La siguiente es una antología que representa, por medio de diferentes voces y estilos, la diversidad de emociones que solo nos puede  transmitir la figura de la madre, arquetípica, humana e inalcanzable. Quedan invitadxs a su lectura.


Rostro

(Ramiro Cueva, Ecuador)

En ese mapa de tus poros
tiembla el cuerpo de la angustia
y la forma de la alegría
también se dejan ver guiños
de incertidumbre
una soledad cristalizada en el agua de los ojos,
desde el inicio tu rostro fue una Luna de carne
con una luz que espanta a las duras noches
a las horas donde la piel se viste de fiebre
a los demonios que están entre las cortinas.

Tu rostro que recita en las madrugadas
pequeñas palabras amén
y que con los dedos entre las tinieblas
palpa el cuerpo de las cuentas del rosario,
ese rostro que tiene humedad
cuando va a la iglesia
cuando vigila el arder de las ollas
en el minuto que visita las pequeñas jaulas
donde alimenta ángeles diminutos.

Tu rostro cubierto de tiempo
ese tiempo que se quedó en mis huesos
en huellas de moral como castigos
y las tardes hambrientas de mis hermanos,
cada línea del rostro es un eco de recuerdos
para olvidar un ayer con huellas de muertos
y las estaciones de Santo Domingo en el calendario.


46

(Patricio Vega, Ecuador)

12/05/2012

Siempre estás

Siempre estás aquí
levantando a tu chiquillo de más de veinticinco
siempre con la misma ternura
con la magia infalible para sanarme.
Amo tus brazos que acunaron mi cuerpo
que me resguardan del frío
que consuelan la ausencia de papá
amo las yemas de tus dedos que secan mis lágrimas
tu sonrisa en la que creo y es mi religión
amo tu valentía esa forma heroica de ponerle el pecho a las balas.

Mamá… ¡Perdón! porque vestí de oscuro
¡Perdón! por las desveladas y llantos
por todo el martirio de tu muchacho descarriado.
Sé que nunca deseaste verme fantaseando ser poeta
Sé que soñaste verme en otro lado y no en papeles
desperdiciando mi tiempo
escribiendo cosas que a los demás no les interesa
pese a ello, todo lo aceptas, todo me solapas
esas malas noches y desaparecidas
mi alianza con los metaleros y poetas
los ocios y altanerías de muchacho rebelde
que nunca cumplió sus torpes amenazas.
Mamá, es bueno saber que no falta el consejo y las carcajadas y aunque siempre al despedirme, obligado a retornar a la rutina de una ciudad a tres horas de distancia me doblega el llanto siempre nos unirá un buen recuerdo y la nostalgia.


Papel sobrante

(Ana Paulina Soto, Ecuador)

No gastaré papel en lo que ya sabemos:
“Madre, te quiero”
o “Tus ojos son como el cielo”
ya se han escrito siglos de mieles en tu boca
ya sabemos que tu pelo aúlla como los lobos
de tu sacrificio horizontal
de tus instintos animales y exaltados
Porque ¿Cómo explicar este sentimiento enmarañado?

Que mientras tú me cuentas que la vecina soltera va por el tercer hijo
que el borracho de la esquina chocó el carro
y que en el mercado todo está más caro
yo te miro y te amo en silencio
¿Cómo decirte lo hermosa que eres?
¡Cómo brilla tu fecundidad mundana!
Tu ira primitiva cuando me gritas
Tu barro destilado cuando me tocas
eres todas las luces y todas las casas
¿Cómo describir la inmensidad de tu eje?

Y mientras te miras en el espejo
buscando tu juventud perdida
quejándote porque no encuentras tus ayeres
yo pienso: “Eres tan hermosa”
El dios loco y malvado que nos gobierna
te cincela con furia cada día
pero tú sales victoriosa de aquel ataque
como un ángel imposible
Cada vez que trata de acabarte con una arruga violenta,
una cana escandalosa, una mancha extraña,
cada vez que trata de hacer flotar tu carne entre abismos oscuros
tú sales del fuego, aún más hermosa y terrible
como una guerrera cubierta de insignias

¡Cómo resplandeces!
¡Cómo son azules tus ondas diarias!
El universo se hace a un lado para dejarte pasar
cómo eres de infinita en un fragmento
y cómo eres de eterna en este instante


Tu retrato

(Ana Cevallos, Ecuador)

Tu retrato descansa en el lugar de siempre
como para salvarte del olvido
con los colores imperturbables;
tan cálidos,
tan vívidos,
como si el tiempo solo rozara
sus orillas amarillas.

Te contemplo y sé que sigues aquí
sobre todo en esas horas
cuando la soledad es trágica
y necesito alojarme en tu mirada.

