Carmen Ávila se ha destacado por ser una poeta y narradora coahuilense con trayectoria a nivel nacional. Entre sus diversos premios de narrativa, ensayo y poesía, está el Premio Dolores Castro 2017, en poesía y ensayo. Hace unos días se hizo acreedora al Premio Nacional de Juegos Florales Ramón López Velarde, 2019, en México.

Esta entrevista es sobre el poemario con el que ganó el prestigioso Dolores Castro y que muestra un cambio radical en su escritura. La enfermedad, el cuerpo y la ironía se hacen presentes en los versos de esta saltillense que sigue cosechando triunfos año con año.

Carmen, en el libro el Virus de Munch se habla de la enfermedad, la ansiedad y la desesperación. Dichos temas marcan un antes y un después en tu obra poética, pues a pesar de que se sigue el rumbo de los viajes, el ser extranjero en tierra extraña, el tono de estos poemas es distinto a tus anteriores libros, ¿a qué se debe el cambio de tono más denso y barroco?

C:  En febrero de 2015 fui a Noruega por un festival de estudiantes. Conocer un país nórdico en invierno era un sueño, pero no iba preparada para el clima extremo de -18 grados y las tormentas de nieve.

Hice una escala en Paris, en el avión un muchacho sueco que se sentó a mi lado, después de una charla muy amena y de estar tantas horas en el avión, me robó un beso: me contagió de una bacteria que se llama Estafilococo áureo, la cual si se ilumina con simple luz brilla en la garganta, es resistente a la penicilina, pero se cura con otros medicamentos.

Llegué a Oslo y me empecé a sentir mal, todo parecía que se trataba de un cuadro de gripa, pasaron los días y no mejoraba y pedí ir al hospital porque sentía la garganta cerrada y fiebre. En otros países para que un médico en urgencias te vea, primero tiene que evaluarte una enfermera, ella determina lo grave del padecimiento y si se es candidato a pasar con el médico.

Como en ese momento que fui a urgencias no iba con fiebre, me regresaron a la casa donde me estaba quedando y me dijeron que me comprara un spray nasal y si me sentía muy mal me tomara un paracetamol.

Ese día valoré el Seguro Social en México y la oportunidad de que un doctor te vea, aunque sea para contarle tus penas. Regresar a México en el avión fue un martirio, sentía la garganta cerrada y los oídos a punto de explotar.

En la ciudad de México pedí en el hotel que me llevaran al hospital más cercano y el taxista me llevó al Ángeles y con estar ahí una hora nebulizada, me gasté todos mis ahorros. Llevaba dos días sin dormir. En Saltillo seguí mal y los doctores solo me daban penicilina, hasta que me hice análisis de laboratorio ordenados por mi médico familiar quien me pudo dar la medicina correcta.

Mientras convalecía de la enfermedad y me deprimía por no sentirme bien (fueron alrededor de casi dos meses), la poesía era lo único que me hacía reanimarme. Busqué la excusa de juntar mi enfermedad con la obra de Edward Munch, quien es el pintor nacional noruego y cuya obra pude ver en Oslo.

Munch pintó varios cuadros donde aparece la enfermedad y la muerte, además de la ansiedad, pues su cuadro El grito, es la apoteosis de la desesperación del alma humana.

Con el libro de El Virus de Munch, trate de escribir sobre los cuadros del pintor noruego que más me impresionaron y hacer un paralelo de mi vida durante la convalecencia.

Es barroco y denso porque responde a esta etapa de la enfermedad, donde estaba desesperada porque me sentía muy mal y solo me daban penicilina, la cual no me curaba.

Tu temática casi siempre había sido la de los viajes, las vivencias. Incluso hablando del cuerpo, como en el libro La máquina de vivir, el sujeto poético es distinto con un marcado tono coloquial. Hay más simpleza; sin embargo, en este libro ganador del Premio Dolores Castro hay una experimentación más amplia con los recursos lingüísticos y retóricos. ¿Hubo alguna influencia, cuándo fue escrito este libro El virus de Munch?

C: No creo que algún autor en específico me haya influenciado, pero definitivamente me influenció Noruega: el frío calándome en las rodillas (las chicas que me hospedaron tuvieron que prestarme zapatos y chamarras porque las que yo traía no servían para el frío), el silencio de las calles absolutamente blancas, la nieve cayendo muy lento o mezclada con el frío lodo: ahí surgieron las metáforas.

Cuando llegué a México y escribí la obra en mi intento por curarme, me salía a caminar por la calle principal de la colonia donde vivo, que es una avenida muy grande, entonces empezaba a pensar en los versos, sabía que quería y tenía que escribir un libro sobre la nieve, la convalecencia y Munch.

Traté de meterme al gimnasio, para sentirme bien y el primer día me desmayé. Hasta de eso escribí un poema. Buscaba y rebuscaba los versos y hasta era un poco obsesiva, por eso parecen barrocos. Quería exorcizar el fantasma de la nieve con mis versos, quería curarme con pura poesía.

¿Por qué escogiste al pintor Edvard Munch para encarnar la voz poética de este singular libro?

C: Yo sentía que existía un paralelismo entre su obra y mi vida. Igual lo forcé. Mi maestra de historia del arte en preparatoria, quien era pintora, nos decía que la literatura era la expresión artística que siempre iba a la vanguardia, es decir, era el motor para que las otras artes cambiaran.

Sin embargo, la literatura necesita siempre voltear a ver las otras expresiones artísticas, sociales, económicas, etc. Hay muchos ejemplos de cómo las distintas disciplinas artísticas se nutren entre ellas mismas, pero mi favorito es la suite que Músorgski compuso al ver la exposición de su amigo el pintor Hartmann “Cuadros de una exposición”.

Estoy muy lejos de Músorgski, pero esa pieza me gusta desde que tenía 15 años y fue pensando en lo que hizo el compositor Ruso que yo quise escribir mi libro de poemas.

 Me llama la atención la construcción, el ritmo y los recursos empleados en varios poemas; quisiera ahondar en el primero que abre el libro Autorretrato después de la gripe sueca (2015), ¿cómo nació la construcción de estos versos?

C: Creo que es una construcción rara, que tiene defectos y que cambié varias veces, sobre todo el final, pues siempre tengo problemas para terminar un poema.

Nunca me gustan mis últimos versos y creo que lo que define un buen poema es un inicio que sea como si las palabras cayeran como una bomba y te abrieran los oídos y el espíritu, que el resto de los versos te causaran una cierta inquietud en el alma pero que en el último verso fuera el mejor regalo de autor para el lector.

Fue el primer poema que escribí para ese libro. Si tuviera que describir mi poesía utilizando metáforas de la lucha libre (de la cual cuando era niña era aficionada, ahora ya no porque no me gusta que las personas se hagan daño incluso si muchos dicen que es actuación), diría que soy una ruda, es decir, mi poesía carece de técnica, voy construyendo el poema como músico de pueblo que nunca aprendió solfeo pero toca por necesidad: es puro oído, aunque muchas veces tengo oído de herrero (puros golpes le doy a las láminas con el martillo hasta que algo quede de la mejor forma el metal poético).

Siendo lectora de tu obra, tanto poética como narrativa, veo un parteaguas con este libro. ¿Crees que es así? ¿Cómo has visto la evolución de tu propia obra con el paso de los años?

C: Creo que mi obra es una continuación de lo que he estado escribiendo y una constante búsqueda y variaciones sobre un tema: mi vida y experiencia personal desde donde interpreto el mundo durante un viaje (no importa que no haya desplazamiento, los viajes también se dan al interior de uno mismo).

Creo que el verdero parteaguas en mi vida ha sido mi hijo, porque mi vida cambio mucho, por ejemplo, ya no puedo viajar tanto ni por las mismas razones que antes.

No se si esa experiencia haya cambiado mi forma de escribir, pero si la manera en la que ahora veo el mundo. Mi hijo es el viaje mas profundo de autoconocimiento que he realizado.

¿Qué opinas de tus primeros libros y tus últimas publicaciones?

C: Hay una diferencia temporal muy grande entre los libros que he publicado. La Máquina de vivir la escribí en 2005 y la publiqué hasta 2009, El virus de Munch lo escribí en 2015 y lo publiqué en 2017.

Mi problema es que soy muy autocritica y poco autocomplaciente. A veces me gustan mucho mis libros y digo “pero qué buena soy”, pero a veces me avergüenzan mucho. Es muy difícil para mi dar opiniones sobre mi trabajo porque suelo ser muy dura conmigo misma. Me gusta más saber que mis lectores aprecian mi obra o los conmueve.

¿Con cuál de tus libros te identificas más en este momento de tu vida y por qué?

C: El libro al que más le tengo cariño es a Postales del exilio, porque ganó el Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa. Me gusta por como lo escribí, por lo que había vivido.

Era la primera vez que vivía por más tiempo en el extranjero, en París Francia y odiaba esa ciudad porque me la pasaba con poco dinero y sin comer. Ahora que vuelvo de visita, la amo de nuevo y me parece la ciudad más bella y maravillosa del mundo a pesar del mal humor de la gente, su suciedad, etc., pues al menos ahora si como.

También ese libro lo escribí después de estar enferma y convaleciendo en México (tenía una infección en las articulaciones y el medicamento era tan fuerte que no podía ni siquiera caminar me dolía todo el esqueleto).

Postales del exilio era un intento por escribir poesía mas seria. A los demás libros también les tengo aprecio, dan testimonio de la persona que fui en ese momento, una persona que construí a base de poemas y que ahora es otra persona, otros poemas, otra obra.

 

 

Escrito por Esther M. García

Esther M. García (Cd. Juárez, Chihuahua, México, 1987) Radicada en Saltillo, Coahuila. Licenciada en Letras Españolas. Ha publicado cinco libros de poesía, uno de cuentos y una novela juvenil. Ganadora del Premio Nacional de Cuento Criaturas de la Noche 2008, Premio Estatal de cuento Zócalo 2012, Premio Municipal de la Juventud 2012, Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2014, Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada 2017, Premio Estatal Chihuahua Cambiemos el cuento 2018, y Premio Nacional de Literatura Joven FENAL-NORMA 2018. Fue finalista del V Premio Internacional de Literatura Aura Estrada. Ha sido becaria del PECDA Coahuila y del FONCA JC. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, italiano y portugués.