Natasha Sardzoska: «Quise salvar lo que se podía salvar del naufragio y ver lo que podía vivir de los restos que sobrevivieron»

La poeta macedonia Natasha Sardzoska nos hizo llegar sus poemas a Revista Liberoamérica. Su trabajo me deslumbró y pensé unas preguntas. Esperaba que Sardzoska tuviera cierto ingenio para las palabras, aunque nunca imaginé este nivel de poesía en sus contestaciones.

Antes de leer las reflexiones de la poeta, pueden interiorizarse un poco sobre ella con la siguiente información:

Natasha Sardzoska (1979) es una poeta, autora, intérprete y traductora (FR, ES, IT, EN, PT, CA) macedonia. Con un doctorado en antropología por las universidades Eberhard Karls de Tubinga, Sorbonne Nouvelle de Paris y de Bérgamo, Natasha ha publicado 5 libros de poesía: Habitación Azul, Piel, Él me haló con un hilo invisible, Agua viva y Coxis, muchos ensayos, novelas y cuentos. Su libro Piel es publicado en los Estados Unidos y en Italia. En el Festival de Poesía de Génova participó con una lectura en vivo, acompañada por la cantante de jazz francesa Charlène Puyguiraud y el artista italiano de body-painting Cosimo Frezzolini. También leyó su poesía en el Modoars Festival for Contemporary Music, al lado de la soprano montenegrina Milica Dobaj y la soprano italiana Rosalba Colosimo, junto a la pianista macedonia Ema Popivoda. En el festival de Berlín participó con el compositor y el guitarrista Georgi Sareski en improvisación de jazz y poesía. Participó también a los Festivales de poesía de Struga, Tel Aviv, Bratislava y Rijeka. Ha vivido, creado y trabajado en París, Milán, Stuttgart, Bruselas, Lisboa, Heidelberg, Rijeka y Skopje.

Sobre su poesía:
Su poesía entreteje reminiscencias carnales y hace evidente un dolor interior, revelando al mismo tiempo una gran frescura espiritual. Su memoria poética tiene un fuerte carácter escénico que captura la fuerza dramática de la existencia humana.

  1. El yo poético transita la ausencia amorosa con rabia en tus poemas, un sentir muy fuerte, ¿se puede escribir buena poesía sin pasión?

Me gusta pensar la pasión como una forma casi lucida de claridad mental. Por eso necesito preguntarme primero qué es la pasión. No me queda muy claro, pero ya me imagino que es algo lleno de fuego interior. Puede ser, entonces, muy creativo, puede ser un lugar donde se nace otra vez y más y más.
Tengo la certeza que no podés escribir nada bueno sin “sangre”. Me gusta pensar que no existe poesía escrita con mentira. Se necesita mucha verdad para poder escribir poesía. Si no sos honesto con vos mismo, si no podés no poder escribir, no podés llegar al corazón de nadie. Solo si salís de tu corazón, podés llegar al corazón del Otro. Vanina Bilous, mi bailarina de tango más querida, una vez dijo que si no sos honesto con vos, no podés bailar tango. Y creo que es así para cada arte. Si no estás listo para hablar de tus sentimientos más dolorosos y de tus fracasos, o de los fracasos de la humanidad, olvidate de la poesía. Si te repetís también, tenés que parar de escribir porque la pasión y la poesía es todo excepto repetición.
Creo que muchos poemas fueran escritos para amores muertos que no paraban de morir y lo peor es que no dejaban de morir. La única manera de quitar la rabia fue matar los amores muertos en la poesía. Porque el amor cuando no muere mata
Porque amores que matan nunca mueren (Joaquín Sabina). Y eso es también una pasión. Porque la pasión es sufrimiento. Es la calle hacia el dolor. Pero también escribir poemas de ausencia amorosa significa darles vida a estos amores muertos, para que puedan vivir más allá de la muerte en la poesía misma. Es una manera de ofrecer la metamorfosis a un amor muerto para ganar la libertad y para inmortalizar ese amor.
Ahora en Barcelona, durante mi residencia en el Instituto Ramon Llull, escribí un poemario para un hombre, que amo mucho, con quien tuve un amor platónico y que nunca vi más de 4 minutos en mi vida, a parte del contexto profesional donde lo conocí por unas horas. No vivimos en la misma ciudad. Es un amor imposible. Un amor que no puede vivir ahora. Entonces, lo transformé en poesía. Por eso, ahora, yo ya sé que ese amor puede vivir en mis poemas, en los poemas escritos para ese hombre, inspirados en él. Es un proceso muy doloroso. Pero es como inmortalizar un amor sin piernas, sin brazos, sin boca, sin sexo, un amor que puede hablar, vivir, querer, llorar en mi poesía sencillamente. Quise salvar lo que se podía salvar del naufragio y ver lo que podía vivir de los restos que sobrevivieron.
También existe otro lado en todo eso camino creativo: es que no sabés dónde vas, no sabés adonde te lleva la pasión (digo en la escritura), pero sabés que es tan insoportable vivir esa pasión que la tenés que compartir con la página en blanco. Para que nazca algo puro de ahí. Siempre me acuerdo de una poeta macedonia Svetlana Hristova que escribió una vez: del pasado tenemos que tomar el fuego, no la ceniza. Eso es para mí escribir poesía con pasión. Escribir poesía es plantar semen en la herida, como dijo Bei Dao. Yo quiero ver lo que puede crecer de esa herida.

