Tenés que sacar hora con el dentista. Tenés que terminar de sacarte la muela podrida.
Llamás al dentista y no te contesta.
Qué raro, pensás.
El loco es piola, habla de la vida, no te hace doler, habla de política mientras te sana la boca.
Qué raro este loco que no me contesta, pensás.
[Lo está torturando el Estado en una casona en Punta Gorda]
Te duele la muela.
Tomaste los antibióticos que te mandó al santo botón, pensás.
Hay que solucionar lo de la muela urgente.
Otro día llamás varias veces, y nada.
Qué raro, pensás.
[El Estado lo está torturando en un cuartel, tu dentista está muriendo, se pasa varios días sin fecha muriendo varias veces como en el loop que hacés mientras discás su número]
Seguís llamando y nada.
Te metés una dorixina.
Qué raro este loco, cómo desapareció, decís.
Vas a precisar otro dentista, pero querés a ese que no te hacía doler.
Pasa el tiempo.
Te olvidás de casi todo porque no te duele siempre la muela podrida, aunque sigue ahí.
Pasa el tiempo, no sabés nada, no hacés nada. Abusas de la dorixina y los calmantes por más de 40 años.
Pasás más de 40 años masticando de un lado solo.
Cada tanto pensás en el misterio del dentista desaparecido cuando te duele la muela, o mejor dicho, lo que queda de ella.
Sos pelotudo, sos cagón con los dentistas, no te importa, no te cuidas, no encarás lo de la muela.
Pasa el tiempo y te duele.
[Un buen día el Estado (como si fuera otro que no tuvo nada que ver o uno que se miente descaradamente a sí mismo) anuncia que encontró a tu dentista hecho huesos]
Ves las noticias en el plasma de la mutualista, recordás a tu dentista, su voz, y caes de nuevo en la historia de tu muela; la muela que te infectó los nervios, la mandíbula, el oído y todo el lado izquierdo de la cabeza.
Volás de fiebre.
Reptás de dolor.
Se te acerca un doctor (vivito y coleando, perseguido por nadie) y te dice que no sabe, honestamente, todavía, si tu infección tiene arreglo. Que tendrías que haberte tratado antes.

 

***A la memoria del compañero Eduardo Bleier, odontólogo, militante político detenido, torturado, asesinado y desaparecido por el Estado Uruguayo en 1975. Ayer, 7/10/2019, se anunció la identidad de sus restos, hallados en un predio del Ejército. Siguen desaparecidos un centenar de militantes secuestrados durante la dictadura cívico-militar)***

 

 

 

Escrito por Gonzalo Cousillas

(Montevideo, Uruguay, 1987) No ha hecho la gran cosa. Publicó algunos relatos en el libro "#3 Toda la verdad sobre la organización social de las abejas" de la editorial Pez en el hielo y uno en "Las historias que Fressia no contó" de Estela editora. También se publicaron otros en el suplemento Incorrecta y algunos poemas en la revista digital Insilio.