Faroto

Antes de que la fiesta empiece la sala se llena de silencio y los nervios se van acumulando en el estomago como si fueran bichitos inquietos que quieren comerse al mundo, su pequeño mundo. El Dj se prepara para su primer show. Las personas que trabajan allí lo apoyan en todo lo que necesita, mientras se cercioran de que todo esté funcionando bien, sin contar la nevera deñada y las cervezas calientes. El equipo de seguridad llega, revisa la sala e identifican las cámaras de seguridad, no porque tengan acceso a ellas, sino porque es parte de la rutina de su entrenamiento. Igual no hay mucho que ver pues sólo hay una cámara y está junto al bar, por si alguien se las quiere dar de listo y atenta contra la integridad de los trabajadores y del establecimiento. La audiencia se prepara en casa o en el medio de transporte que los acerca del trabajo a la fiesta, pues es jueves y hay que salir a pesar del cansancio. Todos se aseguran de estar vestidos de tal manera que puedan ser aceptados y encajar en el nicho que escogieron.

 

El Dj es un hombre negro empezando su tercera década de vida. Se llama Tom, aunque en casa lo conocen como Carlos. Lejos del hogar se dio cuenta de que cambiarse el nombre y homogeneizar sus raíces con las raíces de otros eran la mejor manera de ser aceptado y entrar en la industria musical del Reino Unido. Llegó a Londres como estudiante de música y, como a la mayoría de las personas que migran, tuvo que empezar desde abajo. Su primer trabajo en Londres fue en la cocina de un restaurante como lavaplatos. Su día se resumía en mantener la cocina y los platos limpios, a tratar de comunicarse con otros inmigrantes que no hablaban inglés y hacer todo lo posible por mantener sus sueños a flote a pesar del cansancio.

En ese primer acercamiento a la realidad londinense se dio cuenta que para llegar a la posición que él deseaba debía trabajar muy duro, pues había conocido personas exitosas que después de unos cuatro o cinco años de trabajo lograban entrar al trabajo de sus sueños. “Yo no tengo tanto tiempo”, pensó, “mi visa es de estudiante y necesito encontrar un trabajo en la industria musical antes de que ésta se acabe”. Tom tenía que actuar rápido, más rápido que los inmigrantes europeos, lo cual le hacía preguntarse constantemente sí había tomado una buena decisión y si tanto esfuerzo valía la pena. Como estrategia para mantener su fe y esperanza comenzó a ver videos que hablaban de la importancia de trabajar fuerte para lograr hacer realidad los sueños. El problema es que estos videos nunca le dijeron que tocaba trabajar duro en la industria laboral que a él le interesaba, ni mucho menos lo complicado que era entrar en la misma.

Un día en el trabajo nuestro Tom conoció a Tom Brown, un hombre blanco y exitoso, Dj reconocido alrededor de Europa y Estados Unidos, maestro en el arte de conquistar mujeres, inteligente y carismático. Ese día Tom estaba ayudando en el frente del restaurante pues se habían quedado cortos de personal. Era la primera vez que Tom atendía a los clientes y no conocía muy bien los protocolos británicos. “No te preocupes tanto”, le dijo Tom Brown, “los británicos somos fáciles de complacer, sólo haznos sentir que te preocupas por darnos el mejor servicio posible, sonríe mucho, reparte complementos por aquí y por allá y disculpate por todo”. Tom Brown era comprensivo y paciente, sus consejos sobre como lidiar con los “brits” fueron muy útiles, permitiéndole sobrevivir aquella noche. Tom Brown era todo lo que Carlos debía ser, todo lo que quería ser.

Pocos días después de este encuentro Tom tuvo una crisis emocional y física producto del cansancio. Después de haber trabajado más de 70 horas aquella semana se desmayó. Cargaba dos cajas llenas de platos sucios, los cuales se rompieron al impactar contra el suelo. Después de unos días de descanso forzado Tom entró en una profunda depresión, dejó de ir al trabajo y a la universidad, lo cual le costó su puesto y un llamado de atención por parte de su tutor. Desolado decidió que lo mejor era dedicarse a sus estudios y tratar de encontrar una mejor manera de hacer las cosas. Su primer intento fue realizar la mayor cantidad de aplicaciones laborales posibles, aplicaba a todo lo que veía, incluso si no tenía suficiente experiencia. Después de infinidades de correos, cartas de motivación, respuestas negativas y malas notas en le universidad calló en cuenta de que este tampoco era el camino. La verdad es que para este punto ya todo le parecía carente de sentido. “Sí fuera un poco más como Tom Brown la vida sería más fácil, podría hacer todo lo que sueño sin límites y sin preocupaciones. ¡Quiero ser una mejor persona para tener éxito!”.

