Emilia Tosar: «¿Aislamiento?¿social? ¿preventivo? ¿obligatorio?: el cuerpo como narrador»

A partir de la lluvia (o tormenta) de contenido artístico que se fue volcando y liberando en las redes desde el inicio de la cuarentena, se puso de manifiesto la necesidad de comunicación virtual, no tanto ya desde la verbalidad u oralidad sino a partir de las imágenes, del arte visual. La urgencia de mostrar que uno sigue aquí, que sigue vivo.

En una interesantísima y conmovedora charla con la bailarina y profesora de expresión corporal, Emilia Tosar, abordamos la cuestión del arte como herramienta para transitar el aislamiento y las diferentes formas de narrar a partir del cuerpo.

San Martín de los Andes, Argentina. Mayo 2020: casi dos meses de aislamiento social, preventivo y obligatorio.

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¿Cómo es atravesar la cuarentena a partir del arte? 

Al principio del aislamiento, social y obligatorio, solo me pude quedar quieta y en silencio. Percibiendo el estado en el que me encontraba, permitiéndome observar, precisar.  ¿Aislamiento? ¿Social? ¿Preventivo?¿Obligatorio? ¿Virus, exoma?¿Pandemia? ¿Qué significan todas esas palabras juntas para mí? 

Sintiendo todo ese potencial de acción, después de casi dos semanas de observar, pude comenzar a narrarlo. El arte, desde mi percepción, es un estado. Un estado de disponibilidad, para observar lo que acontece, viajar a través de esto y narrarlo. Hay personas que narran y comparten sus narraciones con otras, hay otras que solo se narran para ellas. Todos los seres narramos. Creamos inconsciente colectivo.

Universos hay miles dentro y fuera de cada ser de esta biósfera, y los vínculos entre estos dan infinitas variables. Permitirme narrar lo que percibo es parte de la acción del arte para mí.

En esta situación particular necesité hacer silencio, los acontecimientos variaron mucho de un momento para el otro, un gran afluente de nuevos estímulos se abrían paso a través de mí, todo mi ser aún percibe esta nueva propuesta que nos estamos haciendo de forma colectiva. Digo colectiva porque hasta este momento, ningún ser humano se había animado a crear una conspiración frente al aislamiento obligatorio, aunque algo huele mal. Una parte de mi desconfía de que esto sea por el bien de todos. La desinformación y el desconocimiento produce interrogantes sobre lo que no se dice con claridad y genera desconfianza. Una vez que pude tolerar la cantidad de estímulos de esta nueva realidad, me propuse y le propuse a otras personas narrarlo, juntas.

Muchas veces es difícil hablar de lo que nos sucede, es ahí donde tengo la sensación de que encontrar algún lenguaje artístico para narrar ayuda, sana, aclara. Vincular información, con lenguajes que no sean necesariamente cotidianos y de esa forma poder conseguir la libertad que otorga el juego creativo para la construcción del discurso, en algunos casos poético, que permite poner de manifiesto, visibilizar lo que a veces en el registro cotidiano no tiene palabras justas.  

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¿Pensás al arte como forma de acortar distancias y acercarnos en la virtualidad del aislamiento?

Pienso que los lenguajes artísticos son también una herramienta para vincular y vincularnos. Hoy me observo intentando utilizar los distintos lenguajes artísticos en la virtualidad, o la virtualidad para expresarme con esos lenguajes artísticos, que no es lo mismo. Esto está generando un desafío para muchas personas, difícil para casi todas, o por lo menos para quienes no utilizamos lo audiovisual como la principal herramienta para narrar. Es como intentar traducir: sí o sí hay que entender como mínimo dos idiomas, la lengua materna y el lenguaje que aparece como obligatorio para comunicar. 

Me encuentro ahora con una quinta pared, las respuestas se vuelven cuantificables. Esa quinta pared es la pantalla que me impide relacionarme con tu energía y tu magnetismo. Nos preocupamos todo el tiempo por las interacciones que obtenemos en las redes sociales, cuantificando las respuestas. 

Lo cierto es que la metáfora de que el arte en la virtualidad acorte distancias y nos acerque, parece cierta pero no suficiente. Los hechos artísticos en parte “son” cuando se comparten con otras personas, en una misma coordenada de tiempo y espacio. Cuando intento realizar alguna acción artística, se completa en cierta manera y en algunas ocasiones con la mirada de otras personas, cuando la comparto, se completa con lo que provoca la narración, la poética sobre las personas, cuando la poética conmueve. Hoy hay una barrera que nos impide compartir el “electromagnetismo” que genera una emoción, la “electrostática” de un gesto, no podemos percibirnos conmovidos. Por eso la falta de la coordenada común del espacio, me deja incompleta en estos acercamientos virtuales. De alguna manera me invita a pensar que en este momento solo podemos compartir ¿tiempo? y confiar.     

El “hecho artístico” o la “acción poética”, en un tiempo sin un espacio físico compartido ¿sigue siendo arte? ¿o es mensaje?

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¿De qué manera se puede utilizar la herramienta artística para reinventarnos en esta nueva realidad? 