Te contemplo y sé que sigues aquí
en este agosto que me devora de nostalgia
como gota que se columpia en las pestañas,
como poema que aletea en la memoria,
como viento de pájaros
temblando en mi sangre.

Sabes, yo sigo caminando
por los mismos efímeros días
con la misma frontera de piel,
sabiendo que la caravana de la luz
un día me alcanzará
y entonces seré como tú;
habitante de otros horizontes,
navegante eterna de los sueños,
libre de esta cáscara de penas…

Pero hasta tanto te imploro que me alientes,
que me ates a tu pecho etéreo,
que me pintes en las noches una estrella,
y me regales una caricia de tu alba
capaz de desgastar mis sombras…

Ana Cevallos Carrión
Loja, 03 de agosto del 2013.S


Heredar soledad

(Josué Negrete, Ecuador)

Madre, las cobijas están llenas de escamas. Mis dedos son una bandada volando hacia un horizonte circular. A la ciudad la invadieron elefantes. Tal vez vinieron a hablar sobre la importancia de caminar lento. Hace tiempo dejé de escuchar los cantos letales, regados. Ma, ¿puede uno acostumbrarse a la penumbra? No deja de herirnos, ma. Las palabras se gastan en soledad, se gastan mientras camino por acogedoras calles salvajes.El silencio se queda atragantado en las extrañas madrugadas del letargo: hemorragia de silencio. El hogar ha dejado de ser hogar, sus puertas son ahora una ceniza que no se puede barrer/ los lechos han dejado de latir/ la comida es rancia y los abrazos son asesinos. ¿Cómo abandonar el atajo que nos ofrece una falsa plegaria? Déjame caminar en retro y sé mi olfato. Hay balas que son semillas y los niños se esconden para jugar con ellas, entre ellos se las incrustan disparo a disparo, porque están seguros de que su cráneo lo resiste todo: crecen raíces niños de verdad. Probablemente así era yo, no lo sé. Madre, dime, ¿no sientes que ya es tiempo de saber el color que le pondremos a nuestra canción? La memoria a la espera de su sepulto: recuerda y no dejes que yo olvide, madre, la dulzura con la que matábamos a las cucarachas que tanto miedo te daban, tampoco olvides las lágrimas con las que nos acurrucábamos en hamacas que también eran trenes. No puedo disimular el deseo de lamerme las heridas, madre; tú tampoco podías: la sangre nos desnuda. Paso a paso, las nostalgias lúcidas y malditas. Las palabras necesitan ser anestesiadas/ porque tú y yo vamos a extirpar su agónico ruido. Madre, tengo angustia por no matar los designios que me dejaste, limpiar las llagas que me dejaste. Seres extraños quieren bailar al ritmo de una tonada absurda; quieren que me mueva como ellos y mis piernas deciden no responder. Alguna vez dijiste que jamás me dejarías solo; supongo que te creí. Ahora te digo: no quiero que me acompañes. Vete, pero déjame tus alas, porque los chubascos no se apagan y yo quiero cubrirme con tus alas.


No hay nombre para el fuego que se da sin tregua

(Amanda Pazmiño Torres, Ecuador)

Madre
es quien te fractura el cráneo
con una palabra
o con un beso
quizá nadie conocerá
tan cabalmente
las ruinas de tu pasado
presente y futuro

nadie más podrá señalar su vientre
diciendo
aquí tu hogar
aquí mi sangre corriendo por tus venas
aquí mi feracidad caníbal
[huye sin profecía]
me pregunto ahora
-a solas y sin miedo-
cómo puede alguien olvidar
un cataclismo tan hondo
como su risa
o su llanto
cómo se puede amar tanto
un hogar-territorio-alma
en la paradoja más cruda
donde la muerte era
un horror posible
la corrosión de nuestros cuerpos
y la realidad parda
de vivir libre y presa
al golpe del silencio
en un vientre salino
soy un lenguaje
que ha burlado la muerte
a través de ti, madre
y no sé arrepentirme


Oración para mi madre

(Mariana Falconí Samaniego, Ecuador)

Madre,
Inmensamente madre,
que estás con nosotros,
Dios te guarde
en estos días y noches
de color alucinado,
cuando huracanes de odio
contaminan el ambiente,
la violencia y la envidia
en amistad vergonzosa
son el pan de cada mesa,
cuando el diario de la tarde
nos trae la noticia
que cada minuto
nace un niño,
y cada segundo
otro niño muere
en alguna parte del planeta.

Dios te guarde,
en estos tiempos sin tiempo,
cuando la ambición ataca
con sus mil tentáculos,
a nadie importa
la suerte del hermano,
cada quien vive la vida
como le da su gana,
ya no hay samaritanos
que te ofrezcan agua,
tampoco cirineos
para alivianar tu carga,
el mundo ha regresado
a ser torre de Babel
donde cada quien mastica
su propio idioma.

