Si como crítica literaria tuviera que dar mi apreciación sobre La Guerrilla Elegante (PERMENSAM, 2019) me sería muy complicado porque mis referencias humanistas, culturales y personales serían infinitas: siento que es un tratado de arte, pero a la vez un manifiesto de vanguardia “posposmodermo”, un líbelo, un panfleto, un ensayo, un cancionero, etc. No obstante, si tuviera que resumir todo ello en una sola idea, diría que La Guerrilla Elegante es un texto que nos interpela como artistas, pero sobre todo como seres humanos, acerca de cómo podemos o pretendemos concebir este arte al que llamamos poesía a partir del entendimiento de lo que realmente es: originalidad, rebeldía, revolución, pero sobre todo, experiencia vital.

En ese sentido, ha sido un gusto para mí leer este poemario, dado que me ha suscitado diversas emociones, sensaciones y reflexiones que me gustaría tratar en profundidad con respecto a su propuesta poética, pero en esta ocasión solo trataré algunas cuestiones que me parecen claves para explicarla. Una de ellas es, por ejemplo, la relación tan íntima y recíproca que el sujeto poético establece entre la amada y la poesía. Una relación que se puede experimentar en poemas de las cinco tácticas de La Guerrilla Elegante como “Solvalentime”, “Collage y cosecha propia”, “Como enseñarle el mar a una boliviana”, “Saluden al poeta” y “El oficio de ser una máquina para crear belleza y contemplarla”.

En “Solvalentime”, poema que inaugura la TÁCTICA 1, somos testigos de cómo la voz poética empieza narrando su historia de amor presentándonos a la amada, cuyo nombre o seudónimo da título al poema de una forma alegórica: “Y Dios, dijo: Hágase la luz. /Y tú, encendiste el malborito azul entre tus labios. /Y de una calada salvaje de cuculíes/ […] Todo el mundo fue para mí creado a tu imagen y semejanza” (Natsuhara, 62). La lectura de estos versos nos ayuda a recrear mentalmente un escenario que hace referencia al pasaje bíblico del génesis, capítulo 1 del Antiguo Testamento, en el que Dios da inicio a la creación del mundo terrenal:Y dijo Dios: Sea la luz: y fue la luz”. No obstante, en el poema de Natsuhara se omiten el resto de los procesos de creación divina de la naturaleza geológica, incluso la creación del mismo hombre, para resaltar la creación de la mujer, una mujer que no nace de la costilla de ningún Adán, sino como creación “natural, salvaje y divina”. Asimismo, esta divinidad de la mujer amada nos recuerda a la dona angelicata (o mujer angelical, en español) en tanto expresa la visión de la mujer amada como un símbolo de inspiración divina y, por ende, como un símbolo de perfección espiritual al que el sujeto poético puede acceder mediante el amor. Así también, para completar la representación que hace el poeta de su amada es necesario leerla en su contexto: vinculada al ámbito artístico contracultural arequipeño. Sobre este escenario, el poeta nos cuenta que Arequipa apareció, “para este recién bajado de la neurosis, / como el aprender a montar bicicleta, y sin manos, / una bañadita top model que brillaba con el matiz/ que la hacía competir con los pueblos fantasmales y los sueños/…” (62). A partir de estos versos vemos cómo el poeta, presuntamente limeño, sale de su espacio de confort “intelectualoide” para vivir una experiencia nueva en Arequipa, una experiencia que puede ser temeraria y marginal, pero por eso mismo emocionante y atrayente dado que le enseña lo que realmente significa vivir.