Herramienta artística/nueva realidad = Pedagogía para el estado artístico. Con esto quiero decir que generar una pedagogía para el estado artístico implica entender desde que lugar se usan las herramientas para crear qué cosa

Cuando narro la realidad que percibo ya la estoy reinventando, eso siento. En cada nueva narración aparece una posible nueva realidad, por eso me interesa la idea que viene acerca de lo imprescindible de la narración. Encontrar un lenguaje artístico (extra-cotidiano) para renovar la narración me permite descreer de mi propia interpretación, manteniendo el punto de encaje con la realidad que percibo, flexible. Abierta al juego creador que me deja imaginar distintos escenarios, intuir distintas situaciones y posibilidades. Las herramientas artísticas me habilitan el juego creador, dándome la posibilidad de recrear el entorno en el que estoy, ver todo aquello que me atraviesa, viajar los mundos que surgen en mi interior y exterior, así estos sean atroces o crueles. En la acción poética todos los mundos son posibles y pueden transformarse. Entonces, de alguna manera, puedo generar o degenerar la realidad que habito. 

Por momentos logro percibir mi estado (mi modo de estar en el tiempo y el espacio), lo que sucede en mi cuerpo, con mi corazón latiendo, mi respiración, y mi mente. Ese modo profundo de percepción y de observación también es arte para mí, es lo que me permite crear modos. Con esta herramienta también puedo jugar a crear y recrearme, habitar este cuerpo en diferentes estados, que me resultan sanadores, por que en ellos no emito juicios de valor con respecto a lo que acontece. Esto me ayuda a ejercitar la aceptación. 

Una vez Ana Benasayag (profesora de expresión corporal, bailarina y mi maestra en todos los sentidos) me dijo, En el arte todas las poéticas son posibles, el artista es el responsable de distinguir entre realidad y ficción”.

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¿Qué sensación te devuelve la producción creativa femenina que se está dando y compartiendo a partir de la cuarentena?

Como mujer me está costando crear en este aislamiento, social y obligatorio, creo que busco en lo conocido, en lo seguro, porque entiendo que necesito proteger algo familiar, el modo de crear y lo creado como lugar de refugio. 

Siento que las mujeres somos creadoras por naturaleza, entendemos la creación de una manera diferente, el útero confiere un poder, sí, así lo creo. El útero nos permite un entendimiento visceral del verbo crear. Ahí recaen años de persecución y de adiestramiento para lo “bello”. Intentaremos hablar de este momento con “belleza”, y lo lograremos. Pero también espero que estemos aquellas que, luego del aislamiento social preventivo y obligatorio, nos animemos a hablar con la víscera de lo acontecido, sin claudicar ante la mezquina premisa de lo “bello”, ya que las mujeres estamos pasando por un momento de gran vulnerabilidad. Entiendo que la situación nos atraviesa y estamos frente a una gran oportunidad: crear en igualdad de condiciones. 

Aquí todes estamos experimentando esta situación por primera vez. Si descubrimos un discurso que salga de la mujer, con igualdad, podremos abrir una puerta para visibilizar a las mujeres como narradoras de la realidad. Descubrir cómo y qué narramos las mujeres de este momento histórico. Es un gran desafío y una gran oportunidad. 

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¿Quién es Emilia Tosar, como artista?

 Me dedico a investigar el cuerpo, experimentando con el lenguaje corporal y sus modos de expresión. Adoro el movimiento, la tensegridad (la tensión justa para lograr un equilibrio en el trabajo entre dos puntos) el tránsito y la posibilidad de percibir la profundidad, por eso bailo y mantengo mi cuerpo disponible. El arte es un estado en el que soy feliz. 

Mi experimentación personal fue abarcando distintas temáticas: dinámica del movimiento, biomecánica y sistemas. Ahora profundizo una investigación y experimentación sobre el sistema nervioso, el flujo de la información electromagnética, los modos en que la decodificamos, el potencial de acción que se genera al recibir un estímulo, reacción, cerebro, interpretación, exocerebro, etc. Y cómo todo eso se manifiesta en nuestro lenguaje corporal, que es el primer medio de recepción y expresión, anterior a la decodificación racional (entender y explicar). Otras dualidades: Intuición e instinto; razón y moral; cuerpo y mente; energía y materia; espacio físico y espacio virtual.Y confiar.Y aceptar que sucede.Y decidir.


María Emilia Tosar (Mendoza, 1981): Interprete, Bailarina, Profesora de Expresión y lenguaje corporal, recibida en el Centro de Educación Corporal A-771 de Buenos Aires, Argentina. Cursó la carrera de Arte Dramático en Mendoza Capital. Trabaja actualmente como profesora en el Centro de Iniciación Artística (CIArt N°5) y en la Escuela de Música, ambos de San Martín de los Andes, donde vive y coordina el espacio ArteFactum, nodo de experimentación en arte, cultura y tecnología, para la transformación social. Allí realiza producciones e investigaciones.

Pueden disfrutar de su último trabajo aquí.

Escrito por Natalia Amendolaro

Buenos Aires, Argentina. 1990 Lectora voraz. Escritora de servilletas. Periodista cultural. Autora del blog Escriarte y del libro "Resultó que éramos libres" Colabora en la revista Liberoamerica, Sonámbula y el portal de noticias Realidad Sanmartinense. En la búsqueda permanente de nuevas formas de unir arte con palabras.
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