Dios te guarde,
de ésta impiedad que nos devora
como lobos sanguinarios,
sin respeto al anciano,
al enfermo,
al desvalido,
en ésta selva de cemento
donde el corazón se ha perdido
sin que a nadie importe
si está muerto o vivo,

Dios te guarde,
porque con tus lágrimas,
manantiales de ternura
purificas lo malsano,
de tu carne brotan rosas
de amor y sacrificio,
y en tu cuerpo engendras
el misterio humano.

Dios te guarde Madre,
infinitamente Madre,
porque sólo tu presencia
hace que este mundo
siga siendo digno de vivirse.


Piel

(Shirley Andrade, Ecuador)

Miento y le digo que me perdone, que la amo
ella también me miente y me abraza
su cuerpo no me engaña, lo huelo, lo olía desde adentro y lo reconozco
huele al deseo de expulsarme, de sacarme de ahí, de limpiarse y entregarme a mi suerte.

Mi suerte me toma y hace que se inflamen mis entrañas,
ahora yo soy la base, la matriz,
el karma se impone, soy la portadora del ciclo
crear vida-expulsar vida-crear vida- expulsarla.

Me limpio, ella me enseña cómo y me toca el vientre,
ahora debo procesar mi piel como lo hacen las fuentes,
extenderla en alambre de púas, colocarla al sol hasta que se seque
una tristeza imperial me absorbe, me reflejo en su cuerpo
soy ella.


XII

(Isaac Freire, Ecuador)

A mi madre, en la eternidad. Por los siglos de los siglos.

Noches aquellas en que Dios te creo,
sollozando el dulce encuentro,
tanto que por sus codos sangraste y
te confundiste entre las lágrimas del mundo.
Después de acomodar el día y la noche, ese dios
jugó con el reloj y te hizo hora;
te volvía de piedra y
hacía nacer joyas en tus manos.
De un pozo profundo y seco
te hacía secreto;
La límpida mañana estaba a tus órdenes
y el cielo sorbía a besos tu nombre desnudo.

Al borde de la Tierra siempre fuiste;
de noche; de sol,
en la cima o en la nieve, siempre
brillaban tus pupilas vestidas de azúcar;
silencio en el mundo que te voy a vestir
de lila,
de naranja,
de mate, de azul cielo…
pequeñas sedas derramadas con pincel
que empapan al corazón.
De la mano de dios se hizo de noche y tú cantabas;
tras de ti todo no tiene dueño
y te reclama como suya;
más en mis manos, manos de poeta
haz de cantar por sobre el mundo y la tierra infértil;
bajo tu pelo enredado de claveles
irás perfumando hasta las copas de los árboles.

Bajo estas letras quedarán huellas
del horizonte, de donde arderán los días dándose el último beso.

Me libras de quedarme atrapado entre
las botellas de un cansado día;
recibes el cuerpo de los hombres y
los vuelves de arcilla. Ya me dirá dios
si tú eres la diosa de él. La Diosa de Dios.
Si él te creo o tú lo creaste y no hubo testigos.

Eres el terrible latir de las flores antes de ser cortadas.
Tienes los ojos de nieve
y un párpado blanco siempre rodea el mundo;
llegas con todos los campanarios
y jamás te vas,
jamás duermes, jamás duermes hasta que la ciudad duerma.

Quizá sea otra vida, quizá sea esta vida
pero ya en todos mis muros están enraizados
las doce palomas que te dieron la bienvenida;
eres la cosecha que cada día espera un campesino,
aún sin las más mínima esperanza de lluvia.


Poema inconcluso

(Sara Montaño Escobar, Ecuador)

{Fugarse de ellos. De las figuras de barro que me abrazan
en la noche}
De aquella que me tiende la ropa y me alimenta.
De la mujer que nació con un niño en sus brazos y jamás
hizo preguntas,
                                    a las eternas batallas de su vida.
Pequeña madre:

Espero no haberte decepcionado
cuando no pude quedarme con el hombre que quiso
construir un hogar, junto a mí. Y yo soñé en su pecho y en
todos los niños que tendría a su lado.

Antes de nacer ya estaba herida. Antes de nacer bauticé
Tu vientre con mis lágrimas.
Y ya jamás pude dejarte. Ya jamás pude verme sin tu
mirada, que es mi Kriptonita y la estrella a quien rezo
esperando que me escuche.

Tu hija está herida. No puede contra el muro de las palabras.
No puede apagar el fonógrafo de sus eternas demoliciones.

¿Por qué mi piel es de sal y de lunas rojas?
¿Por qué temo a la noche y a su lenguaje?

