DEVOCIÓN A LO PERDIDO (Selección de poetas colombianos)

“El mundo va a acabarse antes que la poesía y la poesía continuará afirmando su devoción a lo perdido.” Esta cita de la poeta colombiana Tania Ganitsky es una entrada reveladora a la selección presentada a continuación. La poesía como una perpetuación de las cosas, abierta al misterio del futuro, resistente incluso ante la posible desaparición del hombre y lo que le rodea. Quien escribe, comprende que no es posible prolongar su existencia  hasta la existencia del poema, este va más allá de todo, no es una vana representación de la vida de un hombre, el poema asume la forma del tiempo. El acto poético, como acto revolucionario, se niega a abarcar una sola región de las palabras, y de eso dan constancia los diferentes estilos poéticos presentados aquí, sin embargo, en medio de esa diferencia, es posible reconocer un espacio donde todas las voces se asisten y se encuentran, y tal vez esta sea la misión secreta de la poesía, nombrar el espejo, para que del otro lado alguien se refleje.

Jennifer García Acevedo.

 

 

Óbolo

Elkin Restrepo, Medellín, 1942

Ni solo, ni huérfano, ni desamparado,
puedo sentirme.

No puedo decir que algo me falta
o me sume en la derrota.

Tampoco llamar a la tristeza
para que haga los oficios de la casa.

Ni puedo alegar razones
porque el mundo no es como lo creo.

No, no puedo, con tanta queja,
convertirme en el ciego
que palpa y maldice
la moneda de oro que se le entrega.

Pajarera

Fernando del Castillo, Bogotá, 1972

ha llegado posesa
la que admite la alucinante luz
a través del muro saltarín

dylan thomas

Más allá del cristal

hay un hombre que agita una bandera
señalando el lugar a donde fueron los perdidos.

una antorcha hace luz en su rostro
tocado por la noche.

entonces de repente
me visita una cacatúa blanca
entra por mi ventana inundándolo todo
con sus escandalosas plumas de luz
como si la reina me ofreciera un seno suyo
blanco y redondo
para amamantar mi soledad.

estrellas
pequeños pájaros de fuego invaden todo
como chicas muy seguras de sí mismas
de esas que hay hoy
muchachas locas
libres como los muertos.

más allá del cristal
un hombre me hace señas:
sus pies no le sostienen ya
y ha salido mal librado de la prueba
del paso-de-la-garza.

desde esta ventana
acudo sin pensar al faro de los náufragos,
pues soy ahora el nuevo abanderado

mientras en la caverna
mi vaso prefigura.

Bogotá, después de una visita a Helena Iriarte

Lauren Mendinueta, Barranquilla, 1977

No hay relación entre las cosas
y aquello que las encarna.
La realidad acaso es un vacío
y el reflejo en los espejos
la evidencia de su precariedad.
Los nombres van por el mundo
retratando la angustia de no ser lo que nombran.
La gente corre afanada hacia el vagón del metro
o el autobús porque la vida depende de un concepto.
Tampoco la puntualidad corresponde a su palabra,
Pues no se puede llegar con retraso al destino.
¿Es posible que convivan alma y cuerpo?
¿no serán un binomio inseparable,
una sola cosa que no sabemos nombrar aún?
En estos temas, como en tantos otros,
me atropella la retórica,
y vuelvo a preguntarme si será posible
nada más vivir.

Puerta 3

Nelson Romero Guzmán, Tolima 1962

Puerta caída de un mundo que arriba nunca pudieron

cerrar, su hermosura nos cegó cuando dimos un giro en

la plaza para mirar los altos portones, entonces, como

una aparición de la palabra, se abrió, pero no había

ningún mundo adentro, era el signo roto, vaciado,

figura en sí misma y borrón de una arquitectura, parecía

un ala blanca, parecía que fuera a volar, pero el viento

la golpeó contra nada y deapareció ante nuestros ojos.

LI

Lucía Estrada, Medellín, 1980.

Habrá un instante en que la luz de lo conocido sea retirada, y el polvo de ciudades perdidas, el rostro de un dios antiguo, brillen con el fuego de la primera luna. Despertaremos, y nuestro despertar abrirá la tierra, la perforará en su centro como un fruto al que se le quiere extraer la semilla, y se oirán voces de norte a sur, gritos como de quien no volverá a tener boca. Levantaremos uno a uno los nombres olvidados, y llamaremos a la criatura que fue arrojada de nosotros por temor y respira en la profundidad de la nada.
Vendrá también el pájaro que custodia por siglos el secreto, vendrá su sombra, libre al fin, de las ruinas.

