Anatomía de una anatomía (de una tormenta)

Anatomía de una tormenta es el primer poemario de Laura Tomás, publicado por la recientemente fundada editorial de la revista digital “Liberoamérica”. La joven, nacida en 1993, se graduó en Cinematografía y ha publicado con anterioridad un libro-disco, La musa suicida, lanzado por el grupo de música eléctrica y performance Las Hermanas del Desorden.

Tomás abre el poemario con “Silencio”, un poema a tipo de ensayo de lo que vendrá más tarde. El silencio del poeta que no puede escribir, el silencio del que sufre desamor, del que se halla en mitad de la calle de noche, el silencio del que sabe que mañana debe ir a trabajar, seguir su vida, su patrón…

El poemario nos presenta una poesía versátil, que se adapta al que la lee, que se retuerce en sí misma. Mezcla dibujos, letra cursiva y espacios al modo vanguardista y la influencia de poemarios surrealistas tales como Poeta en Nueva York, parece muy evidente en ciertos poemas: la presencia de las rodillas desgarradas, la creación de imágenes que mezclan la muerte y lo onírico. Encontramos, así, en “Peonzas” imágenes y exclamaciones oníricas, como la segunda estrofa: “¡Vivan las mañanas de once metros!/ ¡Viva la tristeza con matasuegras!/¡Untemos en chocolate los churros de colores/ de las piscinas municipales!”. El yo poético grita (¿al lector, a sí misma?) que ella no es poeta, sino constructora de peonzas. En el siguiente verso lo cuestiona y lo termina negando (“¡Yo no tengo nada que ver con las peonzas!”). La poesía vuelta juego, equilibrismo, giro y giro y giro, cual peonza.

En “Gavà Estació” hay en la misma línea una manifestación del dolor, la sangre y la corporalidad contra “La mayoría (que) ni le miró: llegaba tarde a alguna parte.”. Imágenes como con la que se abre (“El maquinista no vio que tenía la mano atrapada en la puerta/ y la arrastró por el andén unos cincuenta metros/ antes de frenar.”) muestran una dimensión sórdida y fisiológica que se irá repitiendo a lo largo del libro.

El yo que recorre el poemario es un sujeto problemático, que proyecta sus emociones hacia la realidad y, en el desencaje de la desilusión, padece las consecuencias de la idealización, el desamor, quizá de una pareja, quizá de una idea de sujeto propia, quizá de la mera idea de realidad. La incomprensión y el dolor que llega a afirmar en “Basta” que “No voy a escribir más, para qué.” Sin embargo el poemario sigue y ella sigue escribiendo, quizá por el mero hecho de externalizar lo propio (inocencia, quizá, creer que se puede hacer).

El libro finaliza con un dibujo de pájaros y cometas tachados que no es la primera vez que aparece, que dialoga con el último poema “Niña de goma” en que queda patente la huella que esta actitud del sujeto lírico, la ilusión-desilusión constante, han dejado en ella. Tras el índice, cuando creemos haber acabado, una cita de Pink Floyd de “The Wall”:

“What have we here laddie?

Mysterious scribblings? A secret code?

No! Poems, no less. Poems everybody!”

Poesía, nada más. Solo (¿solo?) poesía.

 

Escrito por Laura Benedicto

Nació en Barcelona, España, en 1999. Actualmente cursa la carrera de Estudios Literarios en la Universidad de Barcelona (UB), donde trabaja la teoría literaria y la literatura comparada. Además, forma parte del Círculo de Escritura y Crítica (CEC) y se inicia en las artes plásticas. Es colaboradora habitual de la revista y plataforma online Liberoamerica, donde publica reseñas críticas de libros y escribe en su blog personal (cafesobrelamesa.wordpress.com). En 2016 fue finalista en el Concurso Nacional "Jóvenes Susurros", en la modalidad de relato corto. "Arte como único lenguaje en la vida."
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