¡Oh, pequeña madre!
Duermes a esta hora. Y yo me incendio. Yo sueño
con osamentas de gotas cayendo del grifo del baño.
Quiero abrazarte y perfumarme en tus manos.
Quiero comulgar mi tristeza en tus brazos.
¿Por qué a quien amo, siento inevitablemente, lejos?
Aunque esté a mi lado, sufriendo mi silencio hereditario.
Oh, pequeña madre.
Ya no puedo conmigo. Enséñame a ser una hija de amor
dentro de tu pecho.
Mírame y perdóname el momento
en que al nacer, fui otra más… de tus heridas.


Madrecita mía
(Dante Vázquez, México)

Madrecita mía, madrecita mía,
hoy que sonrientes chispean las estrellas,
tengo dos palabras, dos palabras bellas,
que darte quiero antes de que llegue el día.

Por favor, no las encierres en botellas,
madrecita mía, madrecita mía,
y las tires en el mar de la apatía,
de mi corazón la ternura está en ellas.

Madrecita mía, tenlas en tu ser:
para protegerte, de la soledad,
y de la tristeza, en el anochecer.

Madrecita mía, por tu caridad
y por enseñarme paciente a crecer,
Dios siempre te llene de felicidad.

                                                                    Te amo.


Quiero decirle a mamá que no está solita,

(Nadia Bernal, México)
Allá en 1996 cuando su útero sangraba
y el dolor era el pago por ser mujer,
tampoco estaba sola.
Quiero decirle a mamá
y a su mamá, mi abuela
y a la mamá de mi abuela
que veintitrés años después
me reconozco frente a ellas
y frente a otras
y frente a las que nunca conocí
porque se las llevaron
o porque sus abuelos
sus tíos
sus novios
las metieron en alguna caja
y les dedicaron canciones
que se dejaron de escuchar con los años.
Quiero decir
Mamá ya puedes llorar
hasta que las piedras de tu jardín
te escuchen
y las piedras en tus ovarios
desaparezcan,
me puedes platicar
de las mujeres de las que
te enamoraste
o qué fue de los hombres antes de papá
y de las mujeres que entendieron todo mal
una mentira que les dijeron
mientras preparaban el almuerzo.
Quiero decir
Mamá no tienes que avergonzarte
de las estrías que quedaron en tu abdomen
las varices te duelen
te prometo que solo es temporal
como la artritis de mi abuela
que se esparce entre sus manos,
las mismas que bordaron servilletas
con las que limpiamos nuestras lagañas.
Quiero decir
Mamá ya no estamos solas
ni mis hermanas
o las amigas de mis amigas
las que también quieren ser mamás
o las que sueñan con no serlo
las que viven con un gato
o un perro
las que usan escobas para volar
y se llenan de fuego el pecho
y caminan por la ciudad
el campo
las carreteras más alejadas
o se quedan en la cama
a beber leche
o a bailar en la oscuridad
como ayer que nos apropiamos de la cocina
hicimos un monumento
con los trastes sucios
y prometimos nunca
dejarnos solas.


Chiquitito

(Mere Echagüe, Argentina)

me decía
arriba
vamos que mamá
tiene que ir a tocar
la canción.
Me dejaba en lo de Chela
o en lo de Lili
y volvía
escondiéndose el sol
escondiendo sus manos
destruidas
ella
no sé qué instrumento tocaba
pero era difícil
el cansancio de sus ojos
la canción en la cabeza.
Chiquitito
me decía
upa no
a mamá le duele la espalda
le pesa el instrumento
que toca todos los días.
Una vez llegó a lo de Chela
o a lo de Lili
ya no sé
arrastrando sus últimas fuerzas
y un artefacto
viejo rotoso
me dijo
ahora mamá puede tocar
para vos.
Prendió la lustraspiradora
me dormí escuchándola
susurrando un tarareo
mientras acariciaba mi frente
esta vez
el instrumento la acompañaba.
La canción de aire
la llamaba
la que practicaba todos los días
en la casa de los señores
del otro lado de la ruta
donde todas las calles
eran asfaltadas.

Escrito por Sara Montaño Escobar

Sara Montaño Escobar (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general. Sus poemas se encuentran en revistas de Ecuador, México, Venezuela, Argentina, Colombia y España. Parte de la Antología de poesía y relatos publicada por el Municipio de Loja (2017). Relato publicado en libro cartonero “Pasaporte”, un proyecto que corresponde a tres editoriales cartoneras: Dadaif Cartonera (Ecuador), Cossete Cartonera (Francia-Brasil) y Pirata Cartonera (Ecuador-Salvador). Publicó la plaquette Génesis de ausencia (Vis-k-cha, Editorial independiente, Loja- Ecuador, 2017).