Ana Verdú: «La libertad de expresión significa poder hacer un uso simbólico del cuerpo femenino para cualquier fin sin que tenga consecuencias»

En esta ocasión tuve la oportunidad de conversar con Ana Verdú Delgado, antropóloga Social y Cultural y Doctora en Estudios e Investigación sobre las Mujeres, Feministas y de Género. Nos manifestó lo siguiente: 

Has realizado diversos trabajos sobre discriminación de género en los medios de comunicación. ¿En qué consiste la discriminación simbólica?
Cuando hablamos de discriminación nos referimos a sistemas que niegan u otorgan menos derechos a ciertos grupos sociales. En el ámbito de lo simbólico, esto es, en el lenguaje, en la comunicación visual, etc., la discriminación se expresa en la representación de dichos grupos, es decir, tiene que ver con la difusión sistemática de una imagen que distorsiona su realidad o la interpreta en términos de inferioridad. La feminidad, a lo largo de los siglos ha sido construida como referencia negativa de la masculinidad, ha servido para representar todo aquello que el hombre debe rechazar o dominar para construir su propia identidad, y por lo tanto, ha sido en cierta forma manipulada, reducida, negada y distorsionada dentro del modelo cultural patriarcal. Esta manipulación es anterior al desarrollo de los medios, y pervive en nuestro tiempo con diferentes fines, ya que el mercado y las industrias culturales también manejan las representaciones de género en su propio beneficio.

¿Cómo se vincula la discriminación simbólica con la cosificación de las mujeres?
La cosificación de las mujeres es una forma de invisibilizar nuestra humanidad real, nuestra subjetividad e individualidad, ya que se basa en la asociación simbólica de la feminidad con atributos meramente físicos, estáticos y existentes para uso social, principalmente para el disfrute masculino. Es evidentemente un ejemplo de discriminación simbólica, pero al constituir una representación aparentemente diferente de la tradicional imagen femenina doméstica, para muchas personas pasa inadvertida. En mi opinión, y también desde una amplia crítica feminista, la cosificación femenina obedece a la misma lógica que instrumentaliza el cuerpo y la vida de las mujeres, pues sigue negándonos como sujetos, extendiendo y normalizando una imagen de las mujeres como cuerpos disponibles al servicio de la sociedad, sin intereses propios y sin autoridad moral o intelectual para interceder en el mundo.

En tu artículo “El sufrimiento de la mujer objeto. Consecuencias de la cosificación sexual en los medios de comunicación” manifiestas que los símbolos sociales garantizan un orden jerárquico de lo masculino sobre lo femenino. ¿De qué manera participan los medios de comunicación en esta construcción, y qué papel tiene la hipersexualización femenina en este esquema de género?
Los símbolos sociales más extendidos siguen haciendo un uso excesivo de los estereotipos que reducen la feminidad y la masculinidad a esencias radicalmente opuestas, que subordinan el papel social de las mujeres y justifican en última instancia la violencia que sufren. Por ejemplo, frente al asesinato y agresiones sexuales de las mujeres, todavía se pone el foco en la víctima en lugar de visibilizar las verdaderas causas que llevan a miles de hombres a querer matar y violar a mujeres y niñas. Poner el foco en los hombres, en lugar de culpabilizar a las mujeres, resulta además una tarea compleja ya que en el universo simbólico prevalente la masculinidad se asocia con la violencia de una manera positiva, y el dominio masculino sobre la mujer aparece mezclado con la pasión amorosa.
En relación con la discriminación de género contamos ya con instrumentos jurídicos que nos ayudan a combatirla, principalmente mediante la penalización. Sin embargo, una sociedad democrática necesita igualmente el compromiso de los medios en la tarea de prevención de la discriminación y de la violencia. Estamos en un momento en el que el uso democrático, equitativo y justo de los símbolos en los medios de comunicación de masas es transcendental, por la capacidad que estos tienen de normalizar la realidad. Sin embargo, observamos muchas contradicciones. A pesar de los notables cambios a favor de la igualdad entre hombres y mujeres en la sociedad, aumenta la hipersexualización femenina como práctica mediática. No creo que sea un hecho casual, sino más bien una reacción patriarcal contra la libertad de las mujeres.Mientras las mujeres reales luchan por su desarrollo profesional, alzan su voz contra las injusticias que les afectan o se mueven por el mundo por sus propios intereses y deseos de crecer, una gran parte de los medios las representa como objetos de contemplación o de placer sexual masculino.En particular, la pornografía heterosexual dirigida a hombres ya no se conforma solo con eso, sino que ha convertido lo femenino en objeto de violencia, erotizando la violencia sexual contra mujeres y niñas. Esto significa que la cosificación sexual femenina actualmente es un fenómeno de reapropiación simbólica del cuerpo femenino que puede estar intensificándose en la medida en que las mujeres se afianzan como seres humanos autónomos.