Al siguiente día Tom se despertó motivado pues había tenido un sueño en el que hacía un concierto en Tomorrowland. El público lo ovacionaba y le pedían más canciones, hasta el punto de marcar un hito en la historia del festival de electrónica más grande del mundo y de la música en general pues había creado un nuevo género mientras hacía su concierto. Con las energías renovadas y un nuevo día nuestro Tom decidió comenzar a cambiar quien él era para conseguir hacer realidad sus sueños y anhelos más grandes. “Voy a ser exitoso, voy a ser famoso, voy a ser el Dj más importante del siglo XXI,” pensó.

Lo primero que hizo fue cambiar su nombre en las redes sociales. Su familia lo cuestionó por el cambio, a lo que él respondió que necesitaba un nombre artístico y que Tom le parecía fácil de recordar. Con el tiempo  fue consciente de que esto no era suficiente, pues su manera de actuar y hablar seguía siendo muy extranjera, muy negra, muy llamativa. Por lo tanto, comenzó a practicar su acento y su forma de actuar con videos de YouTube, películas británicas y copiando a las personas en la calle. Tom hacía todo lo necesario por sonar y verse como una persona con éxito debe hacerlo. Al principio lo hacía solo en casa, pero poco a poco lo fue probando en pubs, restaurantes y en clase con sus compañeros blancos, de esta manera podía saber qué funcionaba y qué no. Tom siempre llevaba un libreta en el bolsillo en la cual anotaba cada vez que tenía un acercamiento positivo, su propósito inicial era poder recordarlo todo, pero aspiraba a comportase de la manera más natural posible.

Él era consciente de que su color de piel podía representar un impedimento, total viene de un país que niega su racismo. En casa le tocó luchar por sacar adelante su educación pues los profesores eran más estrictos con él; aquellas viejas ideas del tamaño del cerebro seguían presentes en el subconsciente colectivo de su país. En Inglaterra la cosa no era muy diferente, pero al final del día la gente se cuidaba más de no ser racista. Lo único que Tom debía hacer era actuar un poco más “blanco” y todos sus sueños se cumplirían sin ningún problema. Esto era positivo pues podía quitarse un peso de encima. Se dio cuenta de ello el día que uno de sus nuevos amigos se quejó de los irlandeses, “son muy llamativos e irrespetuosos, no entiendo por qué no son más como tú”. Tom estaba emocionado, sabía que estaba por el camino correcto y que se había ganado el respeto de un hombre blanco; uno que no era irlandés, de Wales, de Escocia o del este de Europa, uno que no era inmigrante sino un local.

En su transformación Tom continuó dejando atrás aquello que le impedía ser lo que él quería. Cambió los lugares que frecuentaba, sus amigos, su forma de vestir, su forma de ser. Con el tiempo aprendió a actuar como un autentico londinense, conocía la ciudad casi tan bien como un “cab driver” y había visitado todos los bares y discotecas donde la gente bien va. Logró convertirse en un hombre aceptado por los londinenses blancos. Sus amigos eran un grupo de artistas, músicos, teatreros y gente de mundo que había asistido a retiros espirituales con monjes tibetanos, habían aprendido las maravillas del sexo tántrico en la India y habían entrenado sus especialidades artísticas con los gurús de moda. Gracias a ellos consiguió un trabajo que le permitiría crecer laboralmente en la industria musical y, eventualmente, convertirse en un Dj reconocido a nivel mundial; tal como Tom Brown.

