Asociamos la palabra comodidad con un espacio o lugar particular, con temas sobre los que nos gusta hablar, con ropa que preferimos usar, con personas con quienes nos gusta estar. ¿Y en relación a la corporalidad? ¿qué es lo que hace que ciertos cuerpos vivan confortablemente y otros carguen con la incomodidad?

Sara Ahmed, académica feminista británica australiana, sostiene en su libro La política cultural de las emociones que “los cuerpos adoptan la forma de las normas que se repiten con fuerza a lo largo del tiempo”. Hay sentidos que moldean las corporalidades, se convierten en un guión que (nos) indica cómo actuar y ser. Todo aquello que no cumple con la norma adquiere la forma de una amenaza, y por ende, es expulsado, rechazado, construye un sujeto fallido.

Seguir la narrativa de la heterosexualidad implica no sólo reproducir el ideal que la norma impone, sino también vivir confortablemente, encajando según los parámetros impuestos, reproduciéndolos, no volviendo conscientes los privilegios que esta lógica ordenadora impone.

Ahmed se pregunta – y toma a esta pregunta como un punto importante en el desarrollo de su trabajo-: “¿cómo se siente habitar un cuerpo que no puede reproducir un ideal?

Toda manifestación que altere la heterosexualizacion de los espacios públicos es una amenaza y debe ser disciplinada. En Argentina, Mariana Gomez fue condenada a un año de prisión en suspenso por besar a su esposa, Rocío Girat, en la estación Constitución en octubre de 2017. La causa fue por “resistencia a la autoridad”; y lo que la autoridad dicta es que toda identidad no heterosexual no puede besarse en los espacios públicos. Para algunos cuerpos -aquellos que se ajustan a la norma impuesta- hay confort y acceso al espacio público; y para otros ocultamiento y persecución. El bienestar es negado para aquellos que no reproducen la narrativa hegemónica.

La incomodidad consiste en verse afectado por aquella norma que persiste en moldear cuerpos y vidas. Porque es a partir del sentimiento de incomodidad, de estar fuera de lugar, que puede evidenciarse, en términos de Ahmed, “como los espacios permiten que se extiendan algunos cuerpos y no otros”. La incomodidad es un punto de partida para producir nuevos significados -o resignificarlos- y preguntarnos por las narrativas vigentes y las que podrían construirse. Que la incomodidad nos desarme.

Escrito por Gabriela Manchini

Gabriela Manchini (San Carlos de Bariloche, Argentina; 1987). Licenciada en comunicación social (UNLP), periodista, profesora. Poeta de alma, cuentista de a ratos y comunicadora siempre.