El 3 de octubre, mientras estaba en Instagram, vi la publicación de una fotografía del baterista Tommy Lee; la cuenta oficial de Mötley Crue celebraba su cumpleaños: “HAPPY BIRTHDAY to the one and only Mötley metronome, the kick drum ass kicker, the roller coaster riding 360 degree drum solo master @TOMMYLEE”. No pude dejar de compartir la foto de quien en algún tiempo fue mi amor platónico.

Hace poco se estrenó en Netflix una película biográfica basada en el libro homónimo The Dirt ―de estas que últimamente se han puesto de moda―, así que con ocasión del cumpleaños de Lee me dispuse a verla y mientras lo hacía no pude dejar de pensar en las biografías de los doce Césares, escritas por Suetonio allá por el 121 d.C. Los excesos siempre han estado ahí pero se manifiestan en distintas formas.

Movida por la nostalgia de un amor que tuve cuando adolescente y aún más cuando niña, me puse a investigar sobre su vida y caí en la cuenta de que el Tommy Lee creado en mi imaginación dista mucho de quien es en la vida real. Tommy Lee nació en Grecia en 1962, así que cumplió 57. En sus años de mayor esplendor, por llamarle de algún modo, fue a juicio por diferentes acusaciones aunque de todas salió bien librado, además protagonizó muchos escándalos: el más célebre podría ser, ¡oh, triste realidad!, el de la cinta pornográfica casera con su entonces esposa Pamela Anderson.

Me enamoré de él cuando vi un vídeo donde, adentro de una estructura metálica mientras giraba 360°, tocaba un solo de batería que me dejo boquiabierta. Yo poco o nada sé de música, pero verlo ahí, así, entregado a su instrumento, me puso la piel de gallina. Así como para el Rey Arturo, el objeto mágico que sólo él puede sostener y manejar es su Excálibur, para Lee sería esa batería.

Mi Tommy Lee, la idealización de un héroe personal, casi un héroe literario, ―le escribí cartas que obviamente jamás le mandaría―, estaba relacionado con ese lugar: el concierto legendario que nadie nunca sería capaz de replicar. Hazaña digna de un héroe. Jacques Le Goff dice que como todos los héroes, Arturo está estrechamente vinculado a los lugares que son lugares de batalla, residencia o muerte, y yo me digo entonces, ¿no me puedo permitir entonces la defensa de un personaje como Tommy Lee?, ¿puedo decirle ídolo a quien tiene un pasado oscuro, una grabación pornográfica, demandas en su contra, adicciones, una vida de excesos?… Si Arturo, el mismísimo Rey Arturo, es un pecador, vencido por la concupiscencia, incestuoso y aún así, ejemplar, ¿no me puedo dar yo el lujo de decir que Tommy Lee es un héroe?

 

Escrito por Cindy Hatch

Cindy Hatch (Zapopan, 1997). Poesía y ensayo. Lic. Escritura Creativa. Mis textos se pueden encontrar en Monolito, Hybris, Huraño, Oajaca, Larvaria entre otras. Dirijo la publicación trimestral Maremoto Fanzine.