De todos los sitios de Londres que Tom frecuentaba su bar favorito era ‘Bond’s’. El pub era relativamente multicultural y el Dj ponía música en diferentes idiomas, lo cual lo hacía recordar acerca de la magia de vivir en una ciudad cosmopolita. La mayoría de personas a su alrededor estaban en la búsqueda constante de aventuras, haciéndole honor a la revolución sexual y al sexo casual. Tom jamás pensó que podría encontrarse allí a una mujer como Rachel, su novia. Ella nació en Londres y estaba profundamente preocupada por las injusticias sociales en el mundo. Por ello, decidió estudiar antropología en la SOAS, pues esto le permitía entender los modos de vida de los menos afortunados para ejercer un mayor impacto a la hora de visitarlos. Para complementar sus estudios Rachel había ido a varias misiones de voluntariado en África y se estaba preparando para ir por primera vez a Centro América. Su corazón altruista sólo quería ayudar y apoyar a todos aquellos que no tenían las oportunidades que ella había tenido.

La pasión que Rachel sentía hacia los temas que estudiaba hicieron que Tom se enamorara rápidamente. Ella entendía los problemas sociales del mundo y su compasión lo hacía sentir bien consigo mismo. Los momentos que compartían juntos le permitían conciliar un poco sus dos identidades, pues Carlos podía salir en medio de las historias y anécdotas de su vida, sin poner en riesgo los sueños y propósitos de Tom. Para Rachel esto era una fuente de información gigante, pues ella quería conocer su cultura y sus raíces, así podría comenzar a preparar su viaje a Centro América. Por esta razón Rachel le preguntaba cosas que no tenían nada que ver con su país o cultura. En una ocasión le preguntó: “¿cómo se celebra el día de los muertos en tú país?, quiero saber sí verdaderamente es como los libros de antropología lo describen”. En otro momento Rachel quiso saber sobre su lugar de origen, “hasta donde tengo entendido los negros sólo llegaron a Norte América y el Caribe, en Las Américas sólo habían indígenas, así que no comprendo muy bien porqué eres negro”; entre sorpresa y confusión Tom le explicó acerca de la esclavitud y del comercio triangular, además de todas las dificultades que vivieron indígenas y negros en la época de la colonia. La preguntas de su novia eran tan desconcertantes que Tom se sentía culpable al no saber las respuestas. La que más inquietudes le dejó fue sobre su lugar de “origen”, pero sabía lo complicado que era encontrar sus raíces africanas en un país o tribu específica después de una historia tan cargada de mezclas raciales.

Otras preguntas sencillamente lo dejaban absorto; le sorprendía ver cómo los antropólogos clasificaban a varios grupos de persona en uno solo. Él nunca entendió muy bien cuál era la relación de su país con Centro América ni porqué Rachel insistía en preguntarle acerca de aspectos culturales de esta región. Tom sabía que los países de América Central eran muy diferentes al suyo, a pesar de estar en el mismo continente, compartir una historia colonial y hablar el mismo idioma; además nunca había visitado ningún país de la región así que no tenia medios para explicarle a Rachel acerca de lo que iba a encontrar allí. Sin embargo, él decidió ignorar las generalizaciones sociales y raciales que su novia hacía constantemente, pues sabía que se beneficiaba más dejando las cosas pasar de largo, ya que ella venía de una familia pudiente de Londres la cual tiene muchos contactos que le ayudarían a escalar más rápido.

Algo similar sucedía con sus amigos, las conexiones que ellos tenían le resultaban mucho más importantes que las micro-ofensas contra su país y su raza. Para mantenerse concentrado en su objetivo artístico comenzó a meditar con un selecto grupo de artistas que veían el camino espiritual como la verdadera fuente de creatividad. Esto le permitía permanecer en un estado de tranquilidad constante, haciendo que todas las emociones y pensamientos negativos estuvieran controlados. Allí conoció a Liam, un artista audiovisual y Vj, al cual le interesaba explorar los caminos de la espiritualidad por medio de la interacción de la música y las imágenes psicodélicas. Se hicieron muy buenos amigos y decidieron realizar pequeñas colaboraciones en festivales de música. Tom estuvo casi siempre en un segundo plano apoyando a Liam en lo que necesitara y tratando de aprender lo que más podía de su trabajo. Fue así como Tom comenzó a crear piezas musicales en respuesta a diferentes estímulos emocionales, físicos e intelectuales, los cuales poco a poco se convirtieron en una serie musical lo suficientemente larga como para hacer un show como solista. Tom decidió presentar su obra: Faroto, y Liam le ayudó a conseguir un espacio alternativo en Peckham, al sur este de Londres. Para Liam este era un espacio perfecto pues allí se estaban presentando todos los Dj’s emergentes, además de ser una zona conocida por ser negra y latinoamericana, haciéndolo un espacio apropiado para los sonidos que Tom venía trabajando.

