Los adeudos de la Secretaría de Cultura en México

Mi primer columna del año, mi columna incontaste tiene un tono inadecuado para con los buenos deseos. En México muchos trabajadores de la cultura sobreviven en la precariedad. La mayoría del sector pensó que esto cambiaría un poco con un gobierno de centro izquierda. Yo también pensé lo mismo, después de todo mi experiencia en el trabajo con otros países latinoamericanos con programas robustecidos en cultura habían sido de verdad formidables, pagaban a tiempo y lo hacían bien. Sin embargo el caso mexicano no parece ser así. En el primer año del nuevo gobierno el golpe vino para todos los trabajadores de la cultura, en la forma de un inesperado recorte presupuestal que dolía más por venir de un presidente que en su preponderante mayoría el sector cultural  apoyó durante los últimos años en incontables marchas, peleas verbales en redes sociales y en la familias. La defensa del actual presidente contra la ”mafia del poder” era abrumadora en este sector. Muchos de nosotros defendíamos al candidato que acabaría con la corrupción y que parecía estar bajo el ataque de los ”malos”.
Sin que esto pretenda ser una disección del carácter paradójico de la situación o del gobierno de AMLO, quiero enfatizar la realidad que vive la mayoría del sector cultural. Después del recorte permeó un discurso que acusaba a diversos creadores de vivir del Estado. Cuando los casos de los ”becarios vitalicios” son excepciones de personajes con gran trayectoria en un sistema de por sí precario para con los trabajadores de la cultura. Ni todos los creadores viven de becas. Ni todos los burócratas culturales viven en el privilegio. Para muestra de esto último solo basta revisar el capítulo 3000 que contrata a trabajadores en horarios de oficina, con pago por honorarios por lo general tardío.
Se acabó el año, inició el otro y el Estado no pagó sus deudas para con proveedores, talleristas, productores, actores, editoriales, bailarines, técnicos de iluminación, vestuartistas, directores, autores.
A mí, sí me causa una especie de ”pena” el haber luchado durante años, en marchas y casillas (perdiendo amigos en defensa del candidato de izquierda) y recibir a cambio una ineficiencia espantosa en los pagos y procesos.
Si uno revisa la lista que circula con los datos de los involucrados en los programas con adeudos, se trata de proyectos muy nobles, convocados por el gobierno en turno durante el 2019 a través de las diversas dependencias federales, por ejemplo Territorios por La Paz, Muestra Nacional de Teatro, Alas y Raíces, Semilleros Creativos, Coediciones INBAL, Circuitos de Teatros de Frontera, Temporada de la Danza INBAL, ENDMEXICO 2019, Vamos Juntos por la Paz, Jolgorios, Festival Oc’ otich, Programa Nacional de Teatro Escolar, Pasaporte del Arte INBAL, Foros Convergentes, Programación Teatro INBAL- Programa Niños y Jóvenes, FILIJ 39, 25 Aniversario del CENART, Foro Internacional de Música Nueva- INBA, y más de 20 proyectos adicionales en los estados que no dependen de recursos federales.
El sector cultural debe ser remunerado en tiempo y forma a fin de que pueda pagar a sus propios proveedores y colaboradores. Por ejemplo en mi editorial hay adeudos ya facturados de más de tres años en las librerías del Estado. Otra de las cosas que me llaman la atención es que los pagos parecieran estar sujetos a un proceso de cabildeo.
Se convoca a reuniones para finiquitar y explicar el je ne sais quoi de las deudas dejando a los trabajadores de la cultura que viven en ”provincia” fuera del juego. ¿No deberían ser los procesos claros, o cuando menos emitir una explicación oficial de por qué se adeudan pagos sobre presupuestos ya ejercidos? Los plazos que han dado para pagar no se han cumplido.
Una de las condiciones para la limpieza de las instituciones, es la transparencia de los procesos. Con pagos ridículamente burocratizados o terciarizados se precariza al sector cultural de una manera innecesaria y violenta.
Pienso que una colaboración estrecha, un dejar de denostarnos entre nosotros mismos, una visión más empática de la Secretaría de Cultura podrían cambiar el juego este año que inicia. Dicho esto creo que al final esta columna sí es de buenos deseos. Quizá deseos ingenuos.

Escrito por Sidharta Ochoa

Escritora y editora. Fundó Abismos Editorial. Autora de los libros: Tatema y Tabú (cuento) editado en Lima así como de Estética de la Emancipación (experimental), Historia de las feminazis en América (cuento) y del de ensayos Radical Chick. Fue becaria en la Categoría Jóvenes Creadores del FONCA y del Fondo Estatal de Baja California en cuento y novela en una y dos ocasiones respectivamente. Ha colaborado en la revistas, Lee Más de Librerías Gandhi, Nexos y en la revista Río Grande Review de la Universidad del Paso Texas, entre otras. Obtuvo la beca Brazilian Publishers otorgada por la Cámara Brasileña del Libro en el 2019 así como la beca Pro Helvetia del Swiss Arts Council (Suiza) en el mismo año y la de DGLAB- MInisterio de Cultura de Portugal por la edición de obras.
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