  • “la soledad / un horizonte infinito”, escribís. ¿Qué poetas recomendás que tocan esta temática?

Y sí lo es. Porque en soledad se nace por dentro. Solo con la soledad podés ganar la libertad. La libertad es lo contrario a la seguridad. Porque todos pensamos “estoy seguro, entonces estoy bien”. Pero no es así. Cuando estoy seguro, no voy a ningún lugar. No crezco. Antonio Tabucchi dijo: no me dejas entre personas llenas de certidumbre. Para esto digo que la verdadera soledad se mide no con la ausencia de otros, sino con la ausencia de nosotros mismos. Porque la soledad no duele, pero desgarra. Nos desgarra dentro y tal vez solo de esta manera, tal vez solo por esta razón, nos abre el camino por adentro, nos abre la luz ante de nosotros y nos permite ganar libertad. Uno es libre cuando se deja sorprender. Uno es libre cuando le da alas al niño dentro de cada uno de nosotros. Uno es libre cuando toma el camino y se va sin saber a dónde ir, pero siempre caminando, siempre fiel a sí mismo, siempre con confianza en sus “piernas”, en su movimiento, en su razón de ser. El amor también es una libertad. El amor se desvanece cuando dejás de revelar la verdad. La verdad es también libertad. Somos libres solo cuando existimos en la Verdad (ontológica) en total fidelidad a nosotros mismos, mismo cuando el precio para pagar es la soledad. Si no puedes vivir solo, eres nacido esclavo, escribió Fernando Pessoa.
Entre los poetas que me ayudan a ver un horizonte infinito en la soledad son: Pessoa, Montale, Darwish, Machado, Benedetti, Sabina, Sabines, Paz, Saba, Sanguineti, Pasolini, Espriu, Majakovski, Breton, Cocteau, Rimbaud, Celan, Fortini, Hikmet, Kavafis… Me gustan mucho los contemporáneos: Agi Mishol, Margaret Atwood, Adam Zagajewski y Joan Margarit.  

  • Uno de tus versos reza: “A donde no va nadie: ahí voy yo”, ¿cómo vivís la exploración en el día a día?

