Vicente Oyarzún: “VEO LA POESÍA COMO UNA ESPECIE DE GRAN DIALOGO QUE SE DA ENTRE PERSONAS”

Vicente Oyarzún Cartagena (Punta Arenas, 1992). Fue becario de la Fundación Pablo Neruda (2015). Fue incluido en la antología SCL: La Nueva Extremadura (Alquimia, 2018). Publicó la plaquette de poemas El Neón de la Mañana (Hojas Rudas, 2017). Estación Adversa (Aparte, 2019) es su primer libro.

 


—Estación Adversa es tu primer libro de poesía pero tú vienes escribiendo hace ya varios años ¿Por qué escogiste este momento para publicar tu primer libro? Imagino deben ocurrir varias cosas antes de tomar esa decisión. Háblame de eso.

La verdad, desde que comencé a escribir me pareció que el resultado natural de eso sería un libro, pero claro, había que pulir, encontrar un tono. Entonces este libro viene a ser una especie materialización de ese aprendizaje, que es bastante a ciegas o a tientas. Me di muchas vueltas y tropecé bastante, pero supongo que fue porque necesitaba trabajar con materiales que me parecieran significativos. Esos materiales, en mi caso, en gran medida son vivencias. Y lo que necesitaba explorar era la forma de expresarlas. Todo eso fue de la mano. Y al final creo que encontré una pequeña clave o llave en eso de prestar una atención excesiva a las sensaciones. Por eso muchos de los poemas del libro parten de situaciones en las cuales un estado interior se apodera del entorno y lo transforma. A eso alude la palabra “estación” en el título, a una especie de clima interno que acaba por teñir todo lo percibido.

—Hace unos meses los poemas que conforman tu libro sólo eran tuyos, eras tú y ellos, pero ahora los dejaste ir y están ahí para ser leídos por cualquiera. ¿Qué sientes con respecto a eso?

En principio no pensé en la recepción que este pudiera tener. El primer libro tiene algo de rito de iniciación y, en ese sentido, lo escribí para mí, o era una especie de compromiso estrictamente personal. Pero supongo que su publicación era algo que de alguna forma anhelaba, porque había algo que quería compartir. Siempre me ha parecido que el verso es el mejor vehículo de comunicación que conozco, entonces la necesidad de expresarme a través de la escritura estaba desde antes. Por un lado, están las satisfacciones privadas, que son esos pequeños descubrimientos que van apareciendo a medida que se trabaja. Y por el otro, lo que esas palabras puedan agregar al concierto general. Ambas me importan, puesto que veo la poesía como una especie de gran diálogo que se da entre personas. Pero en este primer libro primó lo individual. De todos modos, la sensación es de gratitud para quienes trabajaron conmigo, la gente de editorial Aparte y mis amigxs que lo leyeron antes de su versión final. Ahora, lo extraño fue dejar de escribir y reescribir esos poemas que de alguna forma me seguían a todas partes. Pero ya pasé mucho tiempo con ellos, e intenté estar a la altura de las circunstancias. Como dicen unos versos de William Carlos Williams: “Lo hice lo mejor que pude. Adiós”.

—Tú poemario está repleto de imágenes donde a veces logro reconocer ciertos sitios, pero en otros me pierdo. Sé que has vivido en varios lugares, todos muy diferentes entre ellos en su composición geográfica y social ¿Cómo influencia esto tu poesía?

Yo diría que el principal influjo, junto con las lecturas, fueron los lugares donde escribí esos poemas y las personas con quienes estaba. Y me gusta que unos se reconozcan y otro no, porque yo andaba medio perdido en esos tiempos, y la escritura fue una especie de cable a tierra para mí. En ese sentido, el libro y sus circunstancias son parte de una misma cosa. Por eso está estructurado bajo la forma de un viaje. En realidad fueron varios viajes, pero en el montaje quedó estructurado como si fueran uno solo. Fue un tiempo en el que me sentía medio desconectado del resto de la gente, entonces la poesía fue una forma de vencer esa desconexión. Por eso abundan los plurales, las experiencias colectivas, y prácticamente no hay epígrafes ni intertextos, para decir de alguna forma que lo importante eran esos lugares, esas personas.

—¿Cómo es el tipo de lector/a que imaginas lee a Vicente? ¿Te sientes de alguna manera identificado con “él/ella”?

Yo creo que es difícil pensar en un lector/a en particular porque cada quien lee con su propia experiencia, con su vida. Creo que un poema debería encontrar una forma de hablarle a todxs y probablemente en eso radique la dificultad de la poesía. Entonces, no pienso en nadie, o espero que sea un público lo más heterogéneo posible. Por un lado, porque cuando lo escribí no me interesaba satisfacer ningún tipo de gusto. Y por otro, porque siempre se alberga cierta esperanza de que la literatura llegue a públicos no especializados, que es el público “natural” que debería tener un libro así. Por lo mismo, podría sentirme identificado con quienes leen poemas como se escucha música, con quienes leen con el cuerpo, por una necesidad de comprensión o asombro.

—¿Con qué poeta vivo/a te gustaría relacionarte más de cerca y por qué?

Me gustaría relacionarme con lxs poetas que no escriben para ganar notoriedad, con quienes no siguen un camino trazado de antemano. Con quienes ven la literatura como un trabajo de artesanía e investigación sobre algo que nos compete a todxs, que es la palabra. No me interesan mucho quienes saben siempre cómo conseguir lo que quieren, o quienes escriben para ganar estatus. La corriente de nuestra literatura que más me interesa es todavía subterránea. Tanto en narrativa como en poesía.

