eras la silla de Tutankamón. Fuiste una silla que me penetró. Tus hombros sostuvieron mis brazos. Te acosté y tu espalda dio contra el colchón. Estuve de rodillas. La silla seguía rígida. Fuimos representación divina. Eternidad.  Fuiste la silla. Albarda precisa, masa flexible, llama infinita.

Una mesa, es lo primero que fui. Cuatro columnas perfectas, texturas etéreas. Te acercaste curioso y hambriento. Se te adelantó la boca. Mi barniz parecía caramelo, tu lengua me rodeó. Te inquietaste con la precisión de mi centro. Bebiste a lengüetazos el agua contenida entre mi pubis y mi ombligo. Fui una mesa mundo, fuiste un navegante. Presidiste el manjar de la tarde. Comiste hacia adelante, con ritmo, con gozo. Nombraste cada tono en el sabor de mi madera. Tú oraste en agradecimiento a posteriori. El símbolo de la mesa se resignificó. Te abrazaste a mí.

Una cama, también eso fuimos. El lugar donde reposan los sueños. Donde la satisfacción se distiende. Construimos de manera horizontal un espacio para gozar y descansar. Para brincar cuando el día se pone contento. Nos extendimos y encima sólo teníamos el lejano techo. Compartimos la contemplación; también la vida agitada de un colchón. Compartimos el sudor. Extendimos los brazos, nos fundimos en la región del otro. Fuimos remolino, terremoto acompasado.

Fuimos la cama y fuimos nosotros viéndonos. Jugamos a eso, y al día siguiente jugamos de nuevo, pero con otras reglas, con otros modos, con otras palabras, con otros símbolos, con otros nosotros.

Escrito por MARISABEL MACÍAS

Nació en Los Mochis, Sinaloa (1986). Es sudcaliforniana por convicción, y ahora, habitante silenciosa y turbulenta de la Ciudad de México. Licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), exploradora eterna de la sabiduría. Feminista. Lectora. Amante de la docencia. Promotora de lectura. Ganadora del Premio Estatal de cuento Ciudad de La Paz, 2014, con el libro de relatos PENNY BLACK. Becaria de FESTIVAL INTERFAZ DE ISSSTE-CULTURA 2014 (Primera generación). Publica en su propio Blog y en algunas Revistas virtuales (RojoSiena, Liberoamérica, Sudcalifornios.com, ProyectoCascabel, Pez Banana, entre otras). También cuenta con publicaciones en revistas impresas de circulación nacional (CantaLetras, Grito Zine, Solar y Libélula nocturna)
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