Otras están muertas

Hay días en los que soy tremendamente pesimista: cuando leo que hay niñas obligadas a ser madres tras ser abusadas sexualmente, por ejemplo. Otros en los que al final del día me siento estúpida por creer que despenalizarán el aborto y que finalmente muchas mujeres no morirán en consultorios clandestinos e improvisados.

En América Latina la educación sexual es imaginaria, no hay campañas para prevenir embarazos precoces y el aborto aún sigue siendo un tema ligado a la moral, la ética y a la religión. Es decir, los que están a favor de la despenalización son malos y los que están en contra son buenos.

Según una investigación publicada por Planned Parenthood Global, América Latina es la región con la segunda tasa más alta de embarazos en adolescentes y la única región del mundo en la cual aumentan los embarazos de niñas producto de violaciones. En Argentina cada tres horas una niña de entre 10 y 14 años se convierte en madre, en Nicaragua 8 de cada 10 víctimas de abuso sexual son niñas menores de 13 años y en Perú cada día cuatro niñas menores de 15 años dan a luz. Y a pesar de estas perversas cifras los Gobiernos siguen pensando que lo mejor para ellas es ser madres, es decir, tener una vida que no decidieron ni quieren tener.

¿Quién se despertó un día y dijo que abortar era malo? ¿Por qué todos le creyeron? ¿Por qué, después de tantos años, siguen crucificando a quienes quieren hacerlo? ¿Por qué si es una decisión personal otros muchos son los que deciden?

El año pasado un señor vestido de blanco y frente a una multitud de seguidores llamo asesinas a las mujeres que han abortado y que piensan hacerlo. Este señor, líder de una de las instituciones religiosas más poderosas del mundo, hizo lo que todos están acostumbrados a hacer cuando una mujer decide qué hacer con su cuerpo: señalarla y exhibirla como un mal ejemplo para las demás.

Pareciera que para ser una buena mujer, una mujer de verdad, es necesario parir. Como fuese, cueste lo que cueste.

No podrán salvar ninguna vida mientras sea ilegal no querer parir un hijo que no deseas. El aborto no debería ser un debate entre buenos y malos, verdes o azules sino de salud pública.

Una vez entré a un cuarto. Había un hombre con una bata blanca, una mujer sedada en una camilla. Fue todo muy rápido. Ella se recuperó en pocos días. No tiene secuelas ni traumas. Vive la vida que quiere. Otras están muertas.

Escrito por Daniela Hibirma

Daniela Hibirma (Venezuela, 1991). Estudió Comunicación Social, trabajó en distintos medios de comunicación tradicionales, digitales y audiovisuales. Actualmente reside en Santiago, Chile.
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