Un quelonio poético: La poesía de Marco Vidal

Marco Vidal González (Sanlúcar de Barrameda-España, 1995). Graduado en Lenguas modernas y sus literaturas con Mención en lenguas eslavas por la Universidad de Granada (España). Traductor de poesía del búlgaro y del macedonio al español y de español a búlgaro. Obtuvo el premio Mundos y Colores (2017) de la Asociación de Periodistas Hispanohablantes de Bulgaria por su blog literario La Tortuga Búlgara, donde escribe sobre lengua, literatura y cultura búlgaras. Sus poemas han sido publicados en la revista literaria búlgara Nova Sotsialna Poezia y en el portal de poesía LiterNet; en el portal peruano Vallejo & Co., en la española Fábula, así como en la revista italiana Atelier Poesia y en la macedonia Sovremenost. Ha sido miembro del jurado del primer concurso literario de la revista Nova Sotsialna Poezia de poesía social y comprometida, así como del segundo concurso de la misma revista sobre temática amorosa.


Marco Vidal es un poeta español que ha dedicado gran parte de su quehacer literario a la divulgación del arte de Bulgaria. ¿Motivos? Solo los conoce el autor, pero su obra tiene dos matices que suman al disfrute y estudio de la poesía: creación y traducción.

En algún momento, durante mis horas académicas universitarias, un profesor nos explicaba que toda traducción es una traición. El arte de la traducción no es un arte sencillo, porque requiere de conocimientos de idioma, hermenéutica, contexto, semántica, etc. Todos los que podamos imaginar. El sentido de una palabra, en ocasiones, difiere de las otras palabras de otro idioma. Así, por ejemplo, encontramos traslaciones de palabras con sus pares de otros idiomas, pero que ocasionan una pérdida de fondo y de significancia. Por ello, el trabajo de Marco Vidal es exhaustivo y no es de simple placer estético. Hay una poiesis distinta trabajando, un escultor que revela la belleza del mármol, como decía Miguel Ángel, para hacerla luz a los ojos de los demás. Aquí, Marco, revela la belleza de un poema escrito en lengua extranjera, como el búlgaro, para transmitirlo y difundirlo en los países hispanohablantes. Por eso es valioso reconocer su obra.

Sin embargo, la labor de Marco no solo cae en el trato de traductor, sino que también es poeta. Sus composiciones abarcan temáticas propias de la sociedad y de las influencias acogidas en Bulgaria. Temáticas que podrían considerarse polémicas en otros contextos, aquí son tratadas con elegancia, astucia y vanguardia. Un aura de socialización poética, donde los versos y las figuras dan formas a estructuras sencillas y significativas de la interpretación de la realidad que realiza el autor. Una personificación de los lugares o, posiblemente mejor dicho, una naturalización de la persona. Porque naturaleza e individuo se hacen uno en figuras como el campo, la piedra, el río. El poeta hace suya a Sofía, la capital búlgara, y le hace bailar un ballet entre sonidos lúgubres y simbólicos, un adagio romántico que versa en las emociones que genera la ciudad en el autor. Una peculiar mirada y dulzura que acompañan las composiciones.

Por lo tanto, la labor de Marco Vidal es, posiblemente, una de las más enriquecedoras de las letras: componer y traducir. La ventaja y fortaleza es que Marco encuentra fuentes en las riquezas de las palabras escritas en otros idiomas, el significado propio de dichas palabras, apoderarse de ellas y presentarlas en su lenguaje que es como un quelonio, una tortuga: un ser que parece rozar con lo eterno, con lo sabio.

Por ello presentamos una selección de poemas de Marco Vidal. Disfruten de su lectura.


Sofía

La horrible intervención humana
pero también su más absoluta dejadez
y descuido
provoca
que a veces me sienta
como en una cárcel.
Аtrapado
entre paredes monótonas.

Con toda la negrura por delante,
agrietándose ante la intemperie.

 

Sofía II

El eterno gris que tanto temía
se desespera ante mi indiferencia.

Yo he cambiado,
susurra al eco
mi voz ya rota.
Incluso a mí mismo
me veo reflejado
en el cemento intacto
que tanto detestaba.

Tanto horror arquitectónico
toda esta suma
de hormigón+ladrillos+
deshumanización
postsocialista

incluso una sonrisa
logra robarme.

Y hoy es un día cualquiera,
es invierno
y estoy en el tranvía,

me bajo y observo la penumbra:
una anciana me pide un levche,
un ejecutivo enchaquetado
campa a sus anchas
por las avenidas interminables
que desaparecen incautas
entre la niebla que la abraza.

Solo… Es Sofía.

Solamente es
mera indiferencia

Solamente es… Sofía.

 

Espacios

A Zhivka Baltadzhieva

De los espacios indomables
entre los adoquines salvajes
de cualquier calle de Sofía
se escapan sueños grisáceos

y atardeceres de hormigón.

De los espacios indomables
estalla la miseria:
el hijo emigrado y
la tierna abuelita,
las 150 levas
y la sonrisa, resignada

De los espacios indomables
se eleva el campo de concentración:
el opositor ejecutado,
los niños llorando.

Mientras tanto,
el gris perenne sigue dominando
y aturdiendo
la conciencia global.

 

***

El aliento de la miseria
y el sudor de la descomposición
me hechizan.
Mientras tanto, todo a mi alrededor
se marchita.
Pero yo sigo bailando
en este sinfín caótico
esperando la llamada
de alguien
o algo
que me devore

Entonces decidí levantarme

y pude contemplar la miseria

que me rodeaba

 

Cámara de fotos en Sofía

Si una cámara pudiera
captar lo que mis ojos ven.