 

Hoy, la noche se su primer show, representaba su nueva vida, la vida que siempre había querido. Mientras terminaba de organizar sus equipos su novia Rachel lo ayudaba con su “social media” publicando historias que mantenían a los fans entretenidos. Poco a poco fueron llegando sus amigos, algunos conocidos y compañeros del trabajo. Para su sorpresa aquellos amigos de la universidad que había dejado atrás llegaron para apoyarlo. Su presencia era como la presencia de fantasmas que lo obligaban a recordar su pasado, su nombre y la identidad que tanto se había esforzado por borrar. Con mucha felicidad y orgullo se acercaron a Carlos mientras éste hablaba con Rachel y lo saludaron con la mejor pronunciación del español que pudieron. Confundida por la apariencia de estas dos personas Rachel les explicó que estaban en el evento equivocado, que la persona con la que estaba hablando no se llamada Carlos y que por favor se retiraran; ella no era consciente de sus prejuicios sociales y raciales así como tampoco sabía del cambio de identidad de Tom. En medio de la incomodidad de la situación Carlos los saludó y agradeció por venir, les dijo que pronto iba a empezar el show y que debía finalizar con la organización de los equipos. Mientras estos seres extraños se iban al bar por una cerveza Rachel le preguntó a Tom que si los conocía, él negó con su cabeza y le dijo que para evitar crear un mal ambiente lo mejor era ser cordial y darles la bienvenida. Llena de admiración Rachel lo besó y lo llenó de palabras bonitas que lo llenaron de una felicidad agridulce.

Esta pequeña situación dejó perplejo a Tom. La visita y apoyo de sus viejos amigos lo sacaron de su “zona” de concentración. No sabía muy bien lo que estaba pasando ni lo que debía hacer.

El reloj marcó las 10 de la noche y era hora de empezar. Tom tenía un guión con notas del show que debía recordar, además había practicado millones de veces lo que debía hacer así que estaba preparado. “Quisiera presentarles a un gran Dj y amigo, su trabajo ha demostrado ser la promesa afrolatina de la electrónica, sus sonidos frescos, alegres y diversos nos permitirán tener una noche llena de júbilo y diversidad. Por favor denle la bienvenida a Tom”; las palabras introductorias de Liam eran el pie para hacer que la música empezara, así lo habían practicado y escrito en el guión. Por unos minutos Tom miró al público con confusión; todos eran blancos, delgados y altos, vestían ropa de moda o de diseñador, llevaban prendas que él nunca podría comprar. Sobre él caían las miradas de las personas que lo veían como la revelación afrolatina del año, estas miradas eran de personas comprometidas con las injusticias del planeta y que sabían que apoyar a aquellos que eran diferentes los harían verse como personas abiertas y de mundo. Las únicas personas negras que lo acompañaban eran dos hombres que hacían parte del equipo de seguridad y una mujer que hacía la limpieza.

Tom había construido su vida alrededor de una imagen que él había pensado como buena, como correcta, pero esa noche se dio cuenta de su error. Tom no sabía quien era. Su esfuerzo por borrarse a si mismo y crearse un nuevo yo, por lograr lo que quería, lo llevaron a esta noche de éxito para Tom y desconocimiento de sí mismo para Carlos. Y esta confusión era evidente para el público que estaba comenzando a preguntarse qué estaba ocurriendo, pues el show no empezaba.

Rachel, perpleja, interrumpió sus pensamientos y le preguntó que sí todo estaba bien. Tom respondió que si, le lo habían invadido los nervios y se disculpó con el público. Pronto tocó la primera nota y en menos de un segundo toda la realidad que se había presentado frente a sus ojos se esfumó con el primer sonido que su computadora emitía, con el primer movimiento de cadera de su novia, con su necesidad por ser una persona exitosa.

 

Escrito por Laura Jaramillo Duque

Bogotana, lectora, actriz, escritora y artista. Profesional Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana y actualmente se encuentra haciendo una Maestría en Literatura Infantil en Goldsmiths, University of London en el Reino Unido. Correo: ljaramillod13@gmail.com
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