La historia es caprichosa y azarosa. Conserva para nosotros sólo algunos fragmentos y lo demás lo deja a la imaginación. Rellanar esos huecos es tarea para la literatura y la filosofía: indagar en los orígenes de la memoria y las preguntas elementales. Ahora, ante cualquier pregunta inminente surge una respuesta ingeniosa emanada del internet –de la película The Hangover– donde un personaje responde al cuestionamiento de forma esquiva: No lo sé, tú dime. La respuesta es un juego de doble filo y el cuestionamiento nos ayudará a llegar a la verdad. Quizá preguntarse antes de responder hará que reparemos en lo dicho.

Ahora, regresando a los fragmentos que la historia nos ha dejado, cabe preguntarse: ¿se imaginan si todos los textos de los pensadores griegos hubieran llegado hasta nuestros días? Es inimaginable todo lo que les hubiéramos aprendido. Apenas bastaron algunos textos para cimentar toda una civilización y condenarla a la rescritura. Luego salta otra pregunta donde la historia deja la puerta de la tragedia abierta: ¿se imaginan si la biblioteca de Alejandría no hubiera ardido? Borges alguna vez imaginó que el paraíso tendría una forma similar a una biblioteca.

Sin embargo, para todas esas preguntas elementales hay una respuesta escondida. Sócrates afirmaba que las respuestas duermen en nosotros y tenemos que alumbrarlas, alcanzar la iluminación de la verdad que parte del propio individuo. Otra vez, gracias a la historia, tenemos una anécdota que justifica una de las grandes aportaciones de la filosofía. Se dice que la madre de Sócrates era una partera y él –al verse involucrado en este oficio– concibió una relación de semejanza entre el alumbramiento de la vida y el de la verdad. Así nació la mayéutica, un método que por su origen etimológico nos remite a la asistencia en los partos. Sócrates, a través de duros cuestionamientos, enfrentaba a sus discípulos al pensamiento para alcanzar las respuestas que ellos ya sabían, pero desconocían. Los discípulos daban a luz el conocimiento.

Platón en sus Diálogos recoge las andanzas de Sócrates enfrentando a personajes que alumbran ideas mientras se enfrentan a las preguntas del maestro. Recorremos una caminata a la par de los personajes mientras exploramos un sinfín de tópicos. Al final del recorrido nos quedarán las preguntas y las respuestas de la experiencia. Nos sentiremos cansados, pero contentos mientras reparamos en todo lo que hemos aprendido.

Escrito por Luis Fernando Rangel Flores

Es Licenciado en Letras Españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Actualmente es miembro del comité organizador del Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes Jesús Gardea y editor de la revista Metamorfosis. Es autor de Hotel Sputnik (Tintanueva, 2016), con el que obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía Rogelio Treviño 2015 y de Poemas para un Lugar Común (ICM, 2018). Textos suyos aparecen en revistas como Tierra Adentro, Himen, Hybris, Morbífica, Círculo de Poesía, entre otras, así como antologías de cuento breve. Recientemente obtuvo el Premio Estatal de Poesía Joven Rogelio Treviño, segundo lugar en el Premio Nacional Sergio Pitol de Relato y fue becario del Noveno Curso de Creación Literaria para Jóvenes de la F, L, M, así como del FOMAC en el periodo 2018-2019 en el área de Jóvenes Creadores. Forma parte del consejo editorial de Sangre ediciones.