Latido americano

Inversiones. Entrega 2.

Bienllegada de una sonrisa enorme me recibe J. en su lar. Inmediatamente me acoge con su abrazo y me susurra esencia de geranio con un anuncio expresivo:

-¡Esta mañana vi el destino de este continente…!

Y cuando emerge la palabra en medio del abrazo eso quiere decir que la J. está en un estado superior de conciencia, a lo cual yo me adapto como buena mutante:

-Con los objetos, las ideas… todo lo carga Gaia en su gigantesca telaraña.

Nos miramos fijamente a los ojos, sonriendo y jugando con nuestras manos, hasta que la niña estalló en llanto. Entramos a la casa. Anuk estaba colgada a dos metros del suelo, batallando para no resbalar el agarre de manos con que estaba medio asida de la lira que pendía del techo. Con toda calma y agilidad, J. la adosó a su pecho y empezó a cantarle muy cerca de su oído:

O Céu e a Terra é sempre igual
Um em cima outro embaixo
Tudo que se move aqui
Faz no meio desses dois
Como um filho desgarrado
Que volta pro ventre depois
Como um filho desgarrado

Que volta pro ventre depois

Muy pronto Anuk se tranquilizó y J. prosiguió:

-Así que te gustan las alturas, ¿eh? Deberás conocer a mi amigo Kinkajú.

-¿Inkajú?, inquiere Anouk, curiosa.

-K-i-n-k-a-j-ú. Es un ser increíble. Todas las noches se pasea sobre los cables de luz.

-¿De quién hablas? Ahora soy yo la intrigada.

-Hace un par de meses, venía caminando hacia la casa. Era de noche y el cielo brillaba. Parecía que el aire tuviera su propia luz, aunque el espacio arriba, la atmósfera del cosmos abierto, fuese oscuro. Los planetas resplandecían, las constelaciones se dibujaban a mil por cada parpadeo. Era de noche pero todo aparecía y emergía con un fulgor inusitado. Yo esperaba una llamada de mi madre, yendo a talón quemado, rápido rápido rápido -Hace ademán y camina con gran velocidad y de manera circular por toda la casa; hace una pausa para respirar profundo- Y de repente veo una bolita con patas haciendo equilibrio sobre los cables de luz ¿será un topo? ¿un armadillo? Reduje la velocidad de mi marcha pero proseguí caminando con la vista fija en aquella criatura y cuando iba transitando la curva de la carretera, con mi cabeza ya casi vuelta 180°, vi una sonrisa en el cielo, poniéndose en el horizonte, de un color cobrizo. Ahí ya tuve que parar, no podía no maravillarme con esa conjunción de avistamientos tan exóticos.

Miré de reojo a Anuk, a ver si le seguía la pista al relato, y estaba embelesada, con los ojos fijos en su madre. J comenzó a marcar un ritmo en su cuerpo, percutiendo con sus palmas en el pecho, los muslos, chasqueando los dedos, y entonando:

-Uña enrevesada, atravesada criatura jugando a funambulista, y yo, simple terrícola bípeda la veo andar de cuatro patas sobre los cables de luz. ¡¡No le volví a ver!! Pero luego supe que era un kinkajú, no me preguntés cómo llegué, solo lo pronuncié una mañana luego de una tremenda noche de sueños.

J se levanta, va a la cocina a buscar una taza para servirme una infusión de coca. A su regreso, que me pareció una eternidad, yo tenía ya en mi pocillo de peltre un último sorbo. En ese punto, Anuk se había bajado la varilla que sostenía la cortina en la ventana, halando con tanta destreza que yo solo me interesaba en verla accionar. Después de desmontar la tela, se arropó con ella,  colocó la vara en el suelo, e intentó cruzar sobre esta sin tocar el piso. Siempre cayendo.

-Ah, ya tomaste. Me quedé buscando mi libreta. Mirá, soñé tanto y tan intenso, que inmediatamente desperté, escribí lo último que quedó resonando: “aquí está esta energía histérica de antepasado burgués, embrollada en sus telarañas internas, envuelta en mil ropas; cubierta por todos los flancos de palabras, flores, mitos puestos encima / suspendida de sí misma, en sí misma por la desconexión de su fuente / aguardando está gaia en su regazo, extendido por el mundo, perceptible solo desde la sangre / nos espera, nos aguarda, nos acompaña los latidos con su fluir eterno, su palpitar incansable”.

Compartimos un silencio introspectivo. Cada una se sumió en su propio regazo, incluida Anuk, ya cansada, tendida en el suelo, abrigada en la cortina-manta. J empezó a tararear y a oscilar su voz:

-Se acabaron las reservas de naranjas y limones. ¿Vamos a dar una ronda por esta zona? Quizá haya frutos disponibles en los árboles para nosotras.

[continuará…]

Escrito por Astrid Zuleima Aristizábal García

Mis intereses: artes vivas, cuerpo, filosofía, poesía en movimiento, ecología profunda. Transcurro y enlazo realidades que se manifiestan en: Madera (2015-2019) / blog [bailalalabia.blogspot.com]; Ueia ediciones (2016) / creación, edición y distribución de literatura originada de devenires corporales [ig: ueia_ediciones]; Dadanza (2017) / plataforma transdisciplinar de activación de movimiento y arte relacional [fb:@dadanzamedellin].
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