Tomás Guala: «Siento que la poesía es donde soy completamente valiente»

Tomás Guala (San Fernando, 1994) es poeta, corrector de textos y estudiante de Psicología. Publicó los libros de poesía Aquí y ahora (Tinta Libre, 2013), El jardín de la inocencia (Peces de Ciudad, 2016), Todos nos vamos (Peces de Ciudad, 2017) y Nunca estuviste solo (Halley Ediciones, 2019). Fue seleccionado en Cuento para la antología de Ed. Hincohe (2017) y la del Certamen Internacional Letras Vivas (Grupo de Escritores Argentinos, 2018). Para él, la poesía es encuentro, sanación y honestidad. Instagram: @tomasguala

En una de las tardes más frías de Buenos Aires, decidí juntarme con el poeta Tomás Guala en un paseo de compras muy conocido de Palermo. La cafetería que habíamos elegido estaba llena y solo nos ofrecían los asientos de afuera. Doce, trece grados centígrados; un poco de viento. «Está fresco», me dijo Guala. «La poesía nació para arder», le contesté, recordándole uno de los poemas de su último libro, Nunca estuviste solo.

  • Bien, desde el principio: la dedicatoria (A Bere, mi bisagra). ¿Por qué “bisagra”?

Hay un resignificado en la dedicatoria. Bisagra es el último poemario de Mariana Kruk, mi editora, con quien hago un acompañamiento poético. Ella significa muchísimo en mi vida, me identifica su forma de sentir y encarar la poesía. Por otra parte, un tiempo después de haber leído su libro, conocí a Bere (mi pareja) y vivimos cosas muy intensas. Realmente ella fue mi bisagra. Creo que la palabra habla por sí misma: un antes y un después, un quiebre. Este libro en noviembre aún no existía y fue un riesgo para mí el haber asumido la responsabilidad de escribir y publicar en tan poco tiempo.

  • ¿Qué se siente dedicarle un libro entero a una persona?

Aún lo estoy experimentando. Le estoy dedicando todo lo que soy aún sin saber todo lo que soy, con todo lo que eso implica. Creo que el amor toma y asume riesgos, se da completamente o no se da: sí, le dediqué el libro entero, mi vulnerabilidad, mis aspectos más oscuros. Siento que la poesía es donde soy completamente valiente. Es mi lugar seguro, sin arrepentimientos, como en el amor, ya que hay una cuestión mágica presente en ambos conceptos.

  • Siento que en tu poesía está presente el concepto del fuego, de arder. Lo relacionás mucho con tu literatura.

Yo lo entiendo como un proceso en el cual, más allá de conocer qué era lo que me estaba pasando, no había tanto espacio como para parar y notar todo aquello que transitaba. Una vez que terminé el libro, me di cuenta de que en mi poesía no hay un término medio. Al fuego lo vinculo con la intensidad, siento que no puedo hacer las cosas de manera incompleta, sino dándolo todo. Entiendo al fuego como algo de «bueno, acá estoy, mi poesía nació para arder», me hago cargo de que nací para esto.

  • A diferencia de tus libros anteriores, acá en Nunca estuviste solo presentás un nuevo estilo de poemas. ¿Te costó mucho el salto entre el verso más tradicional a este de casi haiku?

No, porque fue un proceso en el cual hay libros inéditos en los que quizá sí se note más el cambio de estilo. De todas formas, creo que es algo que el lector notará más que uno mismo. Fue un trabajo que atravesé sin mucho esfuerzo ni búsquedas de cambio, simplemente se dio así a través de los años.

Entiendo que la búsqueda de la voz poética es un camino infinito. Si bien no me siento a gusto con el concepto de conformidad, el poder ver este libro me pone muy contento, y eso es algo que hasta ahora no había experimentado con el resto de mi literatura, así que sí, de alguna manera u otra estoy conforme.

  • ¿Sos de escritura mecánica o te sentás a escribir esperando una inspiración?

Interpreto que cuando hay algo que decir a través de mí, ahí lo plasmo en la escritura. No busco una inspiración. Me sucede que cuando escribo, lo hago un montón y casi sin parar. Es muy difícil que escriba solamente una o dos líneas y ya. Creo que también son épocas: si no tengo la necesidad de decir algo, puedo estar un tiempo largo sin escribir.

  • ¿Se puede decir también que hay cierta responsabilidad en lo que escribís? Que no es el hecho de simplemente escribir algo y ya, sino de sostener el mensaje que trasmitís.

Sí, fue algo que noté entre mi segundo libro, El jardín de la inocencia, y el tercero, Todos nos vamos, que fueron escritos al mismo tiempo, pero lanzados con un año de diferencia entre sí. Sentía que en el primero había un mensaje de la inocencia y de la infancia que quería transmitir, pero también estaba ligado al concepto de la muerte. Era el primer mensaje que quería dar de los dos, y creo que en el momento me di cuenta de que no podía lanzarlos al mismo tiempo. Cuando tuve que asimilar Todos nos vamos, sentí que no sabía si estaba hablando de cosas de las que me gustaba hablar, pero que igual debía hacerlo. Asumí desde chico que debía mostrarle al mundo las cosas que me pasaban, ponerlas en cuestión.

  • Hay un juego poético muy bueno casi al final del libro, esto de tomar frases hechas o refranes, pero rematarlas o cambiarles el significado. ¿Cómo se dio?

Era un ejercicio del taller de Mariana Kruk. Salieron esos remates, nunca los busqué ni los pensé demasiado. Creo que traté un poco de cuestionar esas famosas frases hechas sin otro remate posible. Hay cierta crítica hacia eso, hacia el no cuestionarlas. También percibo una dualidad, como si hubiera otra persona que me está contestando.

  • ¿En qué momento te diste cuenta de que la poesía es fundamental para tu vida?

A modo de introducción, quiero aclarar que nunca elegí ser poeta. Creo que es una de las pocas actividades que hago en completa felicidad, sin expectativas. El no elegir me brinda una seguridad aparte, ya que estoy seguro de que doy todo. Siento que aún no lo encontré en otros aspectos de mi vida.

También, luego de Todos nos vamos, asimilé que había un mensaje muy fuerte que tenía que ver con aceptar, procesar y vivir cosas de la vida que comenzaba a manifestar a través de la poesía que, por ejemplo, en mi primer libro, no existían. Empecé a liberarme de conceptos o no buscarlos, y percibí la presencia de la poesía. Creo que ahí hice un clic en mi búsqueda interna. Considero a la poesía como un modo de honestidad y sanación.

  • Acá va una muestra de la poesía del autor:

LA POESÍA NACIÓ PARA ARDER

Quemarme.
Quemarme
y este mundo iluminar.

*
No confío en las palabras.
El amor se nombra
en silencio.

*
El futuro me agobia.

Pero escribo.
No muero porque escribo.

Escrito por Camilo Romero Maturano

Camilo Romero Maturano (Mar del Plata, 1992) es un escritor argentino que reside en Parque Chacabuco, CABA. Recibido de Redactor Profesional de Textos, ha publicado, hasta el momento, dos libros: Valses y otros relatos (2016, Ed. textosintrusos) y el poemario Pública Intimidad (2019, Ed. Niña Pez). En sus ratos libres juega a ser músico.
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