Me cuesta comenzar una serie nueva, puedo invertir mucho tiempo leyendo sinopsis y viendo tráilers hasta que le doy play a alguna. Así llegué a Mindhunter, una serie sobre agentes del FBI que entrevistan a los asesinos en serie más famosos de Estados Unidos con una nueva técnica que les permite perseguir y capturar a otros asesinos con características similares. 

La técnica podría resumirse simplemente en averiguar por qué estos sujetos hacen lo que hacen. Algunos culpaban inútilmente a demonios que se comunicaban a través de las paredes y perros, otros a impulsos imposibles de ignorar, a un deseo que está con ellos desde que son niños y que se va desarrollando hasta convertirse en lo que en realidad son y otros porque está en su naturaleza.

Mientras más avanzo con la serie más pienso en la pregunta que le da vida: por qué hacen lo que hacen. Y las respuestas, haciendo una comparación descomedida y chocante, me han parecido a las de alguien que escribe.

George Orwell escribió en su ensayo Por qué escribo que desde los cinco o seis años supo que quería ser escritor, en el mismo párrafo asegura que en algún momento intentó abandonarlo pero sintió que traicionaba su naturaleza. Orwell finaliza el escrito diciendo que “escribir un libro es una lucha horrible y agotadora, como una larga y penosa enfermedad. Nunca debería uno emprender esa tarea si no le impulsará algún demonio al que no se puede resistir y comprender”. 

Hace días leí una entrevista a la escritora francesa Annie Ernaux en la que mencionaba que la escritura debía funcionar como un cuchillo. Escribir puede que sea un acto violento, peligroso, incluso cuando se escriben frases que enamoran, porque hay sudor en el amor. Puede que también sea un lugar solitario, muchas veces horrible, angustiante, donde es necesario estar siempre vulnerable, mirando de frente a tus miedos. Es un lugar del que escribes para salir rápido pero donde al final te quieres quedar. 

Son detalles, como el escalofrío que produce toparse con la palabra correcta, el alivio de ver las palabras de lo que tenías merodeando en tu cabeza, el golpe de una letra tras otra. Por haber leído mucho, mucho antes.  

La respuesta tal vez sea porque no pueden dejar de hacerlo: está en su naturaleza. Como quien escribe. 

Escrito por Daniela Hibirma

Daniela Hibirma (Venezuela, 1991). Estudió Comunicación Social, trabajó en distintos medios de comunicación tradicionales, digitales y audiovisuales. Actualmente reside en Santiago, Chile.