¿Cómo influye esta violencia simbólica contra las mujeres sobre las relaciones cotidianas entre hombres y mujeres?
Por un lado, este tipo de representaciones intervienen en la conformación de nuestra identidad y personalidad, pues estamos expuestos a ellas desde la infancia, lo que produce que nosotros mismos también reproduzcamos comportamientos machistas inconscientemente. Hemos interiorizado y naturalizado la desigualdad en nuestro proceso de socialización. Muchas personas creen que el modelo de género que les fue enseñado es el que corresponde al orden natural de las cosas y no son capaces de imaginar otras formas de convivencia.
Si además hablamos de las consecuencias que tiene la cosificación específicamente, tendríamos que pensar en el tipo de sexualidad que estamos construyendo mediante la negación de la subjetividad femenina. Es muy triste que en la mayor parte del mundo los niños tengan una educación sexual basada en la pornografía a la que acceden por Internet, con la que aprenden a ver a las mujeres como seres exclusivamente sexuales y disponibles, a quienes hay que doblegar para obtener placer. Internet e incluso los medios tradicionales son a su vez escaparates para la mercantilización de los cuerpos femeninos, es decir, son el sitio en el que los jóvenes aprenden que pueden acceder al cuerpo de las mujeres con dinero. No sabemos con exactitud en qué medida todo este sistema produce un aumento de la violencia contra las mujeres. Los elementos simbólicos de un sistema están estrechamente conectados con la manifestación de determinados fenómenos sociales, por lo que hay científicos sociales que sí asocian la proliferación de estas imágenes con el aumento de la violencia sexual contra las mujeres.

Según los estudios que se han realizado en este campo, ¿qué impacto tiene la hipersexualización femenina en las propias mujeres, o la difusión de un ideal de belleza tan rígido como el que tenemos actualmente?
Desde la psicología se habla de la autocosificación como aspecto que afecta notablemente a la población femenina. Esto produce como efecto un mayor padecimiento femenino de trastornos como la anorexia, la bulimia o la dismorfofobia. La cosificación femenina está detrás de los menores índices de autoestima en las adolescentes, que además aprenden a subestimar aspectos relacionados con su propia salud al poner por encima la necesidad de tener una imagen determinada para tener éxito en la vida.
Desde la crítica feminista las consecuencias son estructurales. Natasha Walter lo analiza muy bien en su libro Muñecas vivientes: El regreso del sexismo. En su opinión, el éxito que las mujeres obtienen al ajustarse al ideal de belleza imperante es en realidad una trampa, pues las somete a la aprobación constante de la mirada masculina, garantizando así su subordinación. Además, es un éxito temporal, pues el reconocimiento que una mujer puede conseguir a través de la belleza se cosecha solo en la juventud, lo que genera a su vez ansiedad frente al proceso natural de envejecimiento. En consecuencia, la necesidad percibida por las mujeres de tener un físico ajustado al ideal social de belleza puede demandar una excesiva energía que podría ser invertida en otro tipo de acciones que tengan un impacto más positivo en sus vidas a largo plazo, por lo que de alguna manera resulta disfuncional. Los problemas de salud que las mujeres tienen derivados del modo en que perciben su imagen no deben ser tratados simplemente como trastornos individuales, sino que nos deben hacer reflexionar más seriamente sobre nuestra cultura.

¿Qué papel cumple el feminismo en esta cultura de cosificación hacia la mujer?
Pues es precisamente la teoría feminista la que ofrece una crítica más frontal con respecto a esta problemática, pues cuenta con herramientas conceptuales que permiten explicar fenómenos complejos y con el ideal de emancipación como objetivo. De forma general, los movimientos feministas de diferentes tipos son conscientes de la desigualdad simbólica, pero en un tema como este hay que apreciar los aportes del feminismo académico. La reflexión feminista que hace Ana de Miguel sobre la reproducción actual de la cultura patriarcal me parece muy interesante. En su opinión, la ideología patriarcal está tan fuertemente interiorizada que la verdadera liberación de las mujeres implica un proceso de “desintoxicación ideológica”,necesario para derribar dentro de nuestros esquemas de pensamiento el axioma de la inferioridad femenina, y dar legitimidad a un sentido del mundo alternativo. Yo creo que el pensamiento feminista tiene ese potencial. Al impulsarnos a construir una sociedad que rechaza cualquier mecanismo de discriminación y explotación que limite los derechos de un grupo social, también nos permite imaginar un sistema cuyo pilar sea la inclusión. En momentos de crisis ecológica y civilizatoria como el actual, este pensamiento sirve igualmente para cuestionar las bases de la dominación humana sobre el planeta, y para entender que también las ideas que hemos normalizado sobre el significado de la naturaleza y de los animales estaban equivocadas.

Finalmente, ¿de qué forma las mujeres nos estamos reivindicando como seres humanos por encima de todos estereotipos que se nos imponen en esta sociedad machista?
Las mujeres estamos también presentes en la cibercultura como sujetos autorrepresentados, respondiendo activamente a todos los esfuerzos ajenos a nosotras por definirnos a partir de determinados intereses sociales. No obstante, es necesario un mayor control de los contenidos que pueden estar vulnerando nuestros derechos en los medios de comunicación. De momento la libertad de expresión significa poder hacer un uso simbólico del cuerpo femenino para cualquier fin sin que tenga consecuencias. Sin embargo, en la vida real las tiene, y en algún momento la sociedad tendrá que ser consciente y actuar contra todos los tipos de violencia de la que es capaz el ser humano.
Lo que está claro es que en la actualidad una parte importante de la sociedad, también hombres, está cuestionando todo lo que nos fue transmitido sobre el género, algo que resulta totalmente necesario en las sociedades que defienden como valores la justicia y la democracia. En estos contextos las personas percibimos que nuestros destinos, experiencias, conflictos y limitaciones, están atravesados por los guiones que nos asignaron como hombres o mujeres, y deseamos liberarnos de unos significados que nos oprimen.Los estudios feministas desvelan que los “mandatos de género” limitan nuestras posibilidades de desarrollarnos integralmente como seres humanos y nos predisponen a aceptar y tolerar ciertos tipos de inequidades y violencias que la sociedad patriarcal entiende como parte inevitable de la realidad humana por “naturaleza”. Cuando las personas se niegan a aceptar estos mandatos de género nos recuerdan que afortunadamente el género es una cárcel de la que se puede salir.

*Puedes leer el artículo “El sufrimiento de la mujer objeto. Consecuencias de la cosificación sexual en los medios de comunicación” haciendo click aquí.

 

Sobre la autora:

Ana Verdú Delgado: Antropóloga Social y Cultural y Doctora en Estudios e Investigación sobre las Mujeres, Feministas y de Género, por la Universidad Miguel Hernández de Elche desde 2013. Ha trabajado en el Instituto Interuniversitario de Desarrollo Social y Paz de la Universidad de Alicante y en el Centro Interdisciplinar de Estudios de Género de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Sus investigaciones se han centrado en cuestiones relacionadas con el desarrollo desde una perspectiva de género y ecofeminista, los medios de comunicación y la violencia de género. En la actualidad es docente e investigadora en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Técnica Particular de Loja y coordinadora del grupo de investigación Enfoques sociales del desarrollo: Género e Interculturalidad.

 

Escrito por Sara Montaño Escobar

Sara Montaño Escobar (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general. Sus poemas se encuentran en revistas de Ecuador, México, Venezuela, Argentina, Colombia y España. Parte de la Antología de poesía y relatos publicada por el Municipio de Loja (2017). Relato publicado en libro cartonero “Pasaporte”, un proyecto que corresponde a tres editoriales cartoneras: Dadaif Cartonera (Ecuador), Cossete Cartonera (Francia-Brasil) y Pirata Cartonera (Ecuador-Salvador). Publicó la plaquette Génesis de ausencia (Vis-k-cha, Editorial independiente, Loja- Ecuador, 2017).
A %d blogueros les gusta esto: