Entre tanto repertorio “cultural” que nos ofrece Netflix raro es decidir nada más encender la pantalla de nuestro ordenador qué vamos a ver.

Enciendo mi ordenador y selecciono google, el logo de Netflix es casi orgásmico ya que en mi mente se avecina una tarde/noche de series que me engancharán y me harán estar en vilo de la misma manera que nos mantiene enganchados una buena novela.

Por desgracia, cuanto mayor es el repertorio mayor es la difultad de hacer una buena decisión. No es lo mismo ir a un restaurante que ir a un buffet. Y eso es lo que tenemos hoy en día. Una palabra puede conducirnos a mil lugares en internet y no sabemos con certeza la calidad de las fuentes que consultamos. Con Netflix ocurre lo mismo.

No vamos a ser hipócritas, todos los millenials queremos poder seguir una conversación normal sobre cultura, eso que nos une y nos separa tanto. Para ello todos leemos las novedades de Anagrama, de editoriales “alternativas” , vemos Juego de Tronos, Twin Peaks, Narcos, The Sinner…Es verdaderamente difícil encontrar a alguien que consuma cultura verdaderamente diferente y apartada de lo convencional.

Como decía mi abuela: lo bueno no abunda.

Pero los millenials creemos que hemos inventado lo “mainstream” y no. El documental de Diana en Netflix es lo más revelador que se puede ver este finde. Seguramente los que pertenecemos a los finales de los 90 conocemos la monarquía inglesa como fenómeno pop de nuestra cultura. Las innumerables camisetas de los Sex Pistols con la cara de Isabel II, o el curioso merchandising que uno encuentra en los mercadillos de Londres. Yo misma compré un joyero conmemorativo del jubileo de la Reina; no por convicciones sino como reliquia Kirsch.

Poco sabemos del gran fenómeno Diana que revolucionó y cambió muchos aspectos que hoy en día damos por hecho.

En el documental, insisten en el papel de la empresa. Parece increíble que la prensa atosigara de esa manera a una persona famosa, hoy en día sería acoso. Pero por otra parte, no existían las redes sociales. Quizás Diana comenzó lo que hoy en día serían las “historias” de Instagram. Por desgracia, la Princesa de Gales alimentó durante años las portadas semanales de los tabloides británicos. Hoy en día para los jóvenes, es inconcebible que la gente consuma tantos tabloides, revistas del corazón o que los mismos telediarios ocupen tiempo de las noticias en la que sería la Reina de Inglaterra.

Su relación se supo desde el principio hasta el final por la prensa. Hoy en día la monarquía es mucho más discreta. No obstante, Diana no fue simplemente la Princesa de Inglaterra, fue toda una celebridad, un ícono de moda, una imagen de muchas ONGs…. ¿Existe hoy en día una persona así? Esto es una lección que podríamos sacar de este documental, la invasión de la privacidad cohibía su libertad y después llegó la tragedia.

También es llamativo como muestran el lado humanitario de Diana. En los 80 el sida era algo totalmente estigmatizado. Hace dos veranos hubo una exposición tremendamente triste sobre lo que significó el SIDA en España. Pero en el mundo entero por aquel entonces, el SIDA era un estigma. Diana como figura célebre que era, a pesar de la desinformación de la época, estrechó la mano a enfermos de SIDA en directo delante de todas las cámaras. También caminó sobre un campo de minas…. Colaboró en infinitas obras humanitarias. ¿Estaba el mundo ante el primer rostro de celebridad comprometida con causas humanitarias?

El acoso, la invasión a la privacidad, el maltrato y la marginación…Nadie pudo evitar la tragedia. Su amigo Elton John cantaba “I hope you don’t mind, I hope you don’t mind that I put down in words… How wonderful life is while you are in the world”. Hubiera sido maravilloso vivir la época Lady Di, pero era insostenible. Por suerte nos dejó a todos una lección de humildad, de humanidad y de feminismo atemporal.

Escrito por Tamara Luvkova

Soy estudiante de Lenguas Modernas en la Universidad Complutense de Madrid