Esa luz traslúcida, que
en cualquier momento
del día, escapa amarillenta
y boreal entre las ramas
de los árboles.

Esos instantes
de miseria palpante.
El amarillo y rojo
de mi tranvía…
Y la luz hipnotizante
que corta y anula mi respiro.

Si una cámara pudiera
captar lo que siento
y lo que palpita
en mi alma…

Revelaría las foto
y las quemaría.

Sofía 10/07/2017

 

Un día de verano

Santa Sofía
en un día de verano
se corta las venas

El amarillo abrumador
ante sus cenizas
se advierte

Sola se marchita
y la indiferencia
y su sangre esparcida
me persiguen
hacia ningún lado.

 

En el bosque urbano

De las grietas del bosque urbano
se escapan sueños bruscamente.
Algunos de ellos acaban calcinados
y otros elevados en hormigón marchito.

Mientras tanto, deseos de libertad
aturden la conciencia.
Ésta corre hacia la nada,
y me grita desesperada.
Pero yo no puedo oírla. Sigo
en la grieta, intentando
averiguar el sentido,
llegar al origen.
Comprender y
salvaguardar
esta mezquina
existencia.

 

YANTRA

El río yantra recorre mis venas
Pero mi cuerpo ya no fluye.
Está ahí, en el asfalto maldito.

Fresca desintegración.

Arroyado y perdido
permanezco
tras un frenazo mal dado
en aquella carretera maltratada.
Еn aquella carretera,
impregnada ahora,
del dolor más reciente
y lejano.

Y el río yantra sigue su curso,
me arrastra
hacia ningún lado.

Pero incluso él mismo está avocado
a mi destino patrio
a mi destino oscuro
y oxidado.

Y se queda atrapado.
Se asfixia,
entre las partículas
del alquitrán más desgastado
de la carretera
más reventada.

Y… Tras una ardua lucha,
el río yantra parece victorioso.
Pero el duro asfalto logra vencerlo,
secuestrando, así,
todas las almas deseosas de euforia
todas las almas, que contrastaban
al paisaje gris,

para siempre.

Sofía 06/11/16

 

Tres maricas

En los ensimismados campos de la Rusia más profunda,
alejados de toda mera civilización
ajenos, a la mirada límpida de la policía heteropatriarcal
tres maricas habitan,
y rezan plegarias, de rodillas.

El cruising[1] es,
su única religión.

 

CRUISING II

A veces, en el bosque
los árboles murmullan
intercambian miradas.
Incluso andan.
También se acercan.
Interactúan.

A veces, en el baño público
los azulejos palpan el vaho del deseo
pero también son testigos
de las miradas precedentes.

A veces, en el parque
columpios, arbustos y farolas
observan en tensión
el amor que pudo ser
pero no fue
El deseo de una noche.
De un instante.

Pero este anhelo primario
solo deslumbra a lo inerte.

Y mientras tanto, allá
en la civilización maldita
donde nadie siente
donde nadie folla
pasa desapercibida
toda esta lujuria
todo este fervor
que algún día
hubiera podido ser amor
pero no fue.

Dimito. Me exilio.
Yo quiero ser azulejo,
arbusto, árbol
o cenicero en la inmortalidad.
Quiero prender mi deseo.
Quiero que éste se calcine.
Yo solo quiero ser normal
Ir a la civilización.
Y no ser nadie.

 

Etapas

Ey, que la vida tiene sus etapas.
Ya sabes, los amigos
van y vienen.
Pero no te preocupes, tío, que
ya aparecerá nueva gente

en tu vida.

Es más.
Incluso llegará el día en que
tu novio ni siquiera tu nombre
recuerde cómo pronunciar.
Carpe diem, tío.

Y… De repente,
tanta verdad repentina
me abruma.

Pero yo me armo de valor.
Me giro, en un acto
de solemnidad sincera.

Les miro y les digo
¿entonces, amigos míos,
qué sentido tiene
esta existencia
sabiendo que se volverá mezquina
tras esta inevitable
soledad anunciada?

Pero ya nadie
me responde.

Ellos, también
se fueron.

Sofía 02/11/16


[1]  Cruising: término inglés que se refiere a la actividad sexual que se tiene en lugares públicos con desconocidos de manera ocasional y anónima.

Escrito por Emilio Paz

Emilio Paz (Lima, 1990) Profesor de Filosofía y Religión, egresado de la Universidad Católica Sedes Sapientiae. Tiene publicados “Septiembre en el silencio” (Club de lectura poética, 2016), “Laberinto de versos” (La Tortuga Ecuestre, N°394, 2018) y "La balada de los desterrados" (Ángeles del Papel Editores, 2019). Posee trabajos publicados en diversos medios de Perú, México, Chile, España, Venezuela, Estados Unidos, Argentina, India, Ecuador, Rumanía, Costa Rica, Suecia, Alemania, Italia, siendo traducido al rumano, inglés y al tamil. Ha ganado el “Mes de las Letras” (abril, 2017) de la Fundación Marco Antonio Corcuera y el IX Concurso internacional de poesía y cuento - Perú 2019 organizado por la revista "El Parnaso del Nuevo Mundo". Ha participado de diversos recitales poéticos, congresos de filosofía, siendo su línea de investigación la relación entre estética, poesía y educación. Actualmente dirige el blog “El Edén de la poesía” (https://edenpoetico.wordpress.com/).
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