—¿Algún poeta vivo/a que influencie tu poesía y de qué manera?

La lista podría ser más o menos extensa, en Chile hay muchxs poetas buenxs en activo. Yo diría que lo que influye, más que autores en específico, es la escena poética misma que posibilita que haya gente haciendo cosas muy distintas de forma simultánea. Algunxs de quienes admiro son Elvira Hernández, Víctor Hugo Díaz y Milagros Abalo.

—Con respecto a la siguiente frase de Gabriela Mistral ¿Cómo ves el panorama literario en la capital?

“¡Esos literatos santiaguinos! ¡Cómo se muerde y se hace toda clase de daños esa casta divina!”

Supongo que tiene una vigencia total, como muchas de las cosas que dijo Mistral. Hay toda una mitología instalada, en la que entran en juego, desde luego, esas disputas. Tal vez influyen ciertos antecedentes como el siglo de oro y la gran poesía que se escribió acá en la primera mitad del siglo XX, que tenían bastante de nido de víboras o pistoleros. Creo que con el tiempo esa concepción del campo literario ha caído en descrédito, ha envejecido mal. El abanico de lecturas se ha abierto bastante, entonces da la impresión que a casi nadie le interesa disputarse el lugar de poeta de la nación. En tiempos donde lo que se necesita es una literatura abierta a otro tipo de discursos, lo más diverso posible, esas diatribas terminan pareciendo lo que son, disputas infantiles y muchas veces bastante ridículas.

—¿Según tu opinión qué sitio ocupa la poesía en el actual contexto social?

Creo que uno de los efectos que tuvo el estallido de octubre fue que para todxs quienes nos dedicamos a las artes se remeció algo que parecía más o menos fijo. Yo creo que es precisamente ese sitio lo que se relativizó. En un contexto donde se evidencia la precarización de la vida cotidiana, en época de crisis, son esas injusticias las que tienen protagonismo y no las artes. Es un momento para cuestionar e investigar, para rescatar, tanto en la historia como en la literatura, esos relatos que han sido postergados. Entonces creo que la poesía sí puede acompañar ese proceso como lo que es, un espacio de libertad y diálogo.

—Para finalizar me gustaría saber ¿A quién le dedicarías Estación Adversa? y ¿Qué otro título te habría gustado?

Creo que ya no me corresponde dedicarlo, o sería una manipulación demasiado consciente de algo que hice desde la intuición, en un compromiso total con lo que en ese momento era lo más importante para mí. En cada uno de esos poemas hay personas distintas, aunque algunas se repiten, pero son básicamente trances de imaginación, voces y sensaciones donde todo se mezcla. No me gusta pensar demasiado sobre lo que considero que ya terminé y trato de no calcular.

En cuanto al título, me gusta el que tiene y es el que siempre tuvo, pero en algún momento se llamó “Poemas de verano”. Creo que el libro tiene un poco de eso también.


3 POEMAS DE ESTACIÓN AVERSA


Estación adversa", de Vicente Oyarzún Cartagena: Buscar la nitidez ...imaginación de la escena


dos personas con los pies
en el agua
a la orilla de un mar
no tan mar
un poco río
champú de manzanilla
la luz del sol
que lxs destaca
cual dos palabras
en un texto
la ventisca trae
el recuerdo aerodinámico
todxs duermen
cuando un beso se instala
en la mañana
intentas no parar demasiado
las gaviotas de la aurora
resulta fácil sentarse
a inventar con la voz
una caricia
si no fuera en la vía pública
donde imaginas
esta plaza nocturna
atestada de gente y de palomas
que se esquivan
mutuamente


señales de precaución

apago las luces y anoto
mentalmente
un último recado
a la traba de cerrar ciclos
se le suman breves
insomnios
como veranos
de escasas horas de sol
parece lícito pedir otro aplazamiento
o no depende tanto
de la voluntad
al final todo se reduce a la energía
que puedas contener entre tus manos
mientras caminas y piensas
es una suerte
poder sentarse
a empezar a construir algo
que tal vez se deshaga apenas se termine
o eso parece decirnos
el día que amaina
como mi flota
de ideas en el aire
pero estos rituales
tienen otro significado
el cerebro se adapta a la música
como el agua a su recipiente
y las vistas ignoradas pueden ser
aunque estas luces surjan
de un ayer que se instala
en la tersura del instante


abusar del vibrato


mientras encuentres el sonido que necesitas
no le des un nombre a tu técnica
esa lección fue útil para sobrevivir
pero de qué nos sirven esas variantes
fuera de la página y el pentagrama
es una buena pregunta
que nos hacemos pocas veces
las lecciones aprendidas
con el cuerpo parecen ser las únicas
que inhiben a esta glándula
que solo secreta y activa
por eso desenredas sonidos con bálsamo
energías opuestas y enemigas
lentamente sintiendo cada vibración
y aunque resulte inútil ahora
hacer un buen sumario el momento
permanece inexacto
o vale la pena retratar
toda esa época
en la que el mundo
se tambaleaba
cada dos o tres horas
hasta que pusiste una cuña de papel
bajo la mesa coja de la realidad
entonces fue como si me sacaran
unos audífonos invisibles
y en lugar del ruido del ambiente
se escuchara puro viento
haciéndole el amor a todxs

 

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