Una de esas experiencias más vitales y aleccionadoras del poeta será, justamente, la experiencia de amor con la amada: “debo reconocerte que, por mucho, / fuiste más o menos, + que – (siendo yo más caña en las matemáticas/ de los cuerpos, / y del tacto, que es la rama principal de mis amores) / el mejor asilo político con el que un anarquista pudo mojar la cama, / y ello, con todas la implicancias judiciales de ser un exiliado, / aunque de exilio cheverito –que es lo mismo/ que ser un preso de lo más rico de esta vida” (62). En este apartado el poeta reconoce que durante su tiempo autoexiliado de su realidad limeña intelectualoide y marginal en tierras arequipeñas, disfrutó la experiencia amorosa anárquica, rebelde y carnal junto a su amada. Sin embargo, si bien la experiencia amorosa es relatada de una forma muy significativa en este y otros poemas de la TÁCTICA 1, será en Cómo enseñarle el mar a una boliviana” (correspondiente a la TÁCTICA 3) donde se describirá uno de los amores más intensos e inolvidables del poeta:

Cuando te estremeces en el frío paceño y/ piensas en tomar el sol, repito: TOMAR EL SOL, suavemente beberlo/ sentadita en la arena mientras jugamos vóleibol en la frontera, alejados/ del concepto judicial de migraciones, / que migren las aves, que migren los animales/ feroces o se tuesten en las parrillas de este febrero a 25° C / de puro punche, / los amantes no migran, anidan… (128).

A partir de estos versos, somos testigos de cómo el sujeto poético es consciente de que la importancia del vivir aquí y ahora con la amada hace que ignore o pretenda ignorar su contexto histórico: no importa si está a orillas del mar boliviano, no importa la histórica disputa bélica causada por dicho recurso natural entre Perú y Bolivia, no importa que haya un calor intenso que acalore aún más los cuerpos de los amantes, lo que importa, lo que realmente importa, es que los amantes puedan disfrutar ese momento juntos en la arena jugando vóley, juntos soleándose, juntos creando su nido de amor. Una escena romántica que me trae, a su vez, a la memoria los amores de Catulo y su amante Clodia, a quien llamó lesbia en honor a su musa poética oriunda de la isla griega de Lesbos, Safo: “Vivamos, Lesbia mía, y amémonos/ Que los rumores de los viejos severos/ no nos importen. / El sol puede salir y ponerse: / nosotros, cuando acabe nuestra breve luz, / dormiremos una noche eterna”[1]. Como Catulo, el poeta amante sabe muy bien que lo más importante en ese momento es aprovechar la oportunidad que le da vida para estar a solas con su amada boliviana para amarla con toda la intensidad de su ser:

a orillas del mar boliviano (ni chileno/ni peruano, disculpen las molestias)/ yo te cojo de los cabellos y te arrastro por la arena y te huelo/ profundamente/ escuchando en tu caracola el sonido de un mar/ (de vulgaridades) que apremia a los conocedores del beso tierno seguido/ del beso tierno seguido del beso tierno,/ las correas para sujetar a los jinetes, la yegua, los relinchos/ y el dolor suculencia valse criollo de tus ojos lagrimosos/ y gracias sigue por favor/ gracias sigue por favor…(130).

Si enCollage y cosecha propia” el sujeto poético expresa el amor vivido con la amada, a la que llama manadita en su dimensión carnal, en este fragmento vemos cómo experimenta con la amada boliviana un romance mucho más intenso y pasional sin caer por ello en la vulgaridad expresiva, puesto que si bien el coger y arrastrar de los cabellos a la amada explicita el dejarse llevar por este lado salvaje del deseo amoroso que exacerba el placer, también se hace presente el recurso metafórico de comparar la boca y la vagina de la amada con una caracola que emite un mar de intensos sonidos eróticos, lo que a su vez dota a la escena sexual de una atmósfera que por su romanticismo, ternura y belleza podrá ser demasiado sentimental para algunos lectores, pero que nunca pasará de moda para aquellos que, como diría el poeta latino Ovidio, disfrutan y ejercen con justa maestría el arte de amar. Con esta escena amorosa el poeta nos deja en claro lo importante que es para él vivir el amor en y como carnalidad. Asimismo, esta visión del amor carnal del poeta se asemeja al entendimiento del amor que sentía Catulo por su amada: “Lleno de felicidad, vida mía, me planteas que ha de ser este amor nuestro y perpetuo entre nosotros […] Dioses, haced que pueda prometerlo de veras, […] para que nos sea dado prolongar toda la vida este pacto eterno de sagrada amistad”[2]. A partir de estos versos, podemos decir que el poeta latino definía sus sentimientos para con Lesbia recurriendo a nociones que no pertenecen al ámbito de las relaciones eróticas, sino al de la familia o el de la amistad, ámbitos caracterizados por un contenido ético altamente positivo. No obstante, si bien en el poema de Natsuhara el sujeto amante no usa precisamente las fórmulas cortesanas clásicas para describir el acto sexual con su amada como sí lo hacía Catulo, lo que sí podemos constatar es su intención de demostrar a la amada que no es solo un objeto de goce físico, sino que también la ama porque lo motiva a ser un mejor amante: no podemos decir que le prometerá un amor eterno y fiel como Catulo a Lesbia, pero sí que lo motiva a tener cuidado y respeto hacia ella, como se refleja en esta escena de goce carnal donde le da el delicado y bello gesto del beso tierno, seguido de otro beso tierno, y así ad infinitum hasta que dure este amor.

