El legado de las crónicas de Indias en la reconstrucción de las identidades sexo genéricas

Imaginen a perros furiosos abalanzarse contra personas: muerden cabezas, brazos, piernas. Los cuerpos piden clemencia mientras a su alrededor un grupo de soldados observa la situación. Los mastines fueron entrenados para hacer desaparecer a aquellos que no se ajustan a la norma heterosexual colonizadora. Comen, despedazan, matan. ¿Qué dirán los que observan? Algunos ríen, otros conversan, sostienen sus armas. La imagen, en forma de grabado, retrata un día cualquiera del siglo XVI. Su autor, Theodor de Bry, fue uno de los primeros orfebres que dio cuenta de la llegada de los españoles a América.

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Escenas similares fueron narradas por el cronista Francisco López de Gómara, quien se valió de los testimonios de viajeros para reconstruir lo acontecido en América. Gómara cuenta en uno de sus escritos que en una de las campañas militares europeas llevadas a cabo en el territorio, los españoles debieron enfrentarse a la resistencia de la comunidad del cacique Torecha. “En esta batalla se tomó preso a un hermano de Torecha en hábito real de mujer, que no solamente en el traje, pero en todo, salvo en parir, era hembra” revelaba el cronista.

El testimonio resulta de gran importancia, no solo porque el suceso evidencia la persecución y, con el, la culpa de la sexualidad y los primeros precedentes de la heteronorma; sino porque también deja entrever los rastros de identidades sexo genéricas diversas que dan cuenta, entre otras cosas, del travestismo entre pueblos indígenas.

Las crónicas de Indias son retomadas en la elaboración de la teoría travesti/trans latinoamericana sobre la que viene trabajando Marlene Wayar desde hace algún tiempo y cuyos lineamientos básicos fueron dados a conocer en una clase universitaria pública y gratuita, realizada en Bariloche el 21 de junio, tras la invitación realizada por el proyecto de investigación (PI) “Cuerpos en lucha: políticas sexo-genéricas y disputas por los sentidos de la vida precaria” y el seminario “Teoría/s queer: problemas, conceptos y debates” de la UNRN, en articulación con el Equipo de Diversidad Sexual del Municipio de Bariloche.

Marlene Wayar -activista, docente y editora- destacó a lo largo de su presentación que la teoría travesti/trans latinoamericana, de la cual es referente, se encuentra en constante construcción y que resulta fundamental traer al presente los discursos sobre las identidades trans realizados por los denominados conquistadores. Wayar sostiene que el material en torno a la temática es escaso e implica un trabajo arduo: “Es en los relatos del conquistador a donde tenemos que ir a buscar, esto implicaría releer las crónicas de Indias, y hacer segundas y terceras lecturas sobre lo ya dicho”.

A lo largo de su presentación Marlene dejó entrever que en la historia de los pueblos aborígenes pueden verse sociedades estratificadas y verticalistas pero con otras lógicas de vivir las diversidades sexo genéricas, distintas a las impuestas por la norma colonizadora. “Cuando el ejército conquistador vence al del Cacique Torecha e ingresan a la comunidad encuentran a ancianos, ancianas, mujeres, hombres, niñas, niños y otras subjetividades, entre ellas el hermano de Torecha, que son mencionadas en las crónicas de Indias y graficadas por Theodor de Bry. De esas identidades van a decir que sólo en parir se diferencian de las mujeres”.

La elaboración de la teoría travesti/trans latinoamericana retoma la lectura de los pueblos originarios en torno a la cosmovisión de la subjetividad, en tanto totalidad, en donde los principios femeninos y masculinos están presentes. “Hay una totalidad, no es una dicotomía entre lo masculino y lo femenino como totalidades en sí, sino que cada subjetividad es una totalidad con estos dos aspectos en danza” destaca Wayar; de ahí que resulte fundamental recuperar las identidades que el discurso colonizador buscó invisibilizar.

La conquista va a asentar el pecado. Es en el centro de las plazas en donde se castiga a las identidades sexo genéricas no heterosexuales; eran laceradas, humilladas y asesinadas frente a sus propias comunidades.

Wayar sostiene que “el relato del conquistador asienta, por un lado, lo estigmatizante y, por otro, la culpa de la sexualidad. Si no es monogámica, si no es heterosexual ni reproductiva, la sexualidad es un pecado”. Desde la incrustación de la culpa empieza la dominación. Una culpa performativa, en la que todas y todos son pecadores y están en falta, y el perdón es brindado por la religión católica, por los dominadores. Estos dos primeros movimientos delimitan qué es lo demoníaco y lo pecaminoso, cuáles son las familias y las consanguinidades aceptables, y por ende, generan una primera fragmentación en el cuerpo social.

La conquista, tal como sostiene Marlene, “ha sido uno de los ejercicios performáticos más exitosos”. Es a partir del análisis del discurso colonizador, recurrente en las crónicas de Indias, que pueden evidenciarse los mecanismos de invisibilización de ciertas identidades sexo genéricas. Hacer un abordaje con perspectiva histórica resulta fundamental para dar cuenta de aquellos sentidos que, hasta nuestros días, estigmatizan, deshumanizan, patologizan y criminalizan a las expresiones no heterosexuales.

Bibliografía
Francisco López de Gómara, Historia General de Indias I, Ixii, 1552. (Cardín, 1989, p. 151).
Fuente de la imagen / Acceso público: Grabado de Theodor de Bry.

Escrito por Gabriela Manchini

Gabriela Manchini (San Carlos de Bariloche, Argentina; 1987). Licenciada en comunicación social (UNLP), periodista. Poeta de alma, cuentista de a ratos y comunicadora siempre.
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