“Tu perfume no se teoriza”, una carta de amor pedagógico

¿Cuál será el algoritmo convencional que me permita resolver la consigna de una de esas miradas?¿Habrá toda esta humanidad durante su recorrido experimental aplicando muy específicas y sofisticadas técnicas de aprehensión y clasificación de la información podido desarrollar alguno? Si alguien lo hizo, eso que construyó, no es lo que esas miradas son, es tan sólo lo que ellas tienen. ¿Dicen las características cuantificables de un hecho algo sobre su esencia? Seguramente de su mística digan poco y nada. Sí, tu intelecto me atrae.

En esas redes que se tiran al mar, los pescadores capturan todo tipo de peces y hay que desmenuzadarlos uno a uno. Los ecologistas se pelean con los grandes barcos y sus redes, porque ellas arrasan con todo. Me imagino si en lugar de peces fueran ideas y uno las pudiera capturar. Pero no como los barcos que tiran los peces que no les sirven y después tienen a Greenpeace atrás. Sino más bien reconociendo la utilidad, posibilidad y nuevo horizonte que cada particular y específica idea trae. Por eso me gusta más eso de pescar con redes que con cañas. Aunque si es con ambas cuánto mejor, porque las cañas quizás lleguen más profundo. También hay quienes pescan a la encandilada o quiénes se dedican a la piscicultura. En fin, hay infinidad de técnicas para el arte de pescar, que funcionarían como una perfecta analogía del arte de pensar. Sin dudas un pescador habilidoso y versátil puede resultar atractivo y atrayente.

Y es así que con el perfume que me llega desde tu altura, más tu habilidad como pescador intelectual calificado, más tu voz apacible y afectuosa cuando me hablás, más tu leve sonrisa empática al escucharme decir mis delirios habituales, dan por resultado una combinación tensionada de emociones que desconoce de edades y de recorridos.

Tengo presente aquel día que me rescataste tres veces de mi hastío. Nos miramos tres veces secuenciadas, tres veces mediadas por el espacio de sórdidos y entumecidos minutos. Un espía telépata me avisó que venías caminando, que me mirarías y debía levantar la vista hacia tí. Ese día nos burlamos del panóptico y de la ley. Ante la presencia dormida, ante la guardia baja de mis compañeras de rutina diaria, nosotros supimos ser. Como dice un cliché, el erotismo se alimenta de lo prohibido.

¿Ya te dije que tu intelecto me atrae? Y es que esconde tras de sí un misterio que quiero tener. Seguramente cuando lo tenga (si es que algún día lo hago) ya pierdas tu misterioso encanto. Ese día tu recompensa será haberme enseñado a crecer. Tú misión siempre fue enseñarme, podrás sentirte feliz. Me estimula el buscar entender qué hay dentro de tu mundo intelectual y te confieso que eso me ha hecho descubrirme muchas veces pensándote. Entonces me siento ridícula porque soy bien consciente que, aunque para mí gusto poco te conozco, han habido momentos en que me quitaste el sueño. Entonces me quedo tranquila, no sé si tanto debería importarme conocerte, puede ser que más necesario sea para mí, descubrir qué tiene para decirme esa representación tuya que me hago, cuya impertinencia por existir posiblemente tenga más de mí y mis carencias, que de lo que vos en realidad sos. Seguramente también existe un componente de conciencia de lo que tenés para darme, en un sentido global del término, que puede resultarme muy significativo. Uno a veces da lo que es, siendo vamos dando por el sólo hecho de ser quienes somos.

Y es que de hecho ya he aprendido de tí, ya he capturado algunas de tus cualidades que me han permitido revalorizar y estimular el desarrollo de las mías. Yo digo que de las cincuenta mil palabras que yo te he dicho, tú me has dicho mil, pero en esas mil desde que te he conocido, han habido bastantes palabras clave que han sido para mi un mapa para mis nuevas búsquedas. A esta altura creo que ya deberías haber notado que de ti no quiero más que aprender, pero en ese aprendizaje me sorprendí en varios momentos eclipsada de emoción, al recibir una notificación de alguna de tus respuestas a mis palabras atropelladas y mis consultas y reflexiones paracaidístas e inconexas. A esta altura creo que ya deberías haber notado que de ti no quiero más que aprender, y en ese aprendizaje se me ha impregnado tu perfume que no se puede teorizar.

Ah, me olvidaba, dice otro cliché que la rutina y las responsabilidades destripan y dejan en punto muerto al erotismo. A veces no ser tan responsable es parte de ser inteligente y creativo. 

Escrito por Victoria Calvete

Victoria Calvete (Montevideo, Uruguay, 1986). Escribo de vez en cuando... así que comparto algunas cosas para quien guste leerlas.
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