Versión del extraviado

Álvaro Marín, Manzanares, 1958.

Dios no cree en nada ni en nadie.
Dios hace tiempo que a nadie saluda ni a nadie le da la mano.
Dios no cree en sus feligreses
Ni en lo que decimos quienes estamos aquí.
“De nuevo la enfermedad, dice, todo es locura en este lugar”
Mientras los días se repiten: los muros, las malas nubes,
y la amarga tintura del veneno. Hasta caer pesadamente dormidos.
Hasta que amanece y somos de nuevo la lenta anaconda,
nos despertamos lerdos y silenciosos, como surgidos del fondo de un pozo.

En la calle se dice que mataron a Dios, otros dicen que está en la cárcel,
que vieron a la policía subirlo a una jaula.
Lo cierto es que nadie ha visto a Dios por estos días.

Un hijo suyo dice que Dios lo torturo y lo crucificó, y yo le creo.
Un día vino protegido por dos guardias: “mentiroso” me dijo.
Traté de taparle la boca pero sus guardias saltaron sobre mi espalda
y me llevaron de nuevo a la celda.
Uno de los guardias trajo el veneno en una mano y en la otra el electrizador.
Cerré mi boca y escribo desde entonces. Guardo silencio, igual
al oscuro escarabajo sumergido en los agujeros de la noche.

El instante preciso

Margarita Losada Vargas, Neiva, 1983

Pienso en la palabra
que no llegó a su destino
en la mirada que por azar
se detuvo un segundo antes
de encontrar los ojos deseados

pienso sobre todo
en la noche que ya no volverá
y en las veces que mi vida
hubiera sido otra vida
si hubiera estado
en el instante preciso.

Hipótesis del paisaje

Jorge Cadavid, Pamplona, 1962

Las palabras se asemejan a las piedras
una apoyada en otra
van formando un muro
Las casas se levantan con piedras
Las piedras caen
Las casas se desploman en ruinas
Los hombres a veces se sostienen
erguidos sólo por una palabra.

Peluquero

Robinson Quintero Ossa, Caramanta, 1959

Sólo ante un dios inclina uno la cabeza
y cierra confiado los ojos

Sólo ante un dios entrega uno sus pensamientos
indefenso y sin miedo

El poema es el oficio de las manos de un hombre

Un dios sostiene firme el pulso del peluquero.

Dylan Thomas en la otra mesa

Omar Garzón, Bogotá, 1990

Esconde el hombre en su sombra muchos nombres.
Se pierde en la niebla, la anda, se esfuma, pero siempre vuelve.
Caben en sus brazos todas las sombras, incluso las de ayer.
Conocen sus manos el resguardo intangible de la Luna.
Señala de memoria cada gota que se oculta en el rocío.
No se inmuta cuando escucha atento el secreto de la lluvia
hasta que sonríe y con los brazos abiertos la recibe.
Esconde el hombre en su sombra muchos nombres.
En la noche atiende un canto de borrachos en la calle
lo pinta con un baile de dedos plagados en la mesa
y siete copas de algún elixir le salen al encuentro. Ríe.
Se pierde en la niebla, la anda, se esfuma, pero siempre vuelve.
La hoja entre el suelo y la planta de sus pies es la música.
De todos los mundos posibles, optó por sus mismos labios.
De todos los mundos visibles, escogió su propia ausencia.
Caben en sus brazos todas las sombras, incluso las de ayer
y su puerta más oscura es la que más luz le proporciona.
Escogió el poeta el silencio a manera de profundo grito.
Tania Ganitsky, Bogotá, 1986

(De Desastre lento)

I.

El mundo va a acabarse antes que la poesía y habrá nombres para diferenciar el olvido de la fauna del olvido de la flora. La palabra esqueleto solo se referirá a los restos humanos porque habrá una forma particular de describir el conjunto de huesos de cada especie extinta. Habrá un nombre para designar la última chispa de fuego, un nombre primitivo como el del maíz, y otro para la transparencia del río que muchos se habrán lanzado a atrapar al confundirla con sus almas. Las crías nacidas ese día no se tendrán en cuenta, pero la palabra parto sustituirá la palabra ironía que ya habrá sustituido la palabra tristeza. Y habrá un léxico de adioses, porque se dirán de tantas formas que llenarán un libro entero, que es lo que quedará del amor, de la literatura. El mundo va a acabarse antes que la poesía y la poesía continuará afirmando su devoción a lo perdido.

 

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