Café Viena – Destellos actuales de Marina Casado

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Dentro del gran cajón de la poesía, ¿qué vale meter allí?

La gran polémica. Aunque a lo largo de la Historia el concepto de “poesía” ha ido evolucionando, me parece que su definición posee unos límites que han de conocerse aunque no puedan explicarse. No creo que sea elitista afirmar que poeta no puede ser cualquiera, ni creo que se trate de ponerse purista respecto a la confluencia de géneros. Considero poetas, por ejemplo, a dos cantautores como Silvio Rodríguez o Leonard Cohen, y no me es posible otorgar este título a determinados autores nacientes y exitosos que demuestran no tener unas nociones mínimas de figuras retóricas o, en general, de lírica. Porque sí: el lirismo es necesario en la poesía. Incluso la poesía narrativa, la buena, tiene melodía, tiene ritmo (y no hablo de métrica ni de rima; el versículo posee ritmo). Existe ahora una tendencia a descuidar esa melodía y eso es un error. El éxito comercial no implica necesariamente el título de poeta. Lo que llaman “poesía adolescente” tiene su lugar respetable, pero yo no lo llamaría poesía; habría que inventar un nombre nuevo.

¿Existe la sensación de matar al padre? ¿Uno puede renegar de todo o casi todo con el fin de establecer una propuesta literaria?

Es posible matar, pero para ello hay que saber a quién matamos. Cuando a principios del s.XX los surrealistas propugnaron la destrucción de los esquemas literarios tal como se conocían para construir un mundo nuevo, ellos mismos eran personas formadas y cultas y poseían un buen manejo de la tradición. Cada etapa nueva trae cambios e implica superar una etapa anterior, pero la superación exige el conocimiento. Podemos renegar ahora de la tradición poética, pero para eso necesitamos conocerla. Lo que me parece absurdo y hasta ridículo es presenciar el nacimiento de algunos de esos nuevos poetas surgidos de las redes sociales que desprecian lo anterior porque afirman no necesitarlo para desarrollar su propia creación. El problema es que al hacerlo están cayendo inevitablemente en clichés y en lugares comunes (como las metáforas fáciles) que la historia de la literatura ha superado hace tiempo. Es decir, no están proponiendo nada nuevo. Simplemente, porque el concepto de “nuevo” no tiene sentido cuando no sabemos a lo que nos referimos con “antiguo”. Se puede ser rompedor, sí; pero respetando y conociendo aquello con lo que queremos “romper”.

[Marina Casado (Madrid, 1989) es profesora de Lengua Castellana y Literatura y poeta. Su último libro, De las horas sin sol, ha sido publicado por Huerga & Fierro recientemente]

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