La palabra como memoria: Análisis de un poema de Rosa María Chávez

A lo largo de esta segunda década del siglo veintiuno podemos afirmar que la memoria histórica resulta aún recurso recurrente en obras poéticas contemporáneas, como un intento de recuperar, por medio de la palabra, la esencia de un pasado ancestral.

Esta búsqueda esencial se nos muestra con claridad entretejida con la vida misma, y su cotidianeidad, en la llamada “poesía indígena contemporánea”; la cual, se formula como un intento utópico de mantener vivo un patrimonio cultural a través de la tradición oral.
Guatemala es referente en América latina, con poetas como Humberto Ak’Abal, cuyas obras han sido traducidas a múltiples lenguas y son motivo de estudio para distintas disciplinas del conocimiento, debido a la cantidad de simbolismos en sus trabajos, cuya significación posee la capacidad de remontarnos a un legado cultural.

Por otra parte existen autoras cuyas obras también rescatan y ejemplifican esta conducta antes mencionada, de ligar mediante el lenguaje poético un presente y un pasado en la cultura; Rosa Chávez, poeta indígena de la Nación Maya K’iche, por línea paterna, y Maya Kaqchiquel, por línea materna, nacida en Guatemala en 1980, en publicaciones como Piedra (2009) sitúa la expresión poética sobre las bases de esta memoria y unas marcas de oralidad que muestran un yo poético feminizado compenetrándose con una identidad y unas costumbres propias de sus pueblos primigenios, tal y como lo mostraremos a través de este texto.

En poemas como “Dame permiso espíritu del camino”, Chávez contrapone creencias y ritos propios de unos orígenes mayas a la sensación distante que le da el mundo y la ciudad. Así, cada uno de sus versos pasa a convertirse en una especie de reinterpretación del mundo indígena fundamentada en la cambiante sociedad, no solo como un medio de expresión artístico, sino más bien como un mecanismo vivo de significaciones y una búsqueda de identidad propia a través de la palabra misma.

A pesar de que se habla de Chávez y su capacidad de remontar al lector a este legado, su obra en realidad no ha sido tomada en cuenta de manera significativa para un análisis que proponga una interpretación verosímil a algunas de sus obras. Hoy nos detendremos en uno de sus poemas, La abuela del temazcal, con la intensión de demostrar y ejemplificar el poder lingüístico-cultural que poseen sus obras a mayor profundidad.

Para ejemplificar este lazo existente entre pasado y presente cultural en la poesía de Chávez, resulta imprescindible el yo poético, presentado en este texto como la personificación de la comadrona, es decir, la mujer encargada de asistir y dirigir una serie de rituales mayas en el temascal.

La palabra adquiere una dimensión ideológica desde el propio título, el cual carga con una cantidad significativa de valor simbólico que cumple, al mismo tiempo, el papel de un programador de lectura, causando que el lector enfoque su interpretación propiamente en esta cosmovisión maya, con énfasis en un mito específico: El mito de “La abuela”:

Esta divinidad dio origen al baño de temazcal en tiempos primigenios, cuando ella fue encerrada por sus nietos (el sol y la luna) en el baño de temazcal y por el calor que en él había murió. Tras su fallecimiento, la abuela del temazcal será recompensada y se convertirá desde ese entonces en la patrona de los baños. (Oropeza, 2007, p.220).

Son muchas las referencias que podemos encontrar que remiten a divinidades correspondientes a la diosa madre, relacionada con rituales como el Tuj. Seler (1980), por su parte, nos habla de que: “Temazcalteci (Nuestra abuela del temazcal) es uno de los nombres que adquiere la diosa madre cuando englobaba conceptos relacionados con el parto, la salud, la enfermedad y la muerte” (p.118).

Por lo anteriormente mencionado es posible admitir que el título, en este caso, funciona como un catador metafórico centrado en la función del sujeto poemático, el tema base de la obra. “Al temascal se le considera como el lugar que contribuye a la limpieza espiritual, mental y física de las personas” (García C, Delfina E, 2009, p.155).

Seguido del título, el yo lírico nos habla desde un presente verbal para dar paso a la utilización plurilingüe del lenguaje, como un mecanismo multicultural que busca conectar la literatura en el plano de la lectura con un legado que renace del propio poema.

