Expertos conocedores de la verdad, de lo oculto y lo incauto.
De aquellas verdades que gritan con una voz perenne, lo bien que la han pasado y el abandono en el que hemos estado.
Del olvido al no me acuerdo, de las palabras que surgen como remanso de consuelo para un alma que se atormenta sin llover, sin relámpago, sin centellas.

Escritas como verdad, como silencio impoluto que sabe pertenecer, seguir así, en el silencio de lo absurdo, en la mansedumbre infinita de la verdad más incomprendida de todas.
Es así como se renuncia, es así como se pierde, como se resecan los suelos en el verano y en el invierno buscas calor.
Viaja por el tiempo pensando y sintiendo que es posible, que más allá de la tormenta, de ese vendaval infinito que azota tu puerta, que cierra la mía, es un adiós frágil, un adiós cobarde que conoce que tus principios confusos, son mis finales más sensatos, que mis palabras te quemarían como una hoguera, y aún así, jamás te diría nada, jamás revelaría nada, porque tengo este mal vicio de entregar sin mirar, aunque unos lo llamen virtud, de entender y compadecer, de olvidarme de ti, para renacer en el recuerdo del otro, del principio de la memoria y del vacío.
Curiosamente, si la historia comenzó con una película de desamor u olvido, es mal presagio, pero aquí tampoco hay promesas.
No hay gente que se vence mejor, gente a la que le pasa la vida, gente con la que de ningún modo se suele permanecer.
Mi vida se parte, se dobla, se pone en obra cada vez que intenta edificar algo nuevo. Lo hace por la esperanza, lo hace por el azul del cielo, lo hace por las razones más sensatas en los mundos más crueles, todo tiene sentido cuando las cosas más simples saben hacerte feliz.
Nunca te conté historias para deslumbrarte, solo quería intentar ser yo contigo, ser yo en ti.
No me gustan las guerras, de ningún tipo. No me interesa ser otra cosa que quién soy, es mi única gran arma y mi único gran recurso.
Me interesan las cosas simples y las cosas complejas, no tengo que demostrar nada, aún así debo intentarlo todo.
A veces sí, a veces pasan cosas buenas y otras veces, sencillamente, no tanto.
Prefiero mi pureza, prefiero mi verdad, prefiero unos versos torpes pero sensatos, que finos e indolentes, manipulados.
Escribo tu adiós desde la verdad que soy, desde el vuelo que emprendo, donde termina lo que no empezó, donde tú no me haces bien, donde ya no me interesa, te digo que busco un lienzo para pintar, y por las noches una sabana para cubrirme, lo que busco es simple, mientras a ti lo que te gusta es jugar a los hechizos como los magos de las sombras.

Escrito por Andrea Morales Jiménez

(Barranquilla, 1.988) Comunicadora Social y Periodista afincada en Granada, España con experiencia en periodismo cultural enfocado a cine, televisión y teatro. Trabaja contenidos para marketing y publicidad como a su vez para el sector tecnológico en páginas web y aplicaciones móviles.