Metafísica del verso: La poesía de Vladimir Sabourín

Foto de portada: Sirma Danova

Vladimir Sabourín (Santiago de Cuba, Cuba, 1967). Poeta y traductor de origen cubano, residente en Sofía, Bulgaria. Autor del manifiesto Nueva Poesía Social y redactor de la revista Нова Социална Поезия. Ha traducido al búlgaro a autores como Bertolt Brecht, Arquíloco, Velimir Jlébnikov, Vicente Huidobro, Hugo Ball, Roberto Bolaño, Álvaro de Campos (Fernando Pessoa), Heiner Müller. Sus traducciones y obra pueden consultarse en la web de la revista НСП como en su blog personal.


Selección de poemas: Vladimir Sabourín
Traducción al español: Marco Vidal
Análisis: Emilio Paz

La poesía de Vladimir es fruto de la madurez. Pero no solo de una madurez que es una experiencia de reforma y forja, sino también de conjugar experiencias que nos llevan a una especie de liberación personal. Uno puede tener noventa años y jamás llegar a esta experiencia. ¿Motivos? Varios. Por eso, encontrar una construcción poética que vaya más allá del constructo de palabras, sino que desnude los avatares propios de la existencia, de lo social y de la persona, es un privilegio que pocos tenemos el gusto de lograr. La poesía que toca las fibras íntimas del autor y del lector es un tipo de poesía que merece ser difundida. Todo poema es bueno, es llevado al análisis, es tocado por varios. Sin embargo, es bueno encontrar una poesía que se acople a lo que uno busca. Personalmente, como profesor de filosofía, siempre busco aquellos poemas que me lleven más allá de lo que busco.

Lo metafísico no consiste en una elevación del ser (como alguna doctrina moderna pretende anunciar o difundir), sino que consiste en aquella revelación. El ser que Tomás de Aquino menciona en sus obras filosóficas y que otros filósofos buscan comprender. El arte es aquella puerta que abre corazones a los avatares existenciales de la vida misma. ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Qué hay después de la muerte? La persona cuestiona y esto se expresa en el arte. Pero este ejercicio, revelador, no es complejo. No hay un manual, sino una estructura que lo coloca el mismo individuo.

Vladimir escoge su propia estrategia: usar elementos de lo cotidiano para usarlos y expresar sus cuestiones. Sus reflexiones y adagios se mueven entre las figuras de los obreros, de la muerte, de los buques. La tradición y la religiosidad se transforman en lanchas que cortan el mar sin hacerlo desangrar. Porque su crítica se entreteje con sus versos, su análisis, su camino a Damasco que se transforma en un constructo literario personal y social. Los sentimientos, las pasiones, las emociones; todo se acopla. Sin temor a desnudar la propia alma del autor, sin prejuicios ni temores. La manifestación social de una poesía que penetra en la realidad y rompe los cánones establecidos por las tradiciones que aplastan la humanidad. Sino que restablece aquellas que han quedado sumergidas en las sombras para la reconstrucción de lo humano, de lo social.

Con ustedes, la poesía metafísica de Vladimir Sabourín, escritor que une las tradiciones latinas y europeas en sus venas y versos.

Obreros VI

Con el casco caído de la cabeza apretando la tráquea con la correa
Arrastrándote hacia el regazo de la tierra tú no eres su hijo
El campo de petróleo no es la Madre Tierra pero tú estás tumbado de espaldas
Sobre los terrones pintados como minerales coloreados por la placa de petróleo
Que cubre todo en este paraíso artificial grandes piedras preciosas
En un desconsolado Jardín de las Delicias velo de Midas
Cubriéndote a tí hombre de hojalata de camino a la ciudad esmeralda empujado
Por la erupción de espaldas en un estupor con la vaga esperanza de conseguir un corazón

Tú contemplas en un involuntario e improductivo instante
De parálisis motora pero con la conciencia salvaguardada
Una condición de la que en principio estás privado y que de hecho
Para ti está prohibida sin que sepas que está prohibida y que estás privado de ella
A la vez en una postura semifetal y como caído de espaldas
De camino a Damasco tú ves el fantasma de la descomposición anaeróbica
De restos de organismos mezclados con barro enterrados bajo peso
De un estrato de sedimento licuados por un calor y presión monstruosos

Brotar en el desierto de la captación de petróleo
Sin que las rocas se conviertan en panes.

Predicador

En medio del matadero bajo los cielos abiertos de África
Acompañado de músicos ciegos que alaban a los carniceros
Como reyes leones de la sabana él permanece sobre un trono
De viejos neumáticos usados para chamuscar al ganado degollado e
Incansablemente invoca a glorificar a Dios como cualquier otro
Predicador callejero Los carniceros pronuncian el nombre del Señor
Con cada nueva tajada Los portadores vestidos de costillas de toro
Como si fueran prendas litúrgicas atraviesan esa masa bien mezclada
De miles de patas papilla de sangre barro mucosidad y vísceras
Junto a los maleteros de los coches la tapa da un portazo las Puertas Reales
Del altar junto a la última cena al final del camino de toda carne.

Los muertos

Coge antes de acostarte, con limpias intenciones
Ante lo desconocido, una pesada copa de cristal
Transparente de fondo bien ancho de manera que el
Líquido oscuro permanezca sobre el cristal
Sin que se mezcle con él, pues es también muy
Pesado. Vierte el líquido, él buscará la altura tal como
El dedo pequeño de tu mano izquierda.
Da solo unas cuantas caladas
Manteniendo el respeto y deja a
Romeo y Julieta No. 2
Con la ceniza todavía caliente
Lentamente extinguiéndose sobre la copa. Hazlo
Incluso aunque ni el oscuro ron ni el puro que se enfría
Con esa suavidad categórica
(Ellos forman la acidez en el camino de toda carne)
Aparentemente no disminuye en la mañana de
Los primeros largos días de espera, día tras día
Una noche de insomnio sin aparente motivo
Observarás que al encender lo que queda del puro
La llama alcanzará tus cejas
Y el líquido habrá retrocedido hacia el fondo en la volatilidad
De todo aquello que se evapora.

***

Entras y mandas
en esta habitación
virtuosamente te acuestas
felizmente deseo
sobre un lecho de lino
aquél cuerpo blanco.

El buque petrolero

Oxidado y dorado el mar y el barco

Aligerado en su camino hacia el último muelle
El cuerpo emergiendo la línea de flotación en lo alto
Sobre las aguas desnudando las costillas de la cuaderna
Surcadas de una lejana abundancia de goteras
La proa inconsolablemente levantada tal como negro trirreme
De un hijo que regresa victoriosamente del laberinto de
Las aguas y los sueños habiendo olvidado el acuerdo con su padre
Con la alegría de haber vencido y cortado la cabeza del toro del océano

El océano y la orilla que es el morir

Esta salida del agua esta desnudez el empinamiento negro clásico advienen
Para encontrar el final la hélice formando la mitad de la espuma fuera del agua
Como ruedas de un coche volcado que continúan moviéndose
El enorme buque lleno de gases residuales explosivos como
Un aerostato se adentra ligeramente en los médanos sale
En la misma playa en silencio vara incluso sin anunciar
Antes de que comience el largo corte para mandarlo a la chatarra y a su muerte
Con la raspadura metálica y furiosa de la quilla hundiéndose en la blanda arena.

Obreros

La mina de oro es un hormiguero
Cuya parte superior es barrida
Arrastrada por una extraordinaria e invisible
Ola potente que deja un tajo
Un corte limpio que da lugar a una vista
Hacia las terrazas subterráneas sin que se observe
El pánico habitual y el ajetreo después de que se haya movido
Una piedra y la vida despojada bajo él se da a la fuga.

Los obreros no huyen aunque hayan perdido
La cúpula la bóveda sobre sus cabezas ellos no están petrificados
Acostados en una postura inconvenciblemente cómoda
Tal como los que han sido arrasados por la lava en Pompeya
Desamparados ellos no se echan a correr ni se petrifican
En medio de esa repentina catástrofe una
Disciplina sin Dios sin amo frustra
la huída salvadora y la petrificación.

Ellos están trabajando.

La muerte y la muchacha

A vista de pájaro te vislumbro de entre las ruinas de mi infancia
Cómo acabamos aquí fui yo quien te trajo perdóname perdóname
Tan pequeñita sentada palpitando sobre este despedazado bloque de arranque

En una piscina abandonada al aire libre como un cuerpecito encogiéndose
_________________________________________[de alguien que nos dice adiós
Un padre inmóvil en su fragilidad del que me aleja un torbellino
Perdóname, perdóname amor mío la muerte es de género masculino.

Escrito por Emilio Paz

Emilio Paz (Lima, 1990) Profesor de Filosofía y Religión, egresado de la Universidad Católica Sedes Sapientiae. Tiene publicados “Septiembre en el silencio” (Club de lectura poética, 2016), “Laberinto de versos” (La Tortuga Ecuestre, N°394, 2018) y "La balada de los desterrados" (Ángeles del Papel Editores, 2019). Posee trabajos publicados en diversos medios de Perú, México, Chile, España, Venezuela, Estados Unidos, Argentina, India, Ecuador, Rumanía, Costa Rica, Suecia, Alemania, Italia, Cuba, Uzbekistán, Bulgaria, Francia; siendo traducido al rumano, francés, italiano, búlgaro, uzbesko, inglés y tamil. Ha ganado el “Mes de las Letras” (abril, 2017) de la Fundación Marco Antonio Corcuera y el IX Concurso internacional de poesía y cuento - Perú 2019 organizado por la revista "El Parnaso del Nuevo Mundo". Ha participado de diversos recitales poéticos, congresos de filosofía, siendo su línea de investigación la relación entre estética, poesía y educación. Actualmente dirige el blog “El Edén de la poesía” (https://edenpoetico.wordpress.com/).
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