Esta vez, realicé una entrevista al escritor y poeta ecuatoriano Juan Secaira (Quito, 1971). Esto fue lo que nos dijo:

Para Juan Secaira, ¿qué es la poesía?
A estas alturas, no es parte de mi vida, sino mi vida, aunque suene egoísta, es la gran posibilidad de ser y a la vez no ser, una aventura rigurosa de la razón y el instinto. Una forma de entender el día a día desde una perspectiva desaprendida y construida en el aire, en la incertidumbre de lo que vendrá; algo que traspasa lo literario y acompaña las horas, convirtiendo la rutina en un desafío, transformando así ese atisbo de egoísmo en una metáfora de su contrario, en un compartir y aprender del entorno desde el sustento de la individualidad propia. Y la poesía está ligada a la lectura, al hábito de leer que me ha acompañado desde siempre y que lo considero en tal dimensión que lo desprendo de la falsa erudición, de creerse más porque se ha leído o no; no va por ese rumbo la cuestión, sino por la facultad de aprender y sentir; de leer no solo libros sino imágenes, realidades, la cotidianidad; las lecturas, los autores no están solo para citarlos coyunturalmente sino para nutrirse de ellos sin tomarlos como evangelios pero sí como oportunidades.

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Todos y todas los que te hemos leído ya sea en redes sociales o tus poemarios, sabemos que padeces una neuralgia del trigémino que te impide movilizar una parte de tu cuerpo, en este caso, ¿la poesía es sanación o de qué forma contribuye con tu día a día?
En realidad tengo, entre otras cosas, para resumir brevementey no agobiar a los lectores (son tantos nombres científicos que incluso para el bienestar propio es mejor abreviar porque una persona es mucho más que una historia clínica ambulante), una polineuropatía desmielinizante, un daño severo en los nervios del cuerpo, que al debilitarse he padecido de una neuralgia del trigémino, túnel carpiano, ahora mismo ya me ha comenzado en la mano izquierda; tenosinovitis de Quervain, parestesias, falta de sensibilidad y movilidad, un problema grave en la espalda, en el corazón, dolor, muchísimo, insoportable, demencial y constante dolor, especialmente de cabeza, etc., etc., y en definitiva un cuadro complicado por lo difícil de diagnosticar, pues se van presentando los problemas y recién se han podido realizar interconsultas y los doctores de las diferentes especialidades se han reunido para compartir y sacar conclusiones conjuntas; pero hasta que eso pasara —antes estaba atendido por otros doctores— unos me decían que tenía una enfermedad, otros que otra, y me tenían sin una claridad, gastando tiempo, ánimo y dinero. Un camino largo y tortuoso hasta que ahora hay algo más de claridad, aunque todavía no completamente pues dicen que aún la enfermedad no se presenta en su totalidad, pero ya se tiene una mejor idea y un cuidado más seguro, en todo caso.
La poesía siempre ha sido para mí la opción de crear un mundo aparte, no para huir sino para constatar que este es insuficiente y, muchas veces hostil; y desde ahí ironizar y poetizar, no desde la sanación sino desde el enfrentamiento de las distintas realidades que lo conforman.

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¿Crees que la enfermedad es una limitante para la escritura o una fuente para crear un poema?
Depende del estado de la enfermedad, me refiero a que uno vive un proceso de negación y también de depresión, donde es muy difícil escribir, o lo que se escribe es únicamente un ejercicio personal, que puede servir internamente para irse desprendiendo de las trabas y los miedos y salir a la superficie y desde ahí sí liberarse. En mi caso, la enfermedad me ha dado la oportunidad de mirar las cosas desde otras perspectivas, menos egoístas quizás, menos cerradas. No siento que nada debe limitar lo que de verdad le apasiona a una persona. Lo que he buscado es, desde mi puesto, mirar al mundo, no limitarme. Para que la enfermedad sea una fuente de creación hay que pasar por el trance de aprender a verse uno mismo y desde ahí plantearse la creación. Desde antes de la enfermedad, yo ya había escrito libros y ganado un espacio, así que lo que me sucedió después no ha sido sino una experiencia más en mi vida, que la asumo y sigo haciendo mi camino.

Cruce de cables
Eres una persona reconocida dentro del mundo literario, bajo este contexto, ¿recibes apoyo de los colegas poetas o la enfermedad es un algo que debe callarse para no causar incomodidad?
Cada persona decide si calla o no lo que le pasa, en mi caso, luego de muchos años de sufrir en silencio mis dolencias, me decidí a compartir un poco de lo que me sucedía, como una forma de catarsis y de sacar lo que tenía adentro, y me sirvió en términos de que recibí buena energía y apoyo sincero. El apoyo que he recibido es a nivel de amistad, cuando he estado en problemas verdaderamente álgidos por mi salud, porque no tenía un diagnóstico correcto y por ende tampoco una medicación apropiada, especialmente para un deterioro del corazón que me tenía a mal traer, ahí recibí mucha ayuda de mis amigos, entre ellos poetas, pintores, periodistas, amigos de la infancia, de la universidad, de las empresas donde he laborado, de la vida, algunos familiares, a quienes agradezco de corazón por haberme salvado de esos momentos apremiantes y desesperados.
La poesía debe incomodar, debe dejar pensando, mover el piso al lector desde muchos ángulos. Y esa misma incomodidad provoca la enfermedad, a nivel personal, cuando se sabe que no es pasajera, que tendrás que convivir con ella toda tu vida, que no se trata de un dolor temporal; desde ese punto de vista cobra sentido, para mí, el no callar, y poder transformar en arte eso que tanto nos conmociona.

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Y de los hospitales y los centros de salud, ¿cuál es el trato que recibes? ¿están capacitados para esta enfermedad?
Hubo una época que pasé mucho en hospitales, yendo y viniendo, ahí sí fue tenaz por la energía intensa de esos lugares, porque, con excepciones, cada doctor se cree un rey que lo sabe todo y uno como persona no les interesa; cuando me cambié de especialistas, a unos ya más profesionales y humanos, buscando, buscando y con recomendaciones de otros pacientes, me demostraron que los antiguos doctores prácticamente me estaban medicando bombas de tiempo, pastillas para mantenerme en estado de shock, noqueado, y uno confiando porque no sabe bien cómo es la cosa. Malos recuerdos en general tengo de los hospitales y de mi inexperiencia. También, dicho por los mismos doctores, no están del todo preparados para estas enfermedades extrañas, escondidas y difíciles, falta bastante camino por recorrer. No me quejo, lo cuento como vivencias que he pasado, nada más.

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Hace algún tiempo, por medio del Facebook empezaste a compartir los dibujos que haces con tus diferentes manos, ¿cómo se dio este proceso y cuál es la diferencia en tu capacidad artística entre estas?
Dibujo únicamente con la mano izquierda, aunque siempre fui derecho. Comenzó como un juego, para distenderme, siempre me ha gustado la pintura, leer y disfrutar los libros de arte, y de esa afición surgió el empezar a garabatear; además porque tenía que entrenar la mano izquierda para escribir pues con la derecha ya no lo puedo hacer. Así empecé y me gustó, fui entrenando y haciéndolo diariamente y poco a poco mejorando un tanto mis trazos y mi forma de dibujar, que no es profesional ni nada por el estilo, es solo mía y la comparto con quienes la quieren apreciar.

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Coméntanos, ¿cuál es la diferencia en el proceso artístico entre el dibujo y la poesía?
Es similar, exige el mismo impulso y una base teórica y de intuición y sensibilidad; todo lo que me ha apasionado lo he aprendido también por medio de la lectura; por ejemplo, me encantaba el fútbol, lo practicaba y también leía revistas y libros del tema como un loco; lo mismo me sucede con la poesía y con el dibujo. Con el dibujo el único inconveniente es que lo hago con mi mano que no es la hábil, que no está entrenada, soy zurdo a la fuerza, pero tal vez eso mismo puede ser una ventaja; todo posee su yin y su yang.

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Finalmente, ¿qué mensaje le dejarías a los artistas, que, como tú, tienen una enfermedad que deben sobrellevar en el día a día?
Que hagan lo que sientan, que no frenen su proceso personal por consideraciones artificiales, como el qué dirá la gente, o los prejuicios, o el no molestar al resto o pendejadas de esa índole; yo pasé encerrado en mi casa muchísimo tiempo, también me dio por la bohemia con locura, y así, lo importante es que lo hagan porque lo sienten de verdad. Y que defiendan su arte a capa y espada, que eso es lo que nos queda, tan propio y lejano a la vez, al final del día.

Escrito por Sara Montaño Escobar

Sara Montaño Escobar (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general. Sus poemas se encuentran en revistas de Ecuador, México, Venezuela, Argentina, Colombia y España. Parte de la Antología de poesía y relatos publicada por el Municipio de Loja (2017). Relato publicado en libro cartonero “Pasaporte”, un proyecto que corresponde a tres editoriales cartoneras: Dadaif Cartonera (Ecuador), Cossete Cartonera (Francia-Brasil) y Pirata Cartonera (Ecuador-Salvador). Publicó la plaquette Génesis de ausencia (Vis-k-cha, Editorial independiente, Loja- Ecuador, 2017).