«Flores versus hojas» | Reseña de Cuplá, de Yamila Begné

Somos hojas y jugamos en el viento, nada más, brotamos y caemos.
Jack Kerouac, Big Sur.

Cuplá es un pueblito casi como cualquier otro que, para que se ubiquen, queda como a unos 50 kilómetros de Lutena.  (No conozco Cuplá pero le pregunté cómo era a un amigo que fue hace poco. Fijó los ojos en un punto alto e invisible, sonrió y sólo me dijo esto: En Cuplá las tostadas nunca caen del lado que tiene mermelada). Como suele suceder en estos casos, a cierta edad los hijos de los cuplenses migran a las grandes ciudades: primero para estudiar, después para trabajar y, por último, para ya no regresar a su pueblo más que en contadas ocasiones. Epifanio (Epi), regresa a Cuplá para pasar fin de año. Se instala en su casa paterna en ese peculiar momento intersticial que marca el termino de algo que está por comenzar, es decir, el punto cero de la repetición de un ciclo. Epi no es el único que regresa, también lo hacen su hermano (Dorio) y su hermana (Beila). Epi es el más silencioso de los tres, el más… pensativo. Pone demasiada atención a la luz, a sus propias sensaciones, a un florero. Pero también se preocupa por el espacio y por el movimiento (que no es otra cosa que espacio acribillado de tiempo).

Sin ser plenamente consciente de lo que hace, Epi (a lo largo de la novela uno se encariña con Epifanio, por eso le digo Epi) inicia una especie de labor detectivesca tanto dentro como fuera de sí. Esto es lo que les puedo decir de la trama de esta novela porque no les puedo decir por qué en determinado momento se parte o se refracta, por qué algo cambia de dirección.

Formalmente hablando, Cuplá es una novela delicada: cierren los ojos e imaginen una copa de cristal bañada de parpadeos luminosos, de espectros iridiscentes. Bueno, Cuplá es algo parecido a eso. Si uno ha leído previamente algo de Bêgné, descubrirá que este libro sigue teniendo algo que parece ser típico de ella: cierta amenidad en el contar que se transforma en un placer estético (es decir, sensorial), atmosférico (como respirar a alturas de montaña), que tiene vida propia. Pero volviendo a la trama. Un rasgo general: Bêgné tiene la capacidad de proponer historias basadas en preocupaciones científicas sin que eso resulte pesado o aburrido para el lector. Me recuerda a Leopoldo Lugones en algunos cuentos de sus Fuerzas extrañas (como “La fuerza Omega”), pero, eso sí, a diferencia de Lugones, a lo largo de la narración Bêgné pone en juego una sensibilidad muchísimo más amplia; sensibilidad que aflora en el trato ocasional de sus personajes con animales pero que también se traduce en su gran tacto vegetativo o en su peculiar mirada sobre las emociones humanas (como el amor).

Corrijo una cosa: no son preocupaciones científicas, son preocupaciones científico-filosóficas. Sospecho que tal vez por eso tengan el secreto poder de atraernos con tanta naturalidad.

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Una cosita más: Ojo al piojo, Epi no es el único personaje de esta novela: también está Ducampt, el físico, también está Ana, la diseñadora, etc. También está todo lo que vemos que va pasando:

“El tren arrancó y, en la ventanilla, Cuplá se empezó a alejar. Los carteles de la estación, las casas bajas, los árboles. También los bancos de la plaza empezaban a parecer dibujos en mi imaginación, todos los objetos y espejos de vidrio, las sonrisas de la gente y…”.

“El auto frenó en una esquina, frente al semáforo en rojo. En el taxi de al lado, Ana vio que otra chica miraba por otra ventanilla. Tenía el pelo lacio, rubio como el frío, y miraba para afuera de un modo que Ana supuso idéntico al suyo”.

En una cuidada edición a cargo de Omnívora Editora, edición que pone en entredicho al dicho inglés que afirma Don’t judge a book by its cover, Cuplá nos invita no sólo a detenernos en aquellas cosas que realmente valen la pena sino también a disfrutar del camino que conduce a ellas.


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Yamila Bêgné – Buenos Aires, 1983. Es Licenciada en Letras (UBA) y magíster en Escritura Creativa (UNTREF). Publicó el libro de relatos Los límites del control (Alto Pogo, 2017), El sistema del invierno (Outsider, 2015) y Protocolos naturales (Metalúcida, 2014). Participó en revistas digitales de literatura, como El Interpretador y Letral, y en distintas antologías, como Una terraza propia. Nuevas narradoras argentinas (Norma), El tiempo fue hecho para ser desperdiciado. Antología urgente de nuevos narradores argentinos (Libros del perro negro) y La frontera durante (Outsider).
En 2017 recibió la Beca Néstor Sánchez (UNTREF, CUNY), que le perimitió realizar una residencia de escritura e investigación en Nueva York. En 2018 fue invitada a participar del International Writing Program de la Universidad de Iowa. Coordina talleres y clínicas de escritura. Cuplá (Omnívora Editora, 2019) es su primera novela publicada.

Foto principal: Annie Spratt.

Escrito por Leandro Surce

Licenciado en Ciencia Política (FCS-UBA), estudiante de la carrera de Filosofía (FFyL-UBA) y editor. Mención en el certamen de cuentos "Vicente López, ciudad fantástica" (2012). Primer premio certamen de microrrelatos Revista Crac!-Literatura (2013). Algunos de sus microrrelatos y poemas han sido publicados en las revistas Minificción (México, 2016, 2018), Plesiosaurio (Perú, 2017, 2018), Brevilla (Chile, 2017, 2019), Revista Descolonizadx y Escrituras Indie. Obtuvo, dentro de la categoría estudiantes, el segundo premio del "I Certamen de Ensayo Filosófico" organizado por el Departamento de Filosofía (FFyL-UBA, 2017) por su ensayo “Intemperies: Las vacaciones de Nietzsche o cómo filosofar sin abrir el paraguas”. Publicó los libros: Pormenores (cuentos; Ed. Qué diría Victor Hugo?, 2016) e In medias res (poesía; Ed. Cartografías, 2020).

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