Bebe de los charcos

recuerdo el golpe,
lo único amable de la torcedura:
miles de cristales trepando
agarrándose de los nervios sonrojados
y cavando
aun cuando la piel retrocede
cegada en cada poro
que no es sino un ojo seducido

la luz se desdobla
y hay un estruendo que espera ser soñado
en los huesos

mas el dolor bebe de los charcos
se eleva y evapora en un asombro afónico
algo así como el  espectro grosero de un grito postergado
y su brillo

Escrito por Salenka Chinchin

(Ecuador, 1998) Ha participado como co editora y autora en publicaciones de poesía independiente y en revistas internacionales como Espora (México), Matapalo (Ecuador), Low Fi Ardentía (Puerto Rico-Nueva York) y Liberoamerica. Vive y trabaja en Quito
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