La sinestesia y el dolor. “Un hotel de cinco estrellas sobre un cementerio”: nuevo poemario de Ale Oseguera

Ale Oseguera (México) es periodista, locutora de radio y poeta, y con Un hotel de cinco estrellas (2019, ediciones Oblicuas) ha sido galardonada con el XII Premio La Nunca. No es este el único libro de la autora, también firma Tormenta de Tierra (2016) y es una de las fundadoras del proyecto artístico Las Hermanas del Desorden.

Cuando abrimos el poemario, la autora nos lleva de la mano hacia un recorrido de imágenes líricas de gran potencia. Ale Oseguera toca la soledad, la irremediable pérdida, sus poemas son al invierno y al frío, porque sobre todo lo que late en Un hotel de cinco estrellas es un canto a la muerte. Un canto sincero. Como ella misma afirma en su blog Doble Aire: “mi Hotel de Cinco Estrellas surge de la pérdida, de la tristeza que provoca el luto, del desamparo y la depresión”.

Desde el primer poema, breve, como una pequeña estrella de esas cinco de su hotel, nos advierte:
“Somos inciertos.
Los únicos infalibles
son los muertos.”

Y como arteria de la muerte, en el poema Mosquitos, el Yo lírico ataviado de luto presencia un entierro y al mismo tiempo, es consciente de su propia desaparición como parte principal del festín de esos mosquitos que “son insonoros, son invisibles./ Pueden entrar en todas partes:/ dentro de tus ropas,/ fuera de tus ropas,/en el fondo de tu oreja,/cerca de tus venas,/ tu garganta,/ el corazón.”.
El Yo lírico, en este viaje al dolor, se aproxima a la urna “después de tres misas violentas/ y una noche despierta/ frente a tu cadáver” para depositar una flor como huella del recuerdo.

Un hotel de cinco estrellas sobre un cementerio explora la herida que queda cuando todo se ha terminado, cómo el ser solo puede “llover” cuando la muerte hace acto de presencia, pues nos confiesa: “Yo guardo entero en celoso puño/el grito urgente de mis tormentos”.

El intimismo es otro rasgo inherente en el estilo de la autora, como cuando nos topamos con poemas como Camisas. Es inevitable que la voz poética nos empuje hacia el dolor de una cotidianeidad ausente. Y a través del recuerdo y del juego semántico, el yo poético no teme dirigirse a un tú lírico y a la pérdida y dice: “Mira, ahora, papá:/Cuelgo yo/ del hombro de todas tus camisas”. De este modo, hace partícipe al lector desvelando el sufrimiento de la ausencia. Sufrimiento que el Yo lírico le transmite al lector cuando en una confidencia desgarradora hallamos este poema breve, uno de los breves textos líricos de Ale Oseguera en el poemario:
“He llorado sobre la cama
hasta que las sábanas
han podido apagar el incendio.”

Los poemas de Un hotel de cinco estrellas también dan lugar a una especie de juego de niños del que se desvela cierta tristeza, tienen una plasticidad donde la autora juega con la sinestesia, como otra cápsula:

“Me aferro a la luz del sol.
Sé que un día las nubes
ya no se irán.”

La autora hurga en huecos como aquellos donde habitar el poema. Y de nuevo, la posibilidad de la pérdida es el eje central de esta pieza:
“Porque sin ti
del universo
solo queda el desastre de tu piel calcinada.”

El título del libro de Ale Oseguera es tomado de uno de los poemas que glosan su obra. El cementerio se presenta como un resurgimiento, como una posibilidad de belleza, es uno de los lugares al que nos lleva la voz poética en este libro, pues “aun bajo despojos sobreviven las semillas y los pájaros”. Al igual que sucede con los incendios, pues como afirma de modo irónico: “Qué hermoso el incendio,/ aunque su gloria no alcance para arrasar con todo”. La voz poética se aferra a la muerte y a la “esquina rota de su tristeza”, que aparece “hilvanada/ con todas las venas lianas de mis muertos”.

En el poemario de la poeta mexicana hay también cabida para una reflexión, el paso del tiempo dará lugar a otra etapa, el ciclo que se cierra aventura otro nuevo plagado de palacios, de rascacielos, de mausoleos y, finalmente, de ese hotel de cinco estrellas que ya nos adelanta en el título del poemario. La piedra y el frío borrarán el recuerdo, todo lo que yace debajo, pues “nadie hablará de los viejos” cuando todo se construya sobre la muerte, para así intentar evitarla.

El poema que cierra el libro cavila acerca del significado de todo lo que viene tras la muerte y esa constante manía, casi enfermiza, de querer evitarla levantando cementerios lejos de los centros de la urbe para que no podamos dedicar un minuto a pensar en ella y así, podamos descansar en el hotel de cinco estrellas, ante el minibar.
Ale Oseguera, sin embargo, huye del convencionalismo y brinda al lector un paseo por la muerte, por la pérdida y por las emociones que brotan cuando uno se enfrenta sin engaños al dolor de la ausencia.

Finalmente, tras extirpar todo este dolor, a la voz poética solo le queda un único acto: rescatarse.

 

Escrito por Alicia Louzao

Exácticamente, soy doctora en literatura y licenciada en Filología Hispánica y en Filología Inglesa. Soy profesora en la Universidad Complutense de Madrid y escribo en Ocultalit, Quimera, Drugstore, Le miau noir, Culturamas y La soga. Dibujo en instagram: alicialouzao_
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