Qué quiero decir.

Es jueves, pero podría ser lunes o martes y todo desde mi balcón se vería igual: al frente una serie repetida de ventanas, la cordillera a mi izquierda y del lado opuesto el rastro breve del atardecer. Qué quiero decir, pronuncio entre dientes. Luego pienso lo mismo mientras preparo un té. Reviso mi teléfono, tengo varios mensajes nuevos pero no abro ninguno. Enciendo la laptop, abro Word y escribo «Qué quiero decir»

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De adolescente hice las paces con la soledad a través de los libros.  Pasé muchas horas encerrada en mi cuarto o en el departamento, que en ese entonces construían en el techo de mi casa, leyendo. Allí me imaginé recorriendo las calles de Macondo, lloré la muerte de Paula, leí un libro robado, me sentí atrapada junto a los hermanos de la familia Dollanganger y quise ser Aquiles. Los libros, en ese entonces, ya eran mi forma de sostener y mejorar la realidad.

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Hace poco tiempo conocí la historia de Anna Ajmátova, una poeta Rusa que durante la dictadura de Stalin no dejó de escribir a pesar del riesgo que suponía. Una vez escrito el texto, Anna memorizaba cada fragmento y luego quemaba el papel.

«No, no soy yo, es otra la que sufre» escribió, memorizó y quemó Ajmátova. En momentos donde la poesía era un peligro para ella y una obsesión para el Estado, ella la convirtió en su forma de luchar y resistir la realidad.

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Durante uno de los tantos apagones nacionales que han afectado Venezuela, puede hablar con mi mamá. Me contó que ella y sus amigas han optado por leer cuando no hay luz. Leer cuando no hay luz, como si la las palabras nos hicieran ver más limpio el camino, como si los libros pudieran guiarnos cuando todo es confuso. Como si al leer nos estuviésemos salvando. Leer, siempre.

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Es jueves, pero podría ser lunes o martes y todo desde mi balcón se vería igual. Tomo un sorbo de té, me lanzo al piso con los brazos y piernas extendidas. Qué quiero decir, digo entre dientes. Me levanto, tomo el libro que tengo más cerca, lo abro y leo:

«nunca se ha visto sangrar a una palabra
nunca se ha visto arrancar a una palabra
nunca se ha visto comer a una palabra
nunca se ha visto sentir sed a una palabra
nunca se ha visto morir a una palabra»

Eso quiero decir.

Escrito por Daniela Hibirma

Daniela Hibirma (Venezuela, 1991). Estudió Comunicación Social, trabajó en distintos medios de comunicación tradicionales, digitales y audiovisuales. Actualmente reside en Santiago, Chile.