Del otro lado del mar

El amazonas sabía reír antes de aquello, sabía crear caminos para fluir y cantar las especies del tiempo, multiplicaba las voces, los nacimientos, la dicha.

Se dejaba beber y transformar, viajar y crecer a merced del equilibrio que lo sostenía, de la tierra que lo ahijaba.

Pero llegó un día del otro lado del mar lo que iba a romperlo, a quebrar su transparencia ancestral, callando sus canciones, truncando sus caminos de viaje, cambiando sus colores.

La historia no sabe contar lo que no entiende ¿Cómo explicar el sonido de una herida irreversible que se arremolina entre las hojas? La agitación de la tierra, el llanto de una madre que siente la muerte de los hijos derramarse en las orillas de su vientre. Eso fue la selva a partir de ese día, herida abierta, tierra marcada, llanto y violencia.

Desde entonces el amazonas solo puede volcar su húmeda tristeza en la memoria, fluir con fuerza para limpiarse las penurias de los años, guiar a las almas castigadas por amarlo al descanso. Solo eso puede hacer.

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