Me gusta renovarme. Me gusta vivir en el día a día sin un plan preciso. No sé si se trata de una forma de curiosidad, pero yo lo vivo ese estado de alma como una frescura mental. Es decir que cada día quiero reinventarme a mí misma, ofrecer valor a cada acción, inhalar encanto a cada cosa simples que hago. Dar gracias a las personas que encuentro y que me enseñan algo con la sola existencia a veces. Me gusta cada día descubrir nuevas costumbres, nuevos autores, poetas, paisajes nuevos, sensaciones nuevas, sentimientos nuevos, músicas nuevas. Es así como me mantengo una nena por dentro, porque me permito siempre el placer de la sorpresa. Me gusta comprar flores en el mercado, siempre camino, me gusta ir a la montaña, al mar, hacer deporte, yoga, cocinar para mí es una creación. Encontrar personas con las cuales puedo construir o aprender nuevos mundos, únicos por los auténticos intercambios. Aunque sé que es muy difícil, porque con la edad nosotros creemos siempre menos en nosotros mismos, tenemos miedo de que nuestro genio interior no pueda cambiar el mundo: simplemente tenemos miedo. Cuando tenía 20 años podía nadar en el mar sin ver el fondo, era todo oscuro y opaco, pero yo no tenía miedo. Hoy me asusta nadar en el mar oscuro sin ver su fondo porque tengo miedo de, por ejemplo, un tiburón. Ese tiburón es quizás el futuro, como diría el poeta catalán Joan Margarit.
Pero bueno, digamos que tengo la suerte de trabajar como traductora e intérprete de varios idiomas: italiano, francés, castellano, portugués, inglés, etc. Y el trabajo con los idiomas es algo que te alimenta la mente. Además, eso me permite descubrir cada vez nuevas ideas y nuevas personas y aprender siempre algo nuevo. Me gusta ser siempre alumna: en el baile, en la literatura, en la antropología, en mi estudio, en todo.
También creo que, para ser un buen escritor o poeta, tenés que ser un buen lector. No hay buena literatura sin buena lectura. Por eso siempre estoy feliz de leer cada día algo nuevo. Es como ejercitar la gratitud y transformar la soledad en algo noble y generoso.

  • En tus poemas se lee bastante sobre el lenguaje y el mutismo, uno de ellos dice: “me trago las palabras / y sin embargo tengo hambre / pero muda te digo de todo”. ¿Ves la escritura como una vía de expresión ante el mutismo cotidiano?

Absolutamente, así es. Si existe un arte con poder terapéutico, eso es la música y la poesía. Son artes de la soledad. Son artes de la introspección. Son artes en los que podés creer y podés vivirlos y recibirlos dentro de una habitación lejos del mundo. Como dijo Octavio Paz, para mí también, la poesía es la resurrección de presencias.
Cuando no puedo hablar de ninguna manera, cuando no puedo decir nada, cuando no quiero decir nada porque no quiero ni sé mentir, entonces ahí nacen mis versos. Por ese motivo, me gusta esta pregunta. Porque descubre la razón porque yo escribo. Quiero decir cosas en mi poesía que en la vida cotidiana no consigo decir. La poesía es una protesta para una rebelión espiritual. En un mundo donde el ser humano deja de ser humano, donde los hombres son más números que alma o idea, donde nos enseñan a ver el mal siempre afuera de nosotros y nunca por dentro de nosotros. Creo que es muy importante encontrar una forma de comunicarnos, un nuevo lenguaje que pueda llegar en los corazones de los seres humanos. Si pensás en el poeta místico Rumi, pensás desde ya de cuanto puede ser eterna la poesía y así vencer el tiempo. O los poetas que seguimos leyendo y que en cada vez descubrimos un nuevo valor y significado. Es un lenguaje más allá de los idiomas. Es el lenguaje místico, metafísico y esotérico del mutismo, del silencio, de la capacidad humana de exprimir lo que no se puede exprimir de ninguna otra manera. Solo gracias a la metáfora, a la metonimia, a la abstracción. Escribo poesía por eso, porque los textos puedan iluminarse cada vez y después del tiempo, por síntesis o por detalles, por la evidencia o por el hermetismo, sin dar explicación o sin trivializar algo tan importante para mí como es mi sentir. Escribo poesía porque quiero “traducir” mis visiones metafísicas en un lenguaje palpable. Con mi nuevo libro “Coxis” quise dar voz a mi cuerpo, dar nervios, lengua y órganos al dolor.
 ¡Esta es la victoria de la poesía!
Borges dijo: Supiste que vencer o ser vencido
Son caras de un Azar indiferente,
Que no hay otra virtud que ser valiente
Y que el mármol, al fin, será el olvido.
Ahí está la razón porque la escritura, también, puede vencer la realidad. Para ser poeta, tenés que ser valiente y sincero. No existe ninguna forma posible de arte sin tener la sinceridad con vos mismo.

  • Una temática presente en alguno de tus poemas es aquella del exilio y la patria: no pertenecer ni siquiera al lugar de origen. Estar perdida, sin rumbo. ¿Qué nos podés contar sobre eso?

Es un tema que me sigue y me obsesiona. Mi padre era un gran patriota. Macedonia, un país colonizado por muchos siglos, para él fue su ideología, fue su corazón. Yo crecí respetando ese valor y creyendo en su sueño. Pero con mi vida expatriada (algunos dicen “nómada” aunque no creo que se trata de nomadismo), ese sentimiento de tener una patria lo perdí. Viví muchísimos años en Italia (Milano, Roma, Bergamo, Trieste), en Francia (París, Perpignan), Alemania (Stuttgart, Tübingen, Berlín), Portugal (Lisboa) y Bélgica (Bruselas). En estas ciudades, perdí un sentimiento vital: el sentimiento de pertenecer. No tengo lugar. Y tengo todos los lugares. No tengo un paisaje que sea mi patria. Y tengo muchos paisajes y patrias. Para mí la patria es mi idioma, el macedonio, es mi padre. Para mí la casa es en todos lados donde voy y donde no voy, donde estoy y no estoy.
Me gusta nutrir ese sentimiento de no pertenecer porque solo así puedo pertenecer en cada lugar y asimilar el contexto y el espacio y el tiempo, o no, o sea solo así puedo exiliarme del contexto, del espacio, del tiempo. Me gusta este poder que tengo de cortarme o alejarme de la realidad, del espacio que tiene sus límites. Y la poesía me ayuda a crear un espacio donde el exilio interior no me asusta.
En mi país siempre me sentía como no bienvenida, como si nunca fuera parte de los “clanes” literarios, intelectuales, académicos. Siempre me sentía como alienada en mi propio país. En la antropología eso se llama el choque cultural del regreso en su patria. Cuando no podés reconocer tus parámetros originarios. Aparte de eso, no me gusta el tribalismo en la cultura ni en la literatura. No quiero pertenecer a asociaciones de escritores o asociaciones literarias nacionales porque con muchos escritores no tengo nada en común. Por eso, por ejemplo, escribo poesía en italiano también. Y por eso me traduzco yo misma para poder pertenecer en un otro lugar, en muchos otros lugares.
La forma peor del exilio es el exilio interior. Cuando no te podés ubicar en ningún lugar. Cuando no pertenecés. Viajo mucho y cruzo muchas fronteras, no solo políticas y geográficas y la verdad que me da miedo ese sentimiento de no pertenecer. Pero me hace fuerte también, porque, realmente no me gusta el control excesivo en las fronteras, en los aeropuertos, en cada zona de tránsito, en estos lugares llenos de sospechas y carentes de humanidad. Rechazo la obsesión enferma de la humanidad de reducir el ser humano a un número. Tuve muchas experiencias traumáticas en las fronteras y eso es algo muy traumático para mí. En los países de la UE donde vivía, siempre me agarraba un miedo cuando tenía que hacer los papeles de permanencia, porque siempre me oprime y me inquieta cuando un policía me mira con sospecho y desconfianza.

Tengo un poema que se llama Viento vagabundo que habla exactamente de eso y donde digo:
ellos buscan en mis bolsas
pero yo no tengo nada
nada que opaque sus miedos
me preguntan a dónde voy
pero ni yo misma lo sé

Me gusta estar sin rumbo predeterminado porque solo perdiéndome puedo encontrarme. Mismo el trabajo que hago es muy marcado por la libertad y la autodeterminación. Y eso es algo muy frágil y al mismo tiempo muy fuerte de la vida. Es la belleza de la vida, o sea, lo que dice Eduardo Galeano: Silba el viento dentro de mí. Estoy desnudo. Dueño de nada, dueño de nadie, ni siquiera dueño de mis certezas, soy mi cara en el viento, a contraviento, y soy el viento que me golpea en la cara.

  • ¿Cómo fue que decidiste llamar a uno de tus poemas “La casa de Julio Cortázar”? ¿Cuál es tu obra favorita de él?

