3 poemas para entender lo que significa ser mujer en una sociedad machista

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Tengo una herida entre las piernas
Una herida que no cierra
Que me sangra
Que palpita
Que destila.

Esta herida es la prueba
Innegable y fehaciente
De mi condición de hembra
En este mundo patriarcal.

Para muchos esta herida
Es sentencia que me dice
Que prohíbe
Que me impide
Que gobierne
Que yo herede
Que yo estudie
Me empodere
Y que yo salga a trabajar.

Para algunos esta herida
Es la marca que me obliga
A aceptar lo que otro diga
Y a dejarme maltratar.

Para otros esta herida
Es el signo que me indica
Que el destino de mi vida
Por naturaleza escrita
Es la maternidad.

Pero pese a lo que digan
Que me impongan
Que me obliguen
Que prohíban,
Este cuerpo
Que me sangra
Que palpita
Que destila
No se puede doblegar.

 
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Estoy triste
Herida
Y hastiada,
De tanta violencia
Contra nosotras desatada.
Estoy harta
Dolida
E indignada,
De que violen nuestros cuerpos
Y que no cambie nada.
Estoy enferma
Molesta
Y asqueada,
De que nos maten a miles
Y la justicia comprada.
Estoy rota
Desecha
Y cansada,
Pero no callarán
Nuestras voces que claman.

 
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Niñas, mujeres, ancianas.
Violadas, secuestradas, golpeadas.
Abaleadas, asfixiadas, ahorcadas.
Acuchilladas, mutiladas, quemadas.
La escena se repite día tras día,
En cualquier país de América Latina.
Niñas, mujeres, ancianas.
Desaparecidas, asesinadas, decapitadas.
Abandonadas semidesnudas, enterradas, desfiguradas.
Escondidas de la mirada de los vivos tras matorrales testigos.
Desechadas en contenedores.
Arrojadas a los ríos.
En este momento apartas la vista de la lectura.
Yo he tenido que hacer lo mismo al escribirlo.
Nadie quiere conocer el horror.
Queremos fingir que no existe.
Todas queremos pensar,
Que eso nunca nos puede pasar a nosotras.
Siempre es otra, anónima, ajena, lejana.
Queremos creer que fue culpable.
Alguien que se puso en peligro.
Que fue imprudente, que se lo merecía.
Alguien que se involucró con quien no debía.
Incluso esperamos,
Que sea una mujer “de la mala vida”.
A nosotras:
Profesionales,
Estudiantes,
Trabajadoras,
Artistas,
Madres,
Esposas,
Hijas ejemplares,
Eso nunca nos pasaría.
Nada más alejado de la realidad,
Todas podemos ser víctimas.
Tengo miedo por mí.
Por mi madre.
Por mi abuela.
Por mis hermanas.
Por mis amigas.
Pienso en mi profesora,
En mi compañera de trabajo,
Pienso en ti, que lees estas líneas.
Temo por las mujeres con discapacidad.
Temo por las lesbianas.
Temo por las afrodescendientes.
Temo por las indígenas.
Pienso en las mujeres de América Latina,
En las mujeres de Europa,
Y hasta de la India.
Pienso en lo que significa ser mujer en una sociedad machista.
Pienso en la impunidad.
Pienso en que pueden matarnos y no pasará nada,
Porque la justicia para ellos solo tiene caricias.
Pienso en las mujeres que se volvieron una estadística.
Pienso en la indiferencia de los gobiernos,
En las palabras trilladas de los funcionarios cada 8 de marzo.
Pienso en la hipocresía,
De quien se roba los recursos que podrían salvar vidas.
Pienso en esas madres y en esos padres,
Que aún no encuentran a sus hijas.
Pienso en su dolor.
Pienso en quienes esperan justicia.
Pienso en las madres de todas y pienso en la mía.
Pienso en que le pasaría,
Si alguien me hiciera lo que le hicieron a esas niñas.
Pienso en todas.
En cada una de nosotras.
Pienso hasta cuando viviremos con miedo por la misoginia.
Pienso en todas las que faltan.
Pienso en las que hoy,
En este momento,
A esta hora,
Están siendo violadas, asesinadas, desaparecidas.
Pienso que si seguimos gritando,
Podemos salvar algunas vidas.
Pienso que si seguimos gritando,
Algún día tendremos justicia.

Escrito por Esther Pineda G.

(Caracas, 1985) Socióloga (2010), Magíster Scientiarum en Estudios de la Mujer (2013), Doctora en Ciencias Sociales (2015) y Postdoctora en Ciencias Sociales (2017) egresada de la Universidad Central de Venezuela. Consultora, conferencista y escritora en los temas de igualdad de género y discriminación racial.
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