Cuando creamos acontece la revolución, revolución liberación de nuestro ente que se explota así mismo, ese que está dentro y que es la normalidad y en el mejor de los casos la lucha constante contra esa normalidad de la que somos parte, del sujeto en la sociedad. En la creación se intenta no sólo inventar, sino explotar-se a sí mismo, es decir sacarse, salirse,  sacar fuera violentamente toda esa gama de sentimientos del ser que ocupa un lugar quiera o no en la realidad. Cuando ciertamente no quiere, pero se está, entonces actuamos sobre ella, ese solo hecho de re-afirmación de la existencia es en nuestros tiempos una excepción. Acabar con ese ente, pero no matándolo sino transformándolo,  así es como acontece la creación, y sólo de esta manera se podrá ver lo nunca antes visto, porque allí, en ese lugar donde uno se explota, se muere algo para nacer otra cosa, inexplicable, quizás porque viene de un lugar innombrable o desconocido como le gustaría decir a Lautréamont, ese lugar lejos de ser la nada, es donde todo está, colmado y desbordando entre los límites del silencio, del grito del silencio, de aquel que nace cada vez que la creación te lo proporciona, porque no sólo nace una obra, sino uno mismo, en ese acto, de lo contrario sería tal como una mentira, y eso se ve fácilmente en la potencia de la imagen, sabremos diferenciar un replica de uno auténtico. Un remedo de la experiencia o la experiencia en sí misma.

Así es como el arte revoluciona, no sólo al artista sino a la comunidad, por ello  todo arte es político, porque  genera cambios en la conciencia, sean estos subjetivos, y allí es donde importa llegar, a la subjetividad más profundad, dejar la semilla o la bomba para que después, afloren los frutos en la conciencia o reviente la conciencia hasta llegar al punto más alto de la superficie, hasta la conciencia más pragmática, así se hacen cambios y se destruyen patrones de la cultura en una comunidad. Cuando el arte debe socavar esos cimientos, los cimientos en que se sostiene una cultura en decadencia. Es necesario llegar a todos los puntos posibles de la inconsciencia y conciencia colectiva para hablar de arte como revolución, para incitar el acto creador, porque la subversión se debe dar allí, o desde allí, partir de allí. Los líderes artísticos capaces de ello, entre nosotros debemos marcar las líneas como se marcan las constelaciones, de estrella a estrella, hasta hacer ver los lineamientos, arquitectura que impulse al avance, no sobre la nada ni en la nada, sino en la infinidad que puede ser este maravilloso universo que es el mundo, y que podría ser la vida misma en todo su esplendor.

Subvertir  desde la creación es  subvertir conciencias, así lo artístico cumple una función política, siempre la cumple y la cumplió, desde que Monet pintaba florecitas hasta Abramovic haciendo que le corten la piel, la noche estrellada de Van Gogh socavó conciencias y empujó seguro, a la subversión de los valores de la época, el arte es un hecho político de por si. Subvertir conciencias es parte del plan necesario para hacer ver y desmantelar en facto el sistema de poder que hasta ahora sólo ha beneficiado, en su búsqueda material y de poderío a algunos cuantos, beneficio que no veo como superior a avances de otra índole, pues pertenece al ámbito de lo material, pero sabiendo que sin lo cual la empresa de la liberación humana no podrá consumarse. Hay situaciones de vida que esa realidad genera, insuperables y que hunden en el vacío de la corrupción, la ignorancia y el miedo a masas de gente, y que sabemos que el poder ha elaborado como se elabora un crimen perfecto, el asesinato de la dignidad, del valor mínimo y necesario del ser humano. Claro, sobre el levantamiento de las conciencias, puedo decir que los lugares plenos para la revolución son más los que la necesitan verdaderamente. Y siempre habrá esos que verán esto claro, como escribió Antonin Artaud en el pesa nervios; me gustaría escribir un libro que moleste a los hombres, un libro simplemente confrontados con la realidad que no admiten. Es evidente que ese malestar se produce más en los lugares donde esa realidad es aún más inadmisible. Ese ser, frente a esa realidad, vera doblegada su necesidad de liberación.

Allí y así nace la protesta, la creación es una protesta, cualquier forma que adopte, se verá siempre, se sentirá siempre que está socavando, derrumbando, luchando contra el lugar común. Que en ese acto el cuerpo de uno mismo, es decir, el del creador es contra quien se atenta, hacia ese ente, como sujeto común, repleto de desviaciones, impulsos, malestares, dolores, ansiedades, el ente se libera, sale y regresa, da la vista a la región esa que llaman la otredad. De esa manera se perpetúa la liberación, se llega al final de la protesta, al nacimiento de una nueva luz, nos liberamos, si eso no es subversivo en nuestro tiempo ¿qué lo es?

Todo aquello que nos oriente a ese lugar donde el ser humano ha erigido desde los fondos, todo ese camino, hasta donde lleguemos, es de por sí emprender  la lucha por la liberación, y esa  es la empresa menos rentable y por ello la empresa de por si más subversiva. Aspira de por si a desmantelar el orden, sabe que sin aquello la liberación del ser humano no podrá realizarse, ni su propia liberación y se lo dice a si mismo enfrentándose al  lienzo en blanco. Sabe que la pintura es el terreno por excelencia donde de toda batalla florecerá sino el paraíso el más auténtico paraíso artificial, que todo ser humano que rechaza la realidad inmerecida debe conocer.

En esta maquinaria de poder, la creación, entendida como señalo; como arma de liberación y subversión de las conciencias, no puede ser experimentada ni desarrollada bajo ningún dogma, evidentemente hablo de aquel dogma a cumplir ciegamente que esa maquinaria te proporciona para presuntamente ser libre, como la institución de la enseñanza, siendo esta la pronunciación final de discursos, escuelas y finalmente convenios sobre el hecho cual sea, en este caso hablamos sobre el artístico, que ya de por sí amerita un grado de experimentación subjetiva intensa, estos conocimientos pertenecen al ámbito del conocimiento teórico, muchas veces de dudosa procedencia, en especial en Latino-américa; la euro-céntrica, así es como se desconoce nuestra propia historia que  Walter Benjamin llamó la historia de los vencidos, es decir la historia desde el punto de vista de los vencidos, “contra la tradición conformista del historicismo alemán cuyos partidarios están siempre en empatía con el vencedor” (Tesis VII. W. Benjamin), aquella historia  que no se enseña en las escuelas. Pero para crear, toda teoría o pre-concepto no sirve, porque la creación es la aspiración al orden de un caos totalmente subjetivo. Y el lenguaje para decirlo es una búsqueda única. Hay que emprender la búsqueda de uno mismo para poder crear, hacia ese ser que sólo se es uno mismo, y que sin más debemos conocer, porque ese sólo hecho, es el mayor atentado contra el sistema ahora neo-liberal.  Porque el sistema, eso es lo que quiere, homogeneizar al ser humano,  hasta la patética forma que hoy vemos, ese producto de ser humano infinitamente repetido, esa absurda vida perdida tras el icono de lo que es la civilización hoy, aspirar sólo al orden material, la idiosincrasia neo-liberal produce ese tipo de ser humano, que ya dejo de ser un ser humano, como digo, es una empresa rentable producir, alienados.

Pienso en todos los héroes que no tienen una estatua, en los arcángeles venidos  del sol negro, en el surrealismo y sus creyentes, pienso en la lucha diaria de cada ser, pienso esto frente a esta época, en este escenario, violento y deshumanizado. Y por más que se crea que vencerá esa inmensa maquinaria, hay que estar seguros que del otro lado crece un bosque oscuro, cada vez más extenso, y que seguirá actuando bajo cualquier nombre que el tiempo disponga, para la transformación encaminándose hacia la utopía, ese cumulo de sueños, ese lugar negado, auto-negado, pero que intuimos y palpita como cuando perseguimos un sueño, el sonido de ese palpitar son los ecos de todos los delirios  que otros han delirado para decirte que existe, y hacer posible la verdadera vida. En tus ojos que no ven está presente el paraíso. Aunque parezca una inutilidad, ver algo donde no hay, ver salir algo de la nada, inventar, delirar, ver más allá donde nadie ve aún. Aunque parezca un sinsentido, sepan bien que son los ejes de la razón quienes han creado esta cárcel cultural de la que parece no hay forma de escapar. La utilidad de ver donde no hay, es la cualidad por excelencia que nos lleva a inventarnos y a saber que nos merecemos otra realidad, ese  otro sentir, ese otro estado, esa otra forma, esa otra vida, esa otra comunidad, esa otra esperanza, ese otro refugio, esa otra totalidad en la que debería transformarse todo, al unísono, construyendo desde la nada una gran obra en la que seamos todos los autores, el sentido del arte sería entonces, no sólo la creación de obras propias, que nos liberen y/o resinifiquen, sino de edificar la obra en comunidad, crearnos una comunidad, esto conllevará para construirla la liberación y re significación de cada ser que la integre, así, en conjunto, algún día esta obra final (de donde partiría otro inicio) será como verse el espejo y reconocerse, estará a altura de la necesidad espiritual y material de absolutamente todos.

 

Escrito por Verónica Cabanillas Samaniego.

Artista plástica, poeta y surrealista