Es que me sentí como en un cuento de Cortázar cuando vivía en París. Una noche fui a una fiesta en una casa de amigos en calle Martel, cerca de metro Chateau d’Eau. En ese barrio del 10 arrondissement de París escuche bandoneón de una milonga, un viejo tango de Juan D’Arienzo, la calle parecía una calle de la Boca, hubo gente que me hacia miedo, miradas extrañas, faltaba la luz. Cuando llegué ante del palacio de la fiesta, vi que, a lado de esa casa, estaba la casa donde vivía Cortázar cuando estaba en París. En el momento exacto me sentí como un personaje de Cortázar y eso me llenó de felicidad. ¡Imaginaba ir a su casa! ¡Fue maravilloso!
Siempre me queda como algo inaccesible Rayuela. Es un libro que se lee toda una vida y se descubre siempre como si fuera la primera vez. Me gusta Final del juego, Historias de cronopios y de famas. Pero también me gusta su poesía.
Para mí, Julio Cortázar es uno de los escritores más importantes del mundo, uno de los escritores que me criaron. Porque fue uno de los primeros escritores latinoamericanos que leí a mi edad de 18 años junto a Sábato, Márquez, Llosa y Borges. Me encanta ese realismo mágico de la literatura latinoamericana.
De la poesía, los más importantes para mí fueron los poetas del hermetismo italiano, por la obsesión de ellos con la poesía pura.

  • ¿Cuál de todas las ciudades en las que viviste te parece más poética o  inspiradora?

En marzo de 2019, escribí unos poemas en Roma en el barrio judío. Trabajaba de intérprete unos días en la Direzione nazionale antimafia con una delegación macedonia y por la noche muy cansada me quedé en el hotel. Muy lindo hotel con obras de arte y una luz muy sensual. Miraba por la ventana la noche, que no tenía voz, como si fuera todo afuera una realidad sordomuda. Miraba las gaviotas que comían los restos de la comida por la calle. No había nadie por la calle. Sentí una fuerza interior en ese lugar, en esa imagen. Me parecía sentir la voz de mi padre. La voz de mi cuerpo. La voz del mundo. Sentí la gravitación de todo mi mundo dentro de mi habitación de hotel. Las palabras confluían en la voz del silencio.
Pero si tengo que elegir una ciudad inspiradora poéticamente, esa es París. Me gusta escribir en la Rotonde en Montparnasse y en Café de Flore en Saint Germain des Près y saber que en estas mismas mesas escribían los más grandes poetas de Francia o del mundo. No sé si es por los palimpsestos poéticos que tiemblan en cada rincón desde siempre o simplemente porque es pura transcendencia. Pero existe algo tan poderoso ahí que te hace sentir como si fueras el centro del mundo y al mismo tiempo como si estuvieras fuera del mundo. Y es eso que necesito cuando escribo poesía: no sentir más el mundo.

  •  

DI-AMANTE

vos y yo
dos grandes silencios en el mar
dos manos que no tocan pero alcanzan
caminamos en la estepa de esta ciudad
salvajes por la desobediencia del mundo
cosechamos la aguda brillantez por dentro
para encontrarnos
para limpiar todas las manchas
para destruir todos los mundos en un respiro
para cristalizar las gotas de nuestros cuerpos
vos y yo
dos grandes silencios en el mar
dos manos que no tocan pero alcanzan

Traducido por Elsa Barreda Ruiz

Más poesía de la autora disponible en la revista digital Buenos Aires Poetry: https://buenosairespoetry.com/2019/01/02/cartografia-del-fuego-natasha-sardzoska/

 

Escrito por Denise Griffith

Escritora y editora argentina miembro de PEN internacional. Traductora literaria y técnico-científica graduada del IES en Lenguas Vivas "Juan Ramón Fernández". Publicó el poemario "Carencia" con Editorial Liberoamérica en 2019. Trabajó en el Ateneo Grand Splendid (una de las librerías más hermosas del mundo). Colaboró en diversas revistas digitales. Contacto: griffith.denise.03@gmail.com Instagram: @d.e.grifith

A %d blogueros les gusta esto: