Cosidos a una historia: Reseña de «Abro el miedo» de Teresa Orbegoso

Fotografía de portada: Louise Castillo

Teresa Orbegoso. (Lima, 1976). Licenciada en Periodismo. Investigadora social. Gestora cultural. Curadora. Escritora. Magister en Escritura Creativa por la Universidad Nacional de Tres de Febrero en Buenos Aires, Argentina. Posee estudios de Maestría en Creación Musical y Nuevas Tecnologías. Cuenta con un Diplomado en Creatividad Publicitaria. Ha sido becada por la OEA, el INDES BID, la Fundación Tallberg. Ha publicado los libros de poesía: Yana wayra (Ed. Urbano marginal, Lima, 2011); Mestiza (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2012); La mujer de la bestia (Ed. Trópico Sur, Maldonado, 2014); Yuyachkani junto a la artista plástico Zenaida Cajahuaringa (Ed. La purita carne, Lima, 2015), Perú (Ed. Buenos Aires Poetry, Argentina, 2016) y Comas (Añosluz editora. Argentina, 2018). El libro Perú ha sido reeditado en Perú y Guatemala. Parte de su trabajo ha sido incluido en la antología sobre la vigencia del poema en prosa en Sudamérica: Del caos a la intensidad (Ed. Hijos de la lluvia, Perú, 2017). Ha compuesto la música para el libro La casa sin sombra del escritor argentino Claudio Archubi. Ha sido invitada a varios festivales internacionales de poesía. Reseñas sobre su escritura, sus libros y poemas aparecen en distintas revistas hispanoamericanas.  Acaba de publicar el poemario testimonial Abro el miedo (Hanan Harawi Editores, 2019) que versa sobre su experiencia con el cáncer. Tiene a su cargo la página de entrevistas a creadores hispanoamericanos migrantes: Migraciones poéticas. Participa del colectivo Poetas de la biblioteca en Buenos Aires, Argentina. Igualmente acaba de abrir espacio para nuevas voces en la web La primera vértebra.


Abro el miedo (Hanan Harawi, 2019) es el último poemario publicado por Teresa Orbegoso, una de las voces femeninas más relevantes de la poesía peruana en los últimos años. La calidad del poemario no se discute, pero sí hay que otorgar especial relevancia al contenido, al tema propuesto por la vate. Esta no es una obra cualquiera, tampoco es un libro sentimental (aunque transmite una gran carga de sentimientos humanos que rozan lo metafísico), es una obra que, como dice el título del prólogo: es una operación a cielo abierto. Aquí hay un camino recorrido, un hacerse uno con el dolor y entregarse a la experiencia del misterio como entregándose a los brazos de la vida, de la muerte y de lo que no está determinando por ninguna de estas realidades escatológicas.

Si mencionas a algún poeta que haya transformado su dolor en arte lírico podríamos comenzar con José Watanabe Varas. Parte de su obra, el último tramo del camino, está circunscrita a su experiencia en la enfermedad y el hospital, realizando una descripción y una transformación del ambiente propio que es aquel espacio. Sin embargo, siempre está la pregunta sobre la naturaleza del ser humano ante la enfermedad que lo aqueja. La misma experiencia es compartida por Teresa quien transmuta su miedo, angustia y humanidad en los versos que “cosen su historia” a la experiencia del cáncer y de las demás personas que la rodean. Respetando los estilos y las experiencias, Watanabe y Orbegoso presentan sus historias de una forma artística, humana y real. La misma Teresa, en uno de los conceptos más empleados está el de la existencia. La enfermedad existe, las personas existen, el miedo existe y la persona que vive esta experiencia, la poeta, existe.

Un mes antes de comenzar con esta reseña me encontraba en el hospital por una subida de glucosa peligrosa. Esa noche en el hospital, alejado de mis seres amados, solo contemplando como goteaba el suero, sintiendo la presión de la aguja en la vena, abrigando las piernas frías por el ambiente mismo que había, escuchando las quejas de los otros pacientes internados y mirar, por ratos, al techo blanco deseando que las horas se transformen en minutos. La experiencia hospitalaria debe ser una de las experiencias más difíciles de sobrellevar. Es esta experiencia personal la que permite conectar de una forma particular con los versos expuestos en Abro el miedo. Porque uno no está leyendo solo un poemario, que en naturaleza y estructura lo es, sino que está leyendo una bitácora, una crónica, una novela personal que se abre al mundo y no solo al miedo. Ya que, en esta particular composición, el miedo no se transforma en un freno salvaje, sino que se vuelve en un barco por donde nuestra autora navega y lleva su alma a diversos puertos: enfermos, familia, compañero incondicional, el mundo mismo.

Siempre viviré la vida como un apasionado a la filosofía y así es como he podido leer este poemario. Una grito escatológico, fruto de una contemplación hacia el misterio de qué hay más allá de esta realidad, el miedo y la duda que acompaña a la experiencia humana de vivir. La enfermedad nos arropa como una madre, pero nos arroja al suelo de la vida. Y nos arroja para gritar, llorar y crear. Denunciar y transformar. Así es la vida y así es la poesía que presenta Teresa Orbegoso en su obra.

Sin embargo, y aunque suene paradójico, se presenta una peculiar experiencia: el carácter exigente de buscar un consuelo particular. Pero no hablamos de simple comprensión, sino de un adagio profundo de sentirse comprendido en la cruz que uno lleva a cuestas. Por ello, a lo largo del discurso poético se presentan figuras que representan este ser real y existente de la comprensión. Figuras que van desde la madre hasta la personificación de Inger Christensen, quien, más que influencia, se transforma en compañero de este proceso y diálogo. No solo el miedo. No solo el cáncer. No solo la decepción. Todo lo demás se transforma en una existencia con la cual, la autora, danza y conversa, discute y abraza, consuela y denuncia. Porque el cáncer se transforma en metáfora en la sociedad y desciende en aquella gota lacrimosa que cae por el cuerpo del paciente. Por ello, la lectura de este poemario no puede ser solo atendido desde los cánones literarios, sino también comprender las vicisitudes de la escatología y del existencialismo. Una visión tan humana y que roza los umbrales de un acoger el dolor como redención, descubrimiento y creación.

Presentamos una muestra de poemas presentes en Abro el Miedo (Hanan Harawi Editores, 2019) de Teresa Orbegoso y que presenta cada una de estas cuestiones existenciales, escatológicas y humanas.

***

Mi cáncer dice:
acuérdate de mí ahora que eres adulta y que han llegado los tiempos
en que el agua bendita es sólo agua. Los tiempos en que el hábito del
santo ha sido abandonado en la playa. Los tiempos en que tu páramo
se ha partido en dos.

Escucha todo lo que suena en tu cáncer. ¿Alguien podrá oírlo contigo?

***

Mi cáncer dice:
cose tu historia a la mía y encontrarás a una madre y a una hija y dentro
de ellas una palabra como una penitencia que las alumbra. Alguna de
las dos reconocerá que un día dijo: no vayas al matrimonio como la
vaca al matadero. Sin saber. Empapándote con la sangre del miedo.
Que no te convenzan con eso de que tu madre es el mejor esposo.
Cuántas veces las abuelas han destruido sus cabezas. La enfermedad
se extiende sobre tu vestido como una mancha de aceite con la que
deberás luchar. A la vencedora se le dará una revelación y se le dará
también una pureza nueva y al interior de esa nueva pureza como una
luz intermitente, un canto que nadie conoce sino sólo la que lo recibe.

Algo se repite en otros cuerpos. Se desarrolla. Dice aquí estoy. Se anuncia. Se
impone. Me causa dolor. Adquiere confianza y se reproduce. Marcha.

***

Bienaventurados sean los que se esfuerzan en existir
en lavar los pies del dios de la enfermedad
Contra qué pared hemos caído
En qué pared hemos escrito los nombres de
nuestra enfermedad
una madrugada cualquiera
quizá de junio mientras
dormimos sentados en la cama
y no podemos ver
el amor de la mujer y su niño
que recoge del piso a su marido borracho
y ni siquiera sabemos cómo preparar una Ocopa
y creemos que
la familia es la enemiga
después de vomitar sobre una bolsa
y sólo nos quedamos como fuera del tiempo

Inger, el cáncer ha llegado a la Tierra. Está dentro de la Tierra. Ha entregado
su voz al enfermo.

***

Operados los cuerpos
en fila india
esperan la pastilla de la salvación
No hay resplandor
ni máquina para curar las amputaciones
Sólo celdas
siendo siempre
que algunos de los pobladores de Yungay
donde el aluvión enterró la ciudad han
salido a marchar contra la muerte
muertes que en los últimos años
han sido numerosas
en el continente sudamericano
donde solitarios indígenas de sus múltiples culturas
han perdido la memoria
sin que puedan dejar de dibujar imágenes
que ya no entienden o
que han mezclado además con símbolos
de la civilización de la barbarie
hasta desaparecer en estos países
inventados de nombres sin sentido
y realidad maravillosa
de Cien años de soledad
Aquí subo yo al Uraj Pacha
al mundo de los de arriba
de los envueltos en las pancas del capitalismo
como semillas de la pobreza eterna
lanzo ángeles

Mientras tanto el cáncer de la vejez avanza como un ejército, se manifiesta.
Cruza el semáforo en rojo, el semáforo en verde. El cáncer del pensamiento
nace, alumbra, contempla, se detiene, se pierde. Nos encuentra. La vitalidad
es un recuerdo de la vitalidad, apariencia.

***

Derrumbada la torre de Babel existe y
el once de septiembre existe
los incendiados de la guerra con Chile como limbos descoloridos
y también los seis estudiantes asesinados y los cuarenta y tres desaparecidos
de Ayotzinapa
como cuando
el ronquido de los que están bajo tierra
nos despierta alarmados por el futuro de nuestros hijos
una guerra como
pintada con nuestras orejas nuestras piernas, nuestros brazos un tiro
sobre nuestras cabezas atravesando los siglos y la cara
paralizada del herido el herido entregado por su patria
para ser herido existen colonias e ilegítimos que
no saben que son ilegítimos existen la marinera y las prosas apátridas
existe toda la prole de Francisco Pizarro
la piedra absoluta de Martín Adán y la mesa donde escribo
Haz contado todo y no es suficiente

El cáncer de las invocaciones ha vuelto sobre sí mismo. Ha visto su rostro
sobre el lago. Se ha asustado con su reflejo y se ha escondido en el bosque
de las niñas que golpean la mesa para que se caiga la carne. Ha rayado el
arenal y ha soplado su nombre. Se ha preguntado sobre la claridad y no ha
encontradorespuesta. Ha regresado para descifrarla. A veces con temor.

***

Mi cáncer dice:
Yo soy el que protege una cosa por debajo de otras para ti. Sé que estás
cansada y sabes ya que sólo hay preguntas. No tengas miedo y di:
sí. Y cambia cromo, culpa y pena reina de la morería. Sonríe, sonríe.
Escucha lo que existe.

El cáncer de las invocaciones a pedido conciencia, una voz. Borramiento.

***

Mi cáncer dice:
me hiciste como si yo fuera un poema. Tu lloro. Y entre lágrimas
preguntabas: ¿quién podrá sanarme? Y yo vine a ti y no me viste y
me fui y no me entendiste. Me volví entonces el silbo de alacranes
azulados que con su canto intentaban repararte. Al final nos vimos
a la cara y ya no reconocías a nadie. No sabías si eras digna de amor
o de odio. Mas yo si te recordaba y por eso te abracé, te entregué
un libro, te di escaleras, pero tú me empujaste y me pateaste y como
una niña malcriada seguiste tu camino. Yo no quería verte muerta,
pero quería quedarme contigo. Te había tomado afecto y me había
acostumbrado a ti. Hoy te sigo viendo a lo lejos hablando al silencio,
doblando tus sostenes, contando tus vestidos, sentada sobre tu cama,
esperando a que se hagan las siete y llegue tu marido, tu única alegría
en esta ciudad que te da tanto calor y tanto miedo. Me haces falta.
Aunque ahora tienes luz y ya no más fe. Alguien desató las lenguas
hermanas de nuestro beso. Alguien quiso que olvidaras mi nombre.
Por eso hoy yo te pido: dilo, di mi nombre. Nómbrame por última vez.

Cánceres de tierra y de metal. Padezco y acepto el desconsuelo. El viento,
infestado de polvo y piedras, golpea la casa del dormido y me llama al cielo
del santo.

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Abro el miedo (Hanan Harawi Editores, 2019)
Imagen de la tapa: Marcela Zelikowicz

 

Escrito por Emilio Paz

Emilio Paz (Lima, 1990) Profesor de Filosofía y Religión, egresado de la Universidad Católica Sedes Sapientiae. Tiene publicados “Septiembre en el silencio” (Club de lectura poética, 2016), “Laberinto de versos” (La Tortuga Ecuestre, N°394, 2018) y "La balada de los desterrados" (Ángeles del Papel Editores, 2019). Posee trabajos publicados en diversos medios de Perú, México, Chile, España, Venezuela, Estados Unidos, Argentina, India, Ecuador, Rumanía, Costa Rica, Suecia, Alemania, Italia, Cuba, Uzbekistán, Bulgaria, Francia; siendo traducido al rumano, francés, italiano, búlgaro, uzbesko, inglés y tamil. Ha ganado el “Mes de las Letras” (abril, 2017) de la Fundación Marco Antonio Corcuera y el IX Concurso internacional de poesía y cuento - Perú 2019 organizado por la revista "El Parnaso del Nuevo Mundo". Ha participado de diversos recitales poéticos, congresos de filosofía, siendo su línea de investigación la relación entre estética, poesía y educación. Actualmente dirige el blog “El Edén de la poesía” (https://edenpoetico.wordpress.com/).
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