Mariana Libertad: «creo que nadie puede renunciar a quien es cuando escribe y cuando habla»

>La escritora venezolana residente en Lima nos comenta sobre sus lecturas, experiencias y aspiraciones en torno a la Literatura escrita por mujeres

Fuente:  Archivo wikipedia.  licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic 

Mariana Libertad Suárez (Caracas, 1974) es literata, docente, escritora e investigadora venezolana ganadora de importantes reconocimientos como el premio Casa de Las Américas 2014 en el renglón Estudios sobre la mujer por La loca inconfirmable. Apropiaciones feministas de Manuela Sáenz (1944-1963). Es por esto que, aprovechando su estancia en Lima como docente humanista invitada por la PUCP, nos animamos a pedirle una pequeña conversa en un cafetín con sabor colombiano a fin de que nos explique el porqué de la urgente y vigente necesidad de conocer, leer y aproximarse a la Literatura escrita por mujeres: «Tenemos que considerar que venimos de un montón de años de historia en los que la Literatura escrita por mujeres ha sido relegada, con lo cual, los criterios de calidad y de gusto que se han establecido pasan por haber valorado solo el discurso masculino».

En este contexto, nos confiesa, más como investigadora que como escritora, que no seremos capaces de comprender toda la complejidad de un momento histórico, de un movimiento literario, sin haber leído también las voces disidentes: «El gusto literario y el canon no se construyen de manera individual, no llega un individuo y dice ‘pues, bueno, estos son los criterios de calidad, se construyen a partir de momentos históricos, de movimientos sociales, de discusión…’. Es todo un tejido, y la máquina canonizadora apuesta por un montón de posturas y visiones. No puede ser casual que siempre dijeran que las mujeres no tienen la calidad literaria necesaria para incluirlas».

Acaeció, cual epifanía, la necesidad de escuchar dichas voces cuando era una joven estudiante de Literatura en su amada patria bolivariana: «Me llamó la atención que no hubiéramos leído mujeres en ningún momento, ni en el curso de Literatura hispanoamericana del siglo XIX, ni en el del siglo XX, y pregunté por qué no, y recuerdo que un profesor me dijo que no había mujeres que leyeran, mujeres que escribieran, que había muy poco que leer. Me dio muchísima curiosidad y empecé a investigar, y por supuesto me di cuenta de que habían muchísimas más que las que el mismo profesor sabía».

Y fue así como Mariana comprendió que, para aproximarse a la escritura de las mujeres, debía leer como las mujeres, es decir, desde el enfoque del feminismo y los Estudios de género: «Hay en casi todos los textos donde se habla tanto de Teoría feminista como de Estudios de género para la Literatura distintas vertientes del feminismo. En principio, el feminismo liberal, que nace o que es un hijo no deseado de la ilustración y defendía precisamente los valores liberales. Sin embargo, también existe el feminismo obrero, anarcofeminismo… En argentina tenemos una escritora maravillosa, una gran representante del anarcofeminismo, Juana Rouco. Toril Moi tiene un libro que se llama Teoría literaria feminista, donde precisamente separa la escuela anglosajona americana, que tiene una orientación más posmarxista, más cercana a los Estudios culturales, etc., y la contrapone con un enfoque que es más fenomenológico e incluso con cierta vertiente del spicoanálisis que reclama no la igualdad, sino que se reconozca a la mujer como otra manera de ser humano, como otra forma de ser persona y de ser ciudadana».

Con el buen humor que la caracteriza, nos comenta que en un concurso literario ganó una mención honrosa, y que parte del jurado le comunicó de manera directa que su libro no era merecedor del premio mayor porque no tocaba un tema “trascendente” para la historia de la Literatura. Sin embargo, lo más curioso es que la anécdota no quedo ahí, sino que además, al momento de la premiación, el miembro que con más énfasis defendía esta postura ni siquiera mencionó a las tres autoras de las que hablaba en su texto, a diferencia de Carlos Vas Ferreira y Mariátegui, a quienes dedicó un gran discurso: «entonces me dio muchísima risa por que dije: ‘bueno, para él lo importante es que unas señoras cuyos nombres desconocía dialogaron con escritores’, y creo que eso dice muy bien el cómo elegimos y se seleccionan las cosas».

Pese a esta visión tradicionalmente masculina del canon literario, Mariana no se amilana; al contrario, se siente más motivada que nunca a afianzar y enriquecer sus investigaciones no solo sobre la mujer-literata o la mujer-escritora, sino también sobre la mujer-migrante. El primer paso lo dio con su participación en una jornada realizada en la PUCP, donde pudo moderar una mesa en la que se tocaban los temas de género y migración y constatar que los estudios sobre migraciones tampoco escapaban a la tendencia de colocar en el centro de su análisis al sujeto masculino. Fue en ese contexto que se animó a participar de la  convocatoria para escribir un guion para Azul y Celeste, obra de microteatro estrenada en Lima en agosto de este año: «pedían obras que tocaran cualquier tema relacionado a la migración, y en ese momento dije: ‘bueno, aquí voy a tratar de ver qué pasá cuando se encuentran dos mujeres que están migrando: una venezolana muy caribeña de la isla Margarita y una peruana, que es ayacuchana, que coinciden en un terminal de buses, embarazadas las dos, después de haber vivido episodios de violencia’,  y así traté un poquito de recoger esa particularidad del fenómeno migratorio femenino en América Latina».

Y es a partir de estas lecturas, investigaciones y el consecuente ejercicio escritural que Mariana se interpela a sí misma para, finalmente, asumirse como lo que es: «Soy escritora y soy feminista. Creo que nadie puede renunciar a quien es cuando escribe y cuando habla, la comunicación necesariamente lleva todo lo que traemos con nosotros. Creo que nos pasa a casi todos comenzar a investigar sobre Literatura escrita por mujeres, leer la Teoría de género y caer, queramos o no, en el feminismo. Es darnos cuenta de que buena parte de las escritoras eran mujeres políticas, con conciencia de género, que hablaban lo que llamamos en los Estudios de género una ‘escritura situada’, hablaban desde su lugar de mujeres en la sociedad y, por supuesto, presentaban otro enfoque de los hechos».

Como escritora feminista, reconoce el llamado de las voces hermanas que están haciendo eco en el mundo: «Hay una venelozana que me encanta que se llama Enza García Arreaza, poeta y narradora extraordinaria, de hecho ahora mismo está becada en Iowa escribiendo. Hay otra muchacha muy talentosa llamada Viviana Gálvez. Tiene un libro que se llama El amor viene en un estuche de 6×6, absolutamente situado. Hay otras venezolanas en las que pienso. Dayana Fraile, por ejemplo, de las poetas más jóvenes. Oriette D´ Ángelo, que es otra gran poeta venezolana joven también. Ahora acaba de aparecer una antología de poetas venezolanos en la diáspora, en la que participé, y estoy sorprendida del porcentaje de mujeres que aparecieron».

Así también, su estancia limeña como docente invitada por la universidad Católica le ha permitido conocer a las nuevas voces de la poesía peruana: «Tanto a Victoria Mallorga como a María Belén las conozco. Las leí porque son mis amigas, es decir, primero fue el contacto humano. A María Belén la conocí en el curso de Literatura peruana del XIX, y a Victoria en latinoamericana del mismo siglo. Las dos tienen un trabajo extraordinario: es una escritura centrada, es una mujer que habla con conciencia absoluta de estar hablando como mujer de la nueva generación de escritoras hispanoamericanas. También está Rocío del Águila, que reeditó su primer poemario hace poco. Está viviendo fuera del país en este momento, y la considero en la nueva generación de peruanas».

El tiempo siempre apremia en el uso de la palabra. No obstante, no podíamos despedirnos de nuestra invitada sin que nos comentara acerca de sus novísimos sueños y aspiraciones literarias: «Estoy escribiendo ahora un libro académico, en el que trabajo con ficciones históricas. Son cuatro autoras de las primeras décadas del siglo XX que reconstruyen figuras como La Perricholi, Ana Perichón, La Quintrala y Madame Lynch. Cada una de un país latinoamericano distinto. Mujeres con fama de brujas que llegaron al poder, autónomas económicamente, y que fueron muy cuestionadas durante la colonia. Me interesa ver cómo, a comienzos del siglo XX, estas autoras feministas decidieron recuperarlas y dialogar con ellas. Por otro lado, el 15 de diciembre publicaré mi nuevo libro de cuentos 1974. Son cuatro historias protagonizadas por cuatro personajes en 1989, 1999, 2009 y 2019. Cada una habla de una forma distinta de amar, identidades de género y cómo nos vamos pensando desde un lugar y otro. Está en producción gracias a Colmena Editores, va acompañado de las ilustraciones de la artista plástica Sofía Saavedra. Ya estamos en proceso de preventa».

Link de la preventa de 1974:

https://www.facebook.com/1497731676968927/posts/3206394992769245?d=n&sfns=mo

 

Escrito por Elizabeth Peláez Sagástegui

Nació en Lima, el 15 de mayo de 1992. Estudió Literatura Hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha participado en la plaquette colectiva El mar del ángel solo (Lima, 2018); en las antologías Liberoamericanas: 100 poetas contemporáneas (Liberoamérica, 2018), Versos en su tinta (Sociedad Peruana de Poetas, 2018) y El mar no cesa (Ángeles Del Papel Editores, 2019).
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