Por consiguiente, será a partir de las experiencias de amor que vive el poeta con amadas como Solvalentime o la boliviana que descubrirá que una vez que ha probado un amor como aquellos nunca podrá olvidarlos. Porque la amada podrá desvanecerse físicamente, pero la experiencia vivida con ella y en ella se mantendrá para siempre, tal como manifiesta con “Solvalentime”:

Y Tú, apagaste el malborito azul entre tus labios, / y de un taconazo salvaje de cuculíes, / me mostraste que Todo y Nada se explica, / como diría papá Verástegui–/ más pedagógicamente que una molotov en la cara de un político, / en nosotros y con nosotros, / y que siempre fuiste y serás, más que una excusa, / para ir a esta vereda y fumar hasta la muerte. (64)

En esta escena, el poeta expresa un adiós a la amada que es físico, pero no espiritual, en tanto que la experiencia amorosa vivida con ella permanecerá en su memoria. No obstante, si bien dicha memoria puede ser una maldición que torture al poeta para siempre, es al mismo tiempo esa fuente de inspiración vívida que le hacía falta para escribir auténtica poesía.

“Pero sabes bien que tú no dudas y que el poeta que duda es un marica/ y que tu maquinaria de belleza funciona con la exactitud de las nuevas/ páginas de la historia más jugosa/ y más caleta, la fruta dulce, / la buena merca rotando de mano en mano entre los elegidos del/ [recreo”. (50) Con estos versos de “Saluden al poeta”, el sujeto poético reconfirma para sí que la verdadera poesía solo le es revelada a unos pocos que están dispuestos a buscarla y concebirla como lo que realmente es: ternura, belleza, amor, pasión, experiencia vital. No obstante, pese a que esta revelación le permite crear una poesía que es auténtica en tanto está basada en experiencias realmente gozadas por él mismo -entre las que se ha destacado para esta crítica la experiencia amorosa- también le revela con pesar que su arte no es reconocido por los “poetas expertos”, sean los de academia literaria elitista y conservadora o la de los movimientos artísticos de contracultura, porque la poesía se ha convertido en un arte utilitario que responde a su propaganda de intereses personales, que probablemente tienen que ver con su afinidad con la política del Estado de turno, como bien se refleja en los versos siguientes: “/y sin embargo qué me queda, qué le queda al mundo si no este lenguaje/ que ha sido denigrado por tanto leproso emocional en estos/ espectáculos de flashes y lentejuelas llamado Ministerio de Cultura/ o Contracultura a secas” (185). Frente a este panorama, el poeta -o esta “máquina para crear belleza y contemplarla”, como él mismo se reconoce- entra en una crisis existencial determinante: “/y pienso inútilmente en que quizá éste sea el momento de sentar/ [cabeza y ser feliz; /pero así no funciona la máquina para crear y contemplar belleza, / y a decir verdad así no funciona nada, salvo el adiós. /” (188). A partir de estos versos entendemos que si bien el poeta se siente tan decepcionado, solitario y marginado por el panorama caótico que vive la poesía actual, que está a punto de abandonarla para tener una vida corriente pero digna; luego recapacita y se da cuenta de que esta experiencia restaura su misión aureática como profeta que ha de revelar una verdad que ha de darle un nuevo sentido a su existencia: la verdad acerca de la crisis en que la que ha caído la lírica y la urgente necesidad de devolverle su razón de ser como maquinaria real, rebelde y revolucionaria.