Gutiérrez (2013) afirma que: “La inclusión de la lengua indígena en el poema produce una estructura sintáctica indefinible e indescifrable que excluye literalmente al universo letrado occidental de la comprensión del mundo indígena en el plano de la lectura” (p.78). Por lo tanto, podemos decir que la poesía indígena actual se nos muestra como un acto de apropiación, en el sentido de que la autora adopta y adapta ciertos elementos del espacio social para vincular, en sus propios términos, una escritura transgresora que se apropia del espacio y traspasa los límites de la escritura poética preestablecidos en la cultura literaria hegemónica occidental.

Las mujeres, el Tuj, el lenguaje, las comadronas, son elementos que dinamizan al poema, pues, se muestran, desde su propia cosmovisión indígena, como un constante reto al repensamiento del sujeto que habla. Ya los dos primeros versos dirigen nuestra interpretación al propio ritual del Tuj, su tradición cultural y el conjunto de elementos que este engloba, tanto metafísicos como físicos:

Curo con el calor del Tuj
enseño el respeto por el Tuj

Este conjunto de elementos constituye la materia básica para la construcción de conceptos y relaciones más humanas y ricas en las sociedades, “no sólo en la cultura maya sino en otras culturas”. (García C, Delfina E, 2009, p.155)

Tradicionalmente, el Tuj hace referencia a un espacio o espacios que han sido utilizados como un lugar donde las personas se bañan, donde aprecian los cuerpos, donde la pareja creyente puede tener relaciones íntimas, donde se puede preguntar sobre el cuerpo y donde las mujeres son atendidas por las comadronas después del parto. (García C, Delfina E, 2009, p.156)

Podemos decir que, en México y Guatemala, el temazcalli, baño de vapor o sudor, era considerado una práctica que formaba parte de la vida cotidiana de antiguos pueblos como el náhuatl. Este era realizado tanto en el hogar como en lugares concebidos para la celebración de importantes ceremonias religiosas. Su propósito era la purificación previa a la celebración. A dicha purificación se le atribuye tres propósitos principales: Higiénico, depurativo, religioso y curativo; este último mencionado en el verso 3:

curo con sudor.

Se le conoce como patrona de los baños de vapor o temazcales (en un significado mayormente atribuido al aztequismo) a Temazcaletci, considerada también como la madre de los Dioses, Corazón de la tierra, La abuela. Esto debido a que, en náhuatl, temazcalli significa “baños de vapor” y teci “abuela”, cuya interpretación literal es “la abuela del temazcal”.
En los versos 4, 5, 6, 7,8 se nos presenta un listado de plantas medicinales tradicionales mayas que hacen referencia a la divinidad Toci, “Nuestra abuela“:

con humo de pericón, hierbabuena,
altamisa, manzanilla,
ruda, sal de venado, quequexte,
salvia santa, suquinay, tabaco,
con las puntas tiernas del pino, curo

Esta diosa era la diosa de las medicinas y las yerbas medicinales. Por lo cual, era adorada por los médicos y los cirujanos y los sangradores, y también las parteras y las que dan yerbas para abortar; y también los adivinos, que dicen la buena ventura o mala que han de tener los niños, según su nacimiento. Adorábanla también los que echan suertes con granos de maíz, y los que auguran, mirando el agua en una escudilla y los que echan suertes con unas cordezuelas que atan unas con otras, que llaman metlacapouhque; y los que sacan gusanillos de la boca y de los ojos, y pedrezuelas de las otras partes del cuerpo, que se llaman tetlacuicuilique. (Bernadino, 1999, p.20)

Esta importancia medicinal también se nos va a representar desde el verso 9 hasta el 16 donde el poema pasa a mencionar un conjunto de actos relacionados con labor del parto:

sobo la panza de las embarazadas para voltear al niño,
para acomodar a la niña que viene de cabeza,
curo la descompostura, pongo el útero y la matriz en su lugar,
fajo a las mujeres que se alivian,
curo el cuajo en los patojitos, mido sus piernas,
les doy golpecitos en las plantas de sus pies

De una manera casi divina, el yo lírico se transforma en una especie de divinidad capaz de curar, reacomodar, deshacer cualquier desajuste durante el acto del embarazo y el nacimiento. La figura de la mujer se confunde, en su poder, con la figura de la diosa madre.

Entre las familias kaqchikeles se aconseja el temascal no sólo para la higiene personal, sino como remedio para las enfermedades que tienen un origen frío o cuando a alguien “le han pegado el aire”. Sirve para calmar contracturas musculares y dolores de cuerpo causados por el estrés emocional o por el frío; corrige problemas en la circulación; previene y corrige várices y presión baja; acelera el proceso de cicatrización de una herida; alivia los problemas respiratorios; es útil durante el embarazo y el posparto. Es un espacio que cura, limpia y purifica el cuerpo y el espíritu, y es propicio, como ya lo mencionamos para tener relaciones sexuales. (García C, Delfina E, 2009, p.155)

Es aquí, en el temascal, donde la comadrona tradicional proporciona una atención periódica a la embarazada. Mantiene caliente el cuerpo de la parturienta, controla que el feto esté en la posición correcta, practica a la mujer embarazada un masaje (o sobada), facilita el parto, sopla el vapor en su cuerpo para calentar el útero, practica una limpieza ritual con una serie de plantas con las cuales golpea el cuerpo de la paciente, realiza el enterramiento del cordón umbilical y de la placenta, y, en fin, protege ritualmente, tanto a la puérpera como al recién nacido, de los daños producidos por malas “potencias”, como el mal aire o el mal de ojo. (Peretti, 2015, p.8)

Por lo anterior podemos afirmar que en estos versos (9-16) el yo lírico se vuelve una representación clara de la comadrona del temascal y que sigue en los versos siguientes como la encargada de curar-soplar.
En el verso 17, “la enfermedad fría” podemos relacionarla con los conocidos como malos aires, transgresiones sociales, etc.

curo el susto, caliento los huesos, curo la enfermedad fría

Generalmente las enfermedades relacionadas con el hígado, los malos aires, las transgresiones y deseos sexuales son consideradas frías, en comunidades como Tepetzintla donde el tlazol es concebido como “un calor que cubre al cuerpo y que debilita a la persona […] este calor le da a uno porque estuvo expuesto a un aire, un aire vehículo que lleva este mal hacia la persona débil que lo recoge” (Fausto, 2007). La sanidad viene y comienza por el soplido, por la boca, como se nos muestra en el verso 18 del poema:

soplo en las articulaciones los dolores tibios y calientes

“Se puede afirmar que la boca parece ser el lugar más sensible, vulnerable del cuerpo de los seres vivos. Allí es donde se equilibran la salud y enfermedad, vida y muerte. A través de la boca enferman los vientos y por ella escapan las almas” (Baez, 2004). Por lo tanto, es de esperarse la aparición del soplido como símbolo de la importancia curativa de la boca.
De una manera similar del verso 19 al 23 se nos muestra un conjunto de pasos propios del ritual, el Tuj, donde, aparte de la sanidad propiamente física, también se entreteje la sanidad social y, como ya lo mencionamos, la emocional. De lo anterior, la aparición de versos como el 22, donde se hace referencia al “ojeado” como una realidad manifestada en la obra:

curo el ojeado de los muchachitos

“Las comadronas rezan antes de iniciar su trabajo en el tuj (temascal). Invocan a la dueña del tuj , también al fuego para que le den salud al cuerpo de la mujer y para evitar complicaciones, como podría ser un desmayo”(García C, Delfina E, 2009, p.153). Las comadronas o especialistas del cuerpo femenino siguen siendo reconocidas como parte esencial de muchas sociedades. En muchas familias su palabra sigue siendo escuchada y reconocida como una autoridad ancestral primordial, necesaria para dar atención especializada a los cuerpos femeninos.

Como ya se mencionó, las comadronas rezan antes y después de terminado su trabajo en el Tuj (temascal). Invocan a la dueña del Tuj como se mostrará en los siguientes versos:

les pido ayuda en los tratamientos,
platico con RiTi´Tuj, la abuela del temazcal,
ella es la que me presta su mano,
ella es mi mamá

En conclusión, este poema de Rosa Chávez, titulado “La abuela del Temascal”, como muestra de este arte indígena contemporáneo, recurre a la belleza para representar aspectos de la realidad, accesibles, en este caso por la vía poética, y poder así “movilizar un sentido, procesar en conjunto la memoria y proyectar en clave de imagen el porvenir comunitario” (Jiménez, 2011, p.4).

Los versos finales, especialmente el último (ella es mi mamá), dejan claro el vínculo que se presenta como declaración de pertenencia lingüístico-cultural del propio hablante lírico con la memoria ancestral, poniendo a su deposición y utilizando a su favor el poder de las palabras y los nombres.

Podemos entonces, mediante la interpretación dada, afirmar que la autoridad social que el sujeto femenino conserva del pensamiento maya se hace presente en la obra de Rosa María Chávez, articulando conocimientos del cuerpo humano obtenidos de un legado heredado de la naturaleza, a razón de un rol como mujer-maya que se cumple en una función informativa y crítica a la vez, pues se encuentra dirigido muchas veces a aspectos cotidianos de un presente que se muestra como herida en otros poemas como “Dame permiso espíritu del camino”.
Esta autoridad lingüística indígena también posee la capacidad de representar, desde la voz poética, el poder simbólico y tradicional de los cuerpos, los ritos, las hierbas y las creencias en poemas como “La abuela del temascal” donde encontramos a este yo poético personificando a la comadrona encargada de dirigir el Tuj.

Todo lo anterior, conjugado a través de un lenguaje literario que se alimenta de palabras propias de su cultura quiché para, como ya se demostró, situar la lectura en un plano diferente, plurilingüe, que le permite al lector transportarse a las propias vivencias de un pasado ancestral, como si el propio poema fuera una especie de reescritura de la historia, un retorno, una puerta que se abre para el mundo desde el poder evocador de las palabras.

Bibliografía.

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Fray Bernardino de Sahagún. (1999).Historia general de las cosas de la Nueva España. Porrúa, México: Imprenta del ciudadano Alejandro Valdés.
Gutiérrez, A. (2013). Thesis in The Department of Classics, Modern Languages and Linguistics Presented in Partial Fulfillment of the Requirements for the Degree of Master of Arts (Hispanic Studies). Concordia University. Montreal, Quebec, Canada. Recuperado de https://scholar.google.es
García, C y Delfina, E. (2009). Los cuerpos y las mujeres kaqchikeles. En
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Jiménez, J. (2011). Una teoría del arte desde América Latina. MEIAC. Madrid, España: Turner.
Oropeza, M. (2007), Mitos cosmogónicos de las culturas indígenas de Veracruz. En Blas Román Castellón coord. Relatos oscuros entre la niebla y el tiempo. Selección de mitos y estudios. México: INAH.
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Anexo-Poema “La abuela del temazcal” Chávez (2009):

Curo con el calor del Tuj,
enseño el respeto por el Tuj,
curo con sudor,
con humo de pericón, hierbabuena,
altamisa, manzanilla,
ruda, sal de venado, quequexte,Da
salvia santa, suquinay, tabaco,
con las puntas tiernas del pino, curo
sobo la panza de las embarazadas para voltear al niño,
para acomodar a la niña que viene de cabeza,
curo la descompostura, pongo el útero y la matriz en su lugar,
fajo a las mujeres que se alivian,
curo el cuajo en los patojitos, mido sus piernas,
les doy golpecitos en las plantas de sus pies,
deshago con mis manos el dolor del cuerpo,
el cansancio del espíritu,
curo el susto, caliento los huesos, curo la enfermedad fría,
soplo en las articulaciones los dolores tibios y calientes,
pongo emplastos de chilca, de helecho tierno,
pongo a cocer plantas ácidas,
reviso, quemo y entierro la placenta, los ombligos de mis nietos,
curo el ojeado de los muchachitos,
cuezo las siete plantas que curan,
velo que al fuego del nuevo Tuj no entre nadie
porque ese fuego es para las abuelitas fallecidas,
agradezco a las trece abuelas después de los partos,
agradezco cuando todo sale bien,
les ofrezco cuatro candelas en las cuatro esquinas,
pongo incienso y uk´ux ja,
convoco a los protectores del Tuj,
les pido permiso a sus trece dueños,
les pido ayuda en los tratamientos,
platico con RiTi´Tuj, la abuela del temazcal,
ella es la que me presta su mano,
ella es mi mamá

Escrito por Byron Ramírez

San José, Costa Rica, 1997. Cursa la licenciatura de Filología española en la Universidad de Costa Rica, donde también realizó estudios en Filosofía. Se ha desempeñado como editor literario para instituciones como Editorial Estudiantil UCR, CulturaCR.net y Editorial Nueva York Poetry Press. Ha participado en diversos festivales de poesía como el XVI Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, el Festival Nacional de poesía en Turrialba, Costa Rica 2019 y el IV Festival de Poesía de Fredonia, Colombia. En el 2017 fue ganador del Certamen de Poesía joven organizado por la embajada de Estados Unidos en Costa Rica y en el 2018 obtuvo el primer lugar en el Certamen Nacional de poesía joven organizado por la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA) con su libro Principio de Incertidumbre, posteriormente publicado en el 2018 en la ciudad de Nueva York bajo el título de Entropías. Como investigador ha representado a Costa Rica en múltiples congresos de literatura en España, Perú y Centroamérica.

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