Dossier «Mujeres y cuidados»| Entrevista a Nerea Aguado Alonso por Marta Castaño

Nerea Aguado Alonso es comunicadora inclusiva, poeta y feminista. Tras años de experiencia en comunicación y marketing y de formación y voluntariado en favor de la igualdad y los derechos humanos, ahora es especialista incorporar la perspectiva de género en todos los ámbitos relacionados con la palabra, el lenguaje (oral, escrito y visual) y la comunicación.

Crea publicaciones y proyectos artísticos con el feminismo como centro. También forma a empresas, entidades y particulares en el espíritu crítico y las herramientas necesarias para comunicarse de una manera más efectiva. Además ayuda a asociaciones, instituciones públicas y empresas a comunicarse de una manera no discriminatoria y alineada con sus valores. Poniendo el foco tanto en los valores de igualdad como en la eficiencia, para que la comunicación inclusiva aporte siempre beneficios sociales, de gestión, económicos y de imagen.

Vamos a conocer más a esta mujer luchadora, sus proyectos y su forma de ver los cuidados, autocuidados y amistad entre mujeres de hoy en día.


¿Nerea, qué son para ti los cuidados y los autocuidados?

Creo que por cuidados se pueden entender muchas cosas. Por un lado el cubrir aquellas necesidades que otra persona necesita para sobrevivir. Lo básico que vemos en bebés y personas mayores, por ejemplo. Esos cuidados que cuando no son valorados ni pagados realizamos las mujeres y que cuando sí lo son, enaltecen a los hombres. Dar de comer, escuchar penas, proveer medicinas e higiene… Hay grandes teóricas que ya han hablado mucho de ello: Silvia Federici, Marcela Lagarde, Mari Luz Esteban, Brigitte Vasallo, Nancy Fraser, el colectivo de trabajadoras del hogar…

En la línea de estas teóricas, abogo por unos servicios públicos que se encarguen de dichos cuidados, para combatir que estos recaigan siempre en las mujeres mientras se perpetúa esta educación machista.

Esos cuidados deberíamos saber proporcionárnoslos y proporcionárselos a las demás personas todas nosotras llegadas a cierta edad. Igual que sabemos lenguaje o matemáticas. No podemos permitirnos no saber cuidarnos entre nosotras ni a nosotras, porque entonces acabaremos dependiendo de migajas. Cuantas más personas sepan cuidarnos, menos dependeremos de personas concretas. Desde mi punto de vista, la función principal de una red afectiva y de cuidados es evitar las relaciones demasiado cerradas y dependientes. Necesitamos una alfabetización básica en cuidados.

Entiéndeme bien, no creo en el mito de la independencia y el individualismo, o por lo menos no creo en su idoneidad y bondad. Sin embargo, sí creo que depender de personas determinadas solamente puede tener sus riesgos. A dichas personas se les exige que estén siempre disponibles y a la vez se les “consuela” con el poder de que sin ellas, los cuidados no son posibles. Y eso es muy perverso.

Además, hay algo que tenemos muy metido en la cabeza, y es que como los cuidados no han sido nunca valorados económicamente y se han “pagado” con amor, creemos que si cuidamos se nos devolverá por parte de la persona cuidada o el resto de personas que debían haber cuidado y no lo hicieron. Y no. Muchas personas están en una situación de vulnerabilidad que no les va a permitir ser proveedoras de cuidados, pero es que, las personas nos merecemos sobrevivir y tener unos cuidados básicos independientemente de que los demos o no. No podemos hacer de esto un juego de “yo te doy y tú me das”.

Desde mi punto de vista, el autocuidado parte siempre de un conocimiento. De saber lo que se necesita, lo que es saludable para una misma y poder pedirlo (que no exigirlo) o saber cómo suplir esa necesidad. El autocuidado no es eso que venden los anuncios de un día de manicura o de comer lo que queremos.

El autocuidado es tratarnos como tratamos a quienes queremos: ayudarnos a descansar, comer bien, tratarnos con compasión…

 

¿De qué manera crees que el concepto de cuidados está cambiando en los últimos años?

A mí me gusta mucho el concepto de cuidado unido al de lucha contra el sistema monógamo que defiende Brigitte Vasallo. Es decir, no se trata de pasarnos a un poliamor capitalista y acumulativo, sino de democratizar el amor. Ella lo define muy bien cuando dice “el verdadero poliamor es llevarle un plato de sopa a tu vecina cuando hace dos días que no la ves”.

Para mí eso es lo revolucionario, el cuidado más allá del amor.

No necesito querer a alguien para proporcionarle cuidados y no necesito que solo me cuide quién me quiera. Por lo tanto, el autocuidado se desliga así de la autoestima y puedo cuidarme aunque aún esté trabajando en quererme.

 

Por tanto veo que contemplas los cuidados como algo que puede llegar a ser revolucionario 

Sí, todo puede ser el germen de una revolución si no caemos en creérnoslo. Es decir, lo revolucionario de los cuidados está en ponerlos en práctica, priorizar una siesta a la productividad, permitirte recibir un elogio de una compañera de trabajo o llevarle el tupper lleno a tu madre en vez de exigirle la comida en la mesa.

Más allá de estos cuidados básicos, exigir a los servicios públicos que se encarguen de ellos. No se puede tener una Ley de la Dependencia que precarice a las cuidadoras solo porque son familiares. Como si levantar pesos de 80kg todos los días fuera la magia del amor familiar. No.

 

¿Cómo concibes tú la amistad entre mujeres?

Creo que también hay una romantización aquí muy peligrosa.

Hemos pasado de los mitos del amor romántico a los mitos de la amistad eterna.

Mi mejor amiga todo lo hace bien, no voy a criticar a mi amiga porque es mujer, me desvivo cada vez que mi colega se pone en modo llamar la atención… Y no.

Si algo hemos aprendido de la deconstrucción del amor romántico es que las idealizaciones son peligrosas. La amistad bonita entre mujeres, la que nos salva, la que crea esas redes de afectos y de cuidados es aquella que conoce de límites, que opina sin juzgar y que no subordina a nadie a los deseos de otra personas.

También creo que con el mito del “autocuidado” como el “yo por encima de todo” dañamos estas redes. Hay que buscar el equilibrio. Está bien que si estoy vulnerable no acuda a la llamada de ayuda de mi amiga, pero negarme a acudir siempre porque me da pereza escucharla, pues tampoco.

 

Cuéntanos ahora en qué consiste tu trabajo, tu empresa y tus proyectos.

¡Ay, empresa! La verdad es que aún no me hago a la idea de trabajar en propuestas que nacen de mis convicciones.

Mis principales proyectos giran siempre en torno al lenguaje, la comunicación, el feminismo, las emociones y el pensamiento crítico. A partir de ahí y mezclándolos con unas gotas de poesía, corporalidad y búsqueda de la autovaloración de quien participan, salen diferentes cursos, talleres, guías o estrategias.

 

¿Por qué decidiste dedicarte a lo que te dedicas actualmente?

Porque no podía dedicarme a otra cosa, me enfadaba todo el rato.

Una parte muy importante de mi actividad actual es formar en comunicación y lenguaje no sexistas. Eso surgió del enfado. En mi anterior trabajo no soportaba el ninguneo en el lenguaje a mis compañeras y a mí. Empecé a cambiarlo en mis comunicaciones. Y entonces vi otras discriminaciones.

Desde hace años también estoy muy unida a movimientos de cambio social. Y eso me iba haciendo hervir la sangre.

Trabajar enfadada es un poco incómodo. Así que decidí lanzarme. Y mira, he llegado a tener a la vez varios proyectos que me ilusionan, puedo ejercitar el autocuidado diariamente, conozco personas maravillosas que me enseñan muchísimo en cada taller, si no fuera por la precarización de las autónomas en este estado, todo sería perfecto.

 

Por último ¿cuáles son tus próximos proyectos en torno al tema de los cuidados entre mujeres?

Tengo dos propuestas ya lanzadas que me encantaría que salieran. Una es la recuperación de la tradición oral tanto en ciudades como en zonas rurales. Creo que el hecho de pensar que la academia, lo escrito, lo privilegiado es lo que representa la cultura nos hace daño a todas. Las nanas, las letras de juegos en la calle o el patio del colegio, los refranes, etc. nos cuentan cómo hemos ido digiriendo la parte de la historia que algunos han considerado importante y nos hablan de la historia (y sobre todo de la Herstory) que no nos han dejado contar.

Darnos cuenta de que nuestro día a día, nuestra cultura, nuestros saberes son importantes para el avance y el cambio social nos hace sentir más responsables, importantes y valiosas.

Algo que considero imprescindible para el autocuidado es saber que no somos menos, que nos merecemos estar, hablar y figurar. Es sorprendente cómo cambia de actitud una mujer de más de 60 años cuando se da cuenta de su importancia. Al principio se suelen resistir, pues les han dicho que ellas valen según cómo tratan y cuidan al resto, pero una vez se reconcilian con su poder… BUM!!!!

El segundo proyecto es continuar con los talleres de validación emocional, pero a largo plazo. No dos o tres sesiones para que te vayas con la cabeza (porque en ese tiempo sólo llegamos a la cabeza) llenita de información. Me gusta trabajar emoción por emoción, mirándolas y sintiéndolas una a una, con espacio para que salga todo aquello que nos han enseñado sobre ellas y cómo nos ha condicionado. Si no entendemos la importancia de las emociones, les damos espacio en nuestra cotidianidad y las valoramos, cada vez que sintamos una (y sentimos muchas a lo largo del día), vamos a sentirnos mal, a sentir que algo no nos funciona bien. Y eso para la autoestima es malísimo.

Voy a continuar también con los talleres de “recordar que pensamos”, como yo los llamo. El pensamiento crítico nos ayuda mucho como colador de lo negativo y de lo dañino. Por eso en los talleres sobre “Mujeres viajeras”, “Mujeres artistas”, “Publicidad y estereotipos” o “Investigación para la creación” lo principal son las dinámicas en las que son las participantes quienes generan el contenido. No voy a dar una charla sobre esas temáticas, sino que trabajamos todas juntas para analizar desde diferentes puntos de vista como nuestra educación, la sociedad, los prejuicios o la necesidad de sobrevivir nos han llevado a unas conclusiones u otras y qué hacer si queremos cambiarlas.

 


Biografía de Nerea Aguado

Formada en Comunicación Audiovisual de manera formal y en feminismos de manera cuasinformal, ahora estudia Psicología por mero placer. Escribe poesía que publico online o de manera autoeditada y artesanal y mete el hocico en todo lo que suena a creación. Es especialista en dar a conocer la historia de mujeres que no se ha contado con enfoque de género y en hacer una investigación más emocional que de datos, sin olvidar los contextos.

Todo comenzó con los fanzines de Mujeres Legendarias, que ya llevan varias ediciones y en los que ha experimentado con diversos formatos.

Como comunicadora inclusiva, incorpora la perspectiva de género en todos los ámbitos relacionados con la palabra, el lenguaje (oral, escrito y visual) y la comunicación.

Como poeta está siempre en un punto hueco y vacío entre las emociones y el lenguaje. Como feminista, el autovalor de las mujeres, su poderío y sus relaciones le obsesionan. Uniendo todo ello acaba queriendo hablar de todo y queriendo a su vez recuperar cualquier vestigio de historia personal que se pueda llevar a la boca.

Puedes conocerla mejor en su web www.nereaaguadoalonso.com

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Biografía de Marta Castaño

(Pamplona, 1988) es licenciada en Filología Hispánica por la UNAV y graduada en Información y Documentación por la ULE. Apasionada de la literatura en todas sus formas, trabaja como bibliotecaria en una biblioteca pública y gestiona proyectos literarios y de fomento de la lectura. Escribe artículos en revistas culturales y poemas y narrativa en la revista Liberoamérica y en su cuenta de Instagram.

 

 

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