La Guerrilla Elegante me ha revelado una verdad que respeto y comparto como humanista, pero sobre todo como ser humano: no importa si estamos en una época clásica o contemporánea, el poeta, el verdadero poeta, es un profeta marginal, sugerente e indómito que tiene la misión de desvelarnos lo que está oculto a una mirada superflua del mundo. Esto viene a ser, precisamente, lo fundamental acerca de la poesía: que la poesía no está en los escritos de los poetas muertos y en su mala imitación por parte de los pseudoartistas intelectuales, sino en la experiencia vital que, trabajada con las técnicas artísticas pertinentes, le permitirá al poeta crear una verdadera obra de arte. Porque, como decía Aristóteles, es el talento transformado con la tekné lo que hace al verdadero artista. Porque es así como trabaja el diestro en el arte de las armas y las letras, el neohumanista o neocortesano a lo Castiglione[3], el guerrillero elegante.

 

[1] LE MIAU NOIR. EL RONRONEO DE LA CULTURA. Catulo, amor e improperios. Martín Alegre, marzo 21 del 2017. <https://www.lemiaunoir.com/catulo-amor-e-improperios/>.

[2] Arturo R. Álvarez Hernández. HABLAR DE POESÍA. Apuntes sobre el amor Catuliano. Número 22. <http://hablardepoesia-numeros.com.ar/numero-22/apuntes-sobre-el-amor-catuliano/>.

[3] Neocortesano o neohumanista son expresiones que inventé con fines didácticos mientras elaborada esta crítica.

 

José Natsuhara (Lima-Perú, 1990). Director de Tríada Primate (plataforma libertaria y discordiana de arte / http://www.tridadaprimate.com). Ha estudiado Filosofía en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Electrotecnia e Inglés Británico. Actualmente estudia Psicología en la Universidad Autónoma del Perú.  Ha publicado la revista Monólogo (2009), la revista Primate (2017-actualidad), la Antología de Poesía del Grupo Primate (2017), y el poemario La Guerrilla Elegante (2019). Una selección de sus poemas fue también publicada bajo el nombre de Teclas metafísicas que abren piernas insospechadas (2018). Toda su labor poética forma parte de un proyecto de poesía sistémica denominado Invencible bajo el cielo. Conduce los podcasts Radio Primate y Full Metal Anime, y escribe las columnas Hola! Ciudad-Ano y TESTOSTERONA.

Fuente: el poeta

 

Solvalentime

Y Dios, dijo: Hágase la luz.
Y tú, encendiste el malborito azul
entre tus labios.
Y de una calada salvaje de cuculíes
[Aquí el lector debe dar una pitada]
Todo el mundo fue para mí creado a tu imagen y semejanza.

Arequipa apareció, para este recién bajado de la neurosis,
como el aprender a montar bicicleta, y sin manos,
una bañadita top model que brillaba con el matiz
que la hacía competir con los pueblos fantasmales y los sueños
[Aquí el incrédulo debe verte a la sonrisa]
Tú que te ganaste con mis ojos siendo fritos ante aquello,
como 2 hermosas truchas,
susurrando en esta, tu implacable sartén,
que ya no existe en ninguna parte para mí el regreso.

Dicen por ahí que las mujeres son tan impredecibles como
la lluvia – lluevecita si te sonríes como Luchito Hernández – pero qué
me dices de los rayos,
carachosa del amor, esos rayos que parten en dos el culo de la lluvia y
de los cielos,
o de los indios sioux,
¿tú qué harías Batman, dime, si nunca llega la batiseñal?
Y de esos barbaritos vehementes que en vez
de escribir, apuñalan.

Yo, que antes de conocer a esta mujer –que NO es una mujer,
sino La Fiebre–, andaba tirando tafin y tumbado
en los extramuros de este mundo,
debo reconocerte que por mucho,
fuiste más o menos, + que – (siendo yo más caña en las matemáticas
de los cuerpos,
y del tacto, que es la rama principal de mis amores)
el mejor asilo político con el que un anarquista pudo mojar la cama,
y ello, con todas la implicancias judiciales
de ser un exiliado,
aunque de exilio cheverito –que es lo mismo
que ser un preso de lo más rico de esta vida.

Y Dios dijo: Tú eres demasiado menor para ella, no la haces.
Y yo, tiré la primera piedra y me la devolviste en pleno vuelo
–Toda una experta en el deporte de los pedreros–
porque es una piedra pensar, querida,
que el amor y el odio se expresan en cuestiones de tiempo.

Y es que tú no me creerías ni una shiet
–Tú que a partir del 2014, que te apellidas Solvalentime y ni lo sabes–
en un pueblo violento con los Black Panthers lanzándote su aliento
detrás de las tokadas.
Y que –despreciando el floro de tanto poeta anunaki
en esta sala– con el que ni una hembra ha caído,
yo, yocito nomás, soy capaz de anticiparme al futuro 23 minutos
en intervalos de 29,
pero contigo
puedo anticiparme a todo.

Y es que en esto se resume la lógica proposicional trascendental con la
que incendio este cerebro ya cansado:
A. La creación es un plagio.
B. El plagio es necesario para el arte y la informática.
C. No hay más arte cuando se trata de plagiar a un bug de videojuego
–o lo que es lo mismo: a una mujer que llega de la nada a serlo todo /
por unas horas.
Y Dios, separó la luz– de las tinieblas
y fue como si tu Arequipa se distanciara de mi Lima
por una infame carretera de la espera.

Y yo observé a este mismito Dios cuando infló completamente este
[universo
mientras me veías recitando balazos en barcitos alegres como éste.
Y te juro, a la merfi, que había esperado tanto por simplemente decirte
que esta noche tenía unas fichas para gastar en chelas
y a tu lado.

Y llegar al precipicio de los genios animales,
con las manos repletas de yerba
y parado en la mesa amagando a 100 gorilas –gritar:

“Si pudiera besarte aquí lo llamarían un acto de terrorismo,
así es que llevémonos las pistolas a la cama
y despertemos a la ciudad a media noche
como bandidos
borrachos celebrando con andadas, el mensaje del sabor del caos,
el mensaje del sabor del caos, el mensaje del sabor del caos”.

Y Dios dijo: Qué tal chibolo, Ches’sumadre
y vio que todo esto era muy bueno –jarjacha del amor.
Y Tú, apagaste el malborito azul entre tus labios,
y de un taconazo salvaje de cuculíes,
me mostraste que Todo y Nada se explica,
como diría papá Verástegui–
más pedagógicamente que una molotov en la cara de un político,
en nosotros y con nosotros,
y que siempre fuiste y serás, más que una excusa,
para ir a esta vereda y fumar hasta la muerte.

 

Cómo enseñarle el mar a una boliviana

A orillas del mar peruano/chileno (chileno /peruano, disculpen las
molestias) te romperé
la blusa, boliviana, y tus piernas temblarán ante las arremetidas
del agua salada (un mar de limonada contra las rocas) oliendo a
menstruación
o a ese otro periodo, el fértil y la descendencia del chupe de locos, de
los bañadores apretados en el bikini contest y los choritos a la chalaca
decorando el chá chá chá quizá
hemos culminado una guerra mezquina por el
dominio naval de 7 u 9 familias
cuando del uno y del otro lado del charco salpicaba (salpica aún) la
dicha y la belleza
¿Dónde cantaban los poetas? Cuando te estremeces en el frío paceño y
piensas en tomar el sol, repito: TOMAR EL SOL, suavemente beberlo
sentadita en la arena mientras jugamos vóleibol en la frontera, alejados
del concepto judicial de migraciones,
que migren las aves, que migren los animales
feroces o se tuesten en las parrillas de este febrero a 25° C
de puro punche,
los amantes no migran, anidan, donde
corre el alcohol como antes de él corrió la sangre
de nuestros ancestros azules, pobres peones lanzados al desierto
rematando soldados a sablazo limpio, mientras el jurel, los pejerreyes,
anchovetas & toda La Fania buceaban muy pescerilmente dándole
besos a las profundidades cercanas aun a nuestras redes
el mar también nos recuerda con asco,
señores coroneles, distinguidos poetas nacionales,
y las olas nos empujan hacia afuera
nos revuelcan nos hacen perder la ropa íntima nos devuelven a la
humildad al rubor que enciende el corazón y los faroles, ven ven
buque, balsita, totora, barquito,
crucero con nombre de sirena borracha señora que sirve un menú al
pie de la espuma,
los mecanismos extraños de turismo y el consumo de las horas nos
advierte de un atardecer dulce como chicha de jora chorreando de las
nubes cargadas
la lluvia que limpiará
nuestro mal designio y las estrellas donde puedo observar
millones de nombres estáticos dándome las gracias por qué sé yo,
a orillas del mar peruano/chileno (chileno/
peruano, disculpen las molestias) yo pienso que de ser el Poseidón
Aquamán ese, les hubiera regalado un pedacito de él a todos los
hombres del mundo y no me hubiese preocupado del PBI, de la
diplomacia geopolítica,
vendería a precio de infarto + vale de supermercado mi mar para
evitar una
catástrofe, quizá
y no haya acto más bello o imbécil (depende de cómo lo mires,
hermano,
¿una salsa y ya vemos?)
Si este lugar es sagrado, habremos de bailar pegado
(como tiene que ser carajos),
Maestra Vida camará, te da y te quita, te quita y luego te da,
el tío Nicomedes se cuadra y de un bocinazo abre las
aguas del mar
y comienza el rave en el medio del mundo que hemos creado para
chuparse los dedos
la noche explota y veo tu rostro prendiéndose y apagándose
fotografiada por la lente Nikon de la mente
que accionas –The Evil Dead– como una motosierra
mis neuronas chispeando
sobre tu lomo que se calienta expande contrae vibra
y ya te tengo aquí solita para mí,
volvemos a juntar las aguas para que todo el resto de humanos se
[ahogue
se quede azul y se funda con el azul de sus ancestros y del cielo eterno
de Magdalena,
a orillas del mar boliviano (ni chileno/ni peruano,
disculpen las molestias)
yo te cojo de los cabellos y te arrastro por la arena y te huelo
profundamente
escuchando en tu caracola el sonido de un mar
(de vulgaridades) que apremia a los conocedores del beso tierno segui-
do del beso tierno seguido del beso tierno,
las correas para sujetar a los jinetes, la yegua, los relinchos
y el dolor suculencia valse criollo de tus ojos lagrimosos
y gracias sigue por favor
gracias sigue por favor
se te cae la baba tienes los ojos desorbitados que se nublan gracias
sigue por favor, máquina hembra máquina macho,
MAREMOTO arrasando la Atlántida
donde mi pene es la ola que rompe contra tu carne y abre grutas y
echa la espuma rabiosa que marca el paso de la marea sobre tu rostro
que dice sigue por favor
a orilllas de mi mar boliviano sigue por favor, no
pares que soy tuya, quiébrame los huesos,
borra las fronteras, móntate en mi espalda,
y veranea, cielito, veranea.

 

 

Escrito por Elizabeth Peláez Sagástegui

Estudió Literatura Hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha participado en la plaquette colectiva "El mar del ángel solo" (Lima, 2018) y en las antologías "Liberoamericanas: 100 poetas contemporáneas" (Liberoamérica, 2018), "Versos en su tinta" (Sociedad Peruana de Poetas, 2018) y "El mar no cesa" (Ángeles Del Papel Editores, 2019).