The horrors of Oakendale Abbey: «la novela gótica más macabra de su época»

The horrors of Oakendale Abbey (1797) es una novela gótica firmada por una tal Mrs. Carver, aunque se cree que esto es un seudónimo que oculta la identidad de alguien muy cercano al mundo del resurreccionismo: quizá un famoso cirujano de la época que tendría sus negocios con los ladrones de cadáveres.

Para algunos, como Juan Mari Barasorda, prologuista de Diario de un resurreccionista, es «sin duda, la novela gótica más macabra de su época». Es una obra imposible de encontrar traducida al español, pero hoy podemos leerla gracias a una edición de Zittaw Press que puede adquirirse por internet.

La historia, aunque trate de la unión amorosa de dos personas tras muchas y dramáticas vicisitudes, no se recrea en absoluto en los tintes románticos de novelas de esta temática, sino que solo dedica a dicha historia dos líneas: precisamente las del final de la obra.

En realidad, la obra presenta otras virtudes que llamarán más la atención al ojo lector, como un fraudulento intento de incesto, los terrores de un castillo que parece que recoge un poco la herencia de la trama de Barba Azul, y la determinada heroína que, lejos de amedrentarse ante la presencia de ruidos, pasos y voces lejanas, duerme plácidamente su primera noche en Oakendale ajena a todos los perturbadores peligros que atormentan a su criada, que pasa la noche en vela. Para el lector, Laura tiene el corte de una damisela en apuros, pero su carácter se aleja totalmente de este cliché.

Laura es la protagonista de esta novela. Secuestrada por Lord Oakendale, henchido de amor (más bien, fervorosa atracción) por la que no sabe que es su sobrina, resuelve proceder a investigar a fondo ese castillo que es la causa de las muchas leyendas que recorren la villa. Hasta entonces, nadie se ha atrevido a dormitar en ese lugar. Pero ella no cree en los demonios ni en los espíritus, como bien declara ella, y pasea libremente por los pasillos de oxidadas puertas y telas de araña en los techos sin vacilación alguna.
Fuerte y resolutiva, aunque secuestrada en ese vientre asfixiante y peligroso que es el castillo, acaba siendo testigo de visiones aterradoras, como un esqueleto guardado dentro de un baúl, o al cadáver de una mujer en una pared.

Mrs. Carver guía a su protagonista por esos infinitos pasillos y el lector no sabe qué creer: es acaso verdadera la leyenda que rodea a Oakendale, lugar donde se ha llegado a ver la figura de una mujer con sangre brotando de su cuello, y los espíritus son los inquilinos del edificio, o más bien existe un significado lógico que puede responder a estas visiones de Laura: el esqueleto, la ahorcada e incluso el ojo que vio flotando en el aire a través de una rendija.

El lector acaba inclinándose por la primera opción, pues la atmósfera es tan agonizante que ver a Laura cambiar de parecer y huir del castillo hace convencerle de que todo es cierto. Estamos ante un mundo de fantasmas y de muertos vivientes que ocasionan esos extraños ruidos que pueblan el castillo por la noche. Laura, ser racional y pragmático, acaba derrumbando su minuciosa torre de escepticismo ante las imágenes y voces que escucha en su alojamiento en Oakendale. Incluso reflexiona acerca del esqueleto que vio en el cofre y piensa que puede pertenecer a su amado Eugene, pues los indicios le hacen pensar que también visitó ese castillo.

Sin embargo, Mrs. Carver mantiene hasta el final el desenlace. Cuando desaparece Laura, Lord Oakendale, ya consciente de que es su sobrina, reúne una partida para localizarla en el castillo y acogerla como merece. Junto con demás hombres, acaban presenciando que el lugar es cobijo para los resurreccionistas: aquellos que robaban cadáveres frescos para venderlos a los cirujanos y a hospitales y así poder avanzar en las investigaciones anatómicas del ser humano. El crujir de pasos, murmullos nocturnos y cadáveres encontrados son causa (y botín) de estos personajes que, tras instaurar la Ley de Anatomía de 1832, acabaron ellos mismos en la mesa de disección; la ley solo permitía el uso para fines médicos de cuerpos de criminales (como estos ladrones de cadáveres) o de mendigos sin familiares.

Con ello, Mrs. Carver nos da una lección peor que la que se pudiera aguardar: la realidad es peor que la ficción y existen demonios en la tierra:
«The ghosts of Oakendale Abbey were indeed the dead; but brought thitner by those unfeeling monsters of society, who make a practice of stealing our friends, and relations from the peaceful grave where their ashes, as we suppose, are deposited in rest!» [de la edición de Zittaw Press]

Aunque esto nos resulte muy lejano, y extraño, en la época esta era una preocupación que robaba el sueño de muchos. Los ladrones de cuerpos operaban realizando un agujero en la tumba y extrayendo el cadáver con un gancho. Investigaban funerales y asistían a velatorios disfrazados. Muchos moribundos y enfermos rogaban que custodiaran su cuerpo muerto con firmeza, los guardias vigilaban los cementerios y hasta tumbas especiales se ofrecían en los anuncios impresos, a prueba de fuego de los amigos de los huesos ajenos. Los sobornos estaban a la orden del día y los cirujanos solo conseguían, de este modo, cuerpos frescos que manipular para sus estudiantes.

Mrs. Carver, aunque firma una novela gótica que parece que nos lleve de la mano por una historia de fantasmas, realmente quería demostrar el horror de una realidad que estaba a la orden del día: no son fantasmas, es mucho peor, es algo que podía existir. El robo y tráfico de cuerpos.

Escrito por Alicia Louzao

Exácticamente, soy doctora y licenciada en Filología Hispánica y licenciada en Filología Inglesa. He sido profesora en la Universidad Complutense de Madrid y ahora soy profesora de Lengua y literatura en un IES. Mi primer poemario individual: "Manual para la comprensión del insomnio" (El Transbordador, 2019). Pronto se publicará el segundo, "El circo volador" (Versátiles Editorial). Colaboro con alrededor de 80 artículos publicados en diversas revistas: Ocultalit, Quimera, Culturamas...Uno de mis versos decora la ciudad de Madrid (proyecto de Versos al paso). Mi relato "Pausa para una tostada" fue publicado en